ANHELANDO SU PALABRA EN TODO TIEMPO
Advenedizo soy yo en la tierra: No encubras de mí tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo. Salmo 119: 19 al 20
El salmista continua su ruego, esta vez orando por conocer y guardar la Palabra de Dios. Es importante notar que las oraciones del salmista NO son una constante repetición o frases aprendidas, aunque en varios de los versos transmite el mismo mensaje, se esfuerza por realizar una constante exaltación de Las Escrituras, utilizando diferentes formas verbales y gramaticales para expresar su propósito.
Es muy significativa la primera afirmación “Advenedizo o forastero soy en la tierra”, pues pareciera que muchas veces vivimos como si nuestra eterna morada se encontrara en la tierra. Nos esforzamos, desgastamos, sufrimos y nos desvelamos por vanidades, problemas laborales, los estudios o los bienes materiales que anhelamos olvidando que, “donde está nuestro tesoro está nuestro corazón” (Mateo 6:21), todo lo que logremos en esta tierra se quedará aquí cuando llegue la hora de nuestra partida o venga nuestro Señor por Sus hijos. Los ciudadanos del Reino de los Cielos procuran hacer tesoros en los cielos, “donde ni polilla ni orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:20). “Si estas intentando seguir a Dios, el mundo te tratará como un extranjero, pues eso es lo que serás. No puedes esperar que sea tu hogar, y si te sientes como en el hogar, bien, esto es un indicio de que en realidad no le perteneces a Cristo, o al menos estás viviendo lejos de él.” (Boice)
El salmista demuestra que su único anhelo es La Palabra de Dios, a tal punto que demuestra que su alma se quebranta, quiebra y sufre si no está conectado siempre con ella. ¡Que maravilloso sería que nuestra hambre y sed justicia estuviera en la Biblia! Todo sería muy distinto si nuestra mente y corazón estuvieran ansiosos de profundizar y escudriñar las Escrituras. Pues, la Palabra de Dios tiene Poder para transformar y cambiar nuestro carácter, confrontar nuestro pecado y llevarnos a los pies de Cristo. Desde el principio, en la primera hoja de la Biblia, Dios demuestra el poder de Su Palabra “Dijo Dios…. y fue así”. Generalmente pasamos por alto este detalle, pero sin ninguna duda Dios todo lo hizo y lo hace con el poder de Su Palabra.
J. Morison Dijo “¡Oh, si nuestros corazones fríos y obstinados fueran enfervorizados y atraídos por la gracia divina hasta que estuviéramos a punto de desmayar a causa de nuestro anhelo, en todo tiempo, de los juicios de nuestro Dios! ¡Qué volubles son nuestros mejores sentimientos! Si hoy ascendemos el monte de la comunión con Dios, mañana estamos en peligro de enzarzarnos de nuevo en las cosas de la vida. ¡Qué felices son aquellos corazones que en todo tiempo están llenos de anhelo de estar en comunión con el objeto más grande y glorioso de su amor!” Amados, anhelemos con todo nuestro ser La Palabra de Dios.
¡Porque Él Vive!
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