DIOS ESTÁ SIEMPRE ATENTO A SUS HIJOS
He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Salmo 121:4
Cuando uno es niño cree que sus padres nunca duermen, especialmente, las madres. Cuando te acuestas, ella está allí al pie de la cama. Al despertar en la mañana, ella ya está en pie. Era muy tranquilizador sentir que tus padres estaban siempre despiertos y que contabas con ellos a la hora que sea.
¿Quién podría confiar en un guardia que se duerme? Para un ejército en tiempo de guerra, la figura del guardia es muy importante; él vela por los sueños del otro. Sus camaradas pueden sentir cierta seguridad al dormir, porque hay alguien velando sus sueños. “He aquí”, en el verso 3 de este Salmo, ya se nos dijo que “no se dormirá el que te guarda”, ahora vuelve a repetir esta dulce promesa. Nuestro Señor, “no se adormecerá ni dormirá”, podemos tener total certeza que Él nunca dejará de guardarnos. Dios jamás estará fatigado por cansancio, o distraído porque tiene mucho trabajo o simplemente se quedó dormido, porque necesita recuperar fuerzas; la Biblia dice todo lo contrario “¿No has sabido, no has oído que el Dios del siglo es Jehová, el cual crió los términos de la tierra? No se trabaja, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance” (Isaías 40:28). Durante cuarenta años, Dios guardó a Su pueblo, en el desierto, día y noche. En la noche era una columna de fuego y en el día la nube.
¡Qué mejor promesa para un peregrino! mientras camina hacia Jerusalem, en su marcha diaria es cuidado por el SEÑOR; cuando es alcanzado por la noche, su campamento nocturno está puesto en las manos de Dios. El cuidado misericordioso de Dios para con Sus hijos: guarda su pie de día, mientras camina por los senderos pedregosos y peligrosos, así como lo guarda de noche, mientras duerme y es muy vulnerable. “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Jehová, me harás estar confiado” (Salmo 4:8). Sin duda alguna, quien conoce al SEÑOR puede tener confianza porque Él nunca duerme. Su mirada está siempre atenta, mirando con amor y misericordia a Sus hijos.
Tenemos un enemigo que no duerme y está siempre acechando para atacar y destruirnos. Pero, tenemos a Uno, infinitamente mayor en poder y fuerza, que nos guarda y protege. Su promesa es fiel y verdadera: “No se adormecerá ni se dormirá el que te guarda”. Nuestro Dios se revela a Sí mismo como un guardia, que nos protege en todo tiempo, aun en los momentos oscuros de nuestro peregrinaje terrenal, Él nunca se dormirá y estará siempre atento al clamor de Sus hijos. “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombre del Omnipotente” (Salmo 91:1).
¡A Dios la Gloria!
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