AUNQUE ME PERSIGAN NO ME APARTO DE TU PALABRA
Muchos son mis perseguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. Salmo 119: 157-158.
La verdadera Iglesia de Cristo, está siendo cada vez más perseguida. La Biblia enseña que estos son tiempos peligrosos y los enemigos de Cristo, están persiguiendo a los hijos de Dios. Por todas partes del mundo, se han aumentado el número de los perseguidores y de los enemigos de la Iglesia de Cristo.
La persecución de la Iglesia produce dos efectos diametralmente opuestos: uno que es santificante para los verdaderos creyentes y otro que es ocasión para apostatar de la fe. La persecución es un método de limpieza para la verdadera Iglesia del SEÑOR y permanecerán sólo aquellos que son realmente salvos. Sólo permanecerán aquellos que han determinado obedecer fielmente a La Palabra de Dios. Los poderes mundanos, quieren imponer sus ideologías que atentan contra la Palabra de Dios y los valores absolutos de La Biblia; en algún momento nos veremos enfrentados a tomar una decisión: si nos apartamos de los preceptos divinos o seguimos fielmente arraigados obedeciendo Las Escrituras.
Para el verdadero creyente, la persecución es una prueba de su fe; pues ésta es probada para identificar lo que hay dentro del corazón.
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones (pruebas); sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia” (Santiago 1:2-3). Aunque seamos probados, ya sea por la persecución de los enemigos de Cristo o por las dificultades de la vida, debemos tener la misma convicción que el salmista: “Yo de tus testimonios no me he apartado”. “La presencia de tantos perseguidores y enemigos no desesperaba al salmista ni lo hacía dudar del amor de Dios por él. No tenía la expectativa de que una vida piadosa fuera libre de problemas. En cambio, estaba decidido a mantenerse enfocado en la Palabra de Dios”
“Veía a los prevaricadores, y carcomíame”, para un verdadero hijo de Dios, es un disgusto ver a los que alguna vez participaron en la iglesia a que se vuelvan atrás y apostaten de la fe. No es agradable ver a aquellos que han caído en la apostasía y que no guardan la Palabra de Dios, ellos sólo nos pueden producir disgusto y una santa indignación. Tal como lo comentó Charles Spurgeon: “Lamenté ver a tales pecadores. Estaba harto de ellos, disgustado con ellos, no podía soportarlos. No encontré ningún placer en ellos, eran un espectáculo triste para mí, por muy elegantes que fueran sus ropas o su charla ingeniosa. Incluso, cuando estaban más alegres, verlos me dolía el corazón. No podía tolerarlos ni a ellos ni a sus actos”.
¡A Dios la Gloria!
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