CON TODO MI CORAZÓN TE HE BUSCADO
Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes divagar de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Salmo 119:10-11
¿Cuántas veces has repetido estas palabras? “con todo mi corazón te he buscado”. Este es el ruego de un corazón que ama verdaderamente a Dios. ¡Oh, que el deseo de nuestro corazón sea siempre buscar el rostro del SEÑOR! El creyente que ama a Dios, desea en su corazón dedicarse completamente a estar en la presencia del SEÑOR, pero al mismo tiempo reconoce su debilidad para ser constante en esta búsqueda. Así es nuestra vida, una serie de altos y bajos, en ocasiones estamos en las mismas alturas con el SEÑOR, pero en otras ni siquiera deseamos orar ni leer Su Palabra.
Debemos comprender que nuestra naturaleza pecaminosa y caída jamás querrá buscar el rostro del SEÑOR, nuestra mente influenciada por el pecado, siempre nos estará repitiendo que “merecemos un poco de descanso y que es mejor descansar, dormir o ver una buena película, que estar en comunión con nuestro Padre”, nuestro deseo carnal hará todo lo posible para desviarnos de obedecer la Palabra de Dios. Esta es una lucha constante y diaria, nuestra mayor victoria será vencernos a nosotros mismos para hacer aquello que no deseamos y para no hacer aquello que deseamos: “porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, ése hago” (Romanos 7:19).
Los creyentes tenemos al Espíritu Santo, que mora en nosotros y nos da la fuerza para vencer los deseos pecaminosos de nuestra naturaleza caída. Debemos dar cabida al Espíritu Santo para que nos controle y de esta forma nos deleitemos en los mandamientos de Dios. “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Romanos 7:22). Cuando nos dejemos controlar por el Espíritu Santo, podremos repetir las mismas palabras del salmista “con todo mi corazón te he buscado” el salmista expresa que “su corazón se había ido tras Dios mismo: él no solamente deseaba el obedecer Sus mandamientos, sino el unirse con Su Persona” (Spurgeon). “No me dejes divagar de tus mandamientos” quien ora así está pidiendo vivir una vida de pureza y santidad. Quien quiere vivir una vida que agrade a Dios, estará constantemente orando y ocupado en estudiar Su Palabra, para no desviarse de ella ni a diestra ni a siniestra. Sólo aquellos que conozcan La Palabra de Dios, sabrán cuáles son los mandamientos del SEÑOR y se esforzarán en obedecer para mantenerse en pureza.
“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra Ti” He aquí otra razón poderosa de leer La Palabra de Dios, “guardarla en el corazón para no pecar”. La idea de esta frase es primero que La Palabra sea recibida en nuestra mente y luego se arraigue en nuestro corazón; ¿cómo se logra esto? El salmista escuchó y leyó la Palabra de Dios, pensaba en ello continuamente, hasta que se arraigó en su corazón. La Palabra de Dios no solo debe estar en nuestras Biblias, sino también en nuestra mente y corazón.
¡A Dios la Gloria!
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