EL CUIDADO DE DIOS EN TODO TIEMPO

EL CUIDADO DE DIOS EN TODO TIEMPO

El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Salmo 121:6

Caminar a pleno sol en zona desértica y pedregosa no es fácil; no es una experiencia grata. Si no se tiene las precauciones uno quedará extenuado. Algo similar pasa en la noche, la temperatura desciende abruptamente y el frío ataca rápidamente. Estas son las experiencias que debían sortear los peregrinos. La sed y fatiga de la caminata diaria y el frío de la noche. Esto grafica muy bien nuestra propia experiencia como peregrinos en este mundo.

Es muy probable, que el salmista esté aludiendo a la experiencia del pueblo de Israel mientras peregrinó, por cuarenta años, en el desierto. La experiencia de ellos fue sobrenatural: “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego” (Éxodo 13:21-22). Ellos podían decir con toda propiedad “el sol no nos fatigó de día, ni la luna de noche”, porque la misma presencia de Dios estaba con ellos. El SEÑOR iba delante de ellos.

Esta misma promesa está extendida para los hijos de Dios. En muchas ocasiones nos tocará caminar por el “desierto” de la vida, es probable que nos toque pasar por pruebas difíciles, seremos fatigados por las preocupaciones y ansiedades. Ya sea porque hemos tomado malas decisiones, o por nuestro pecado o simplemente, porque el SEÑOR quiere probar nuestra confianza en Él; seremos pasados por el crisol. Recordemos la promesa de Nuestro amado Cristo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). La presencia sobrenatural de Dios irá delante de nosotros, para guiarnos por el camino. La promesa no es que el sol no alumbre, o que el frío y la oscuridad de la noche desaparezcan; la promesa es que “No nos fatigarán” es decir, el sol no nos hará daño, no nos hará desfallecer, no hará que perdamos nuestra fuerza, a tal punto de quedar caídos a medio camino. La promesa es que Dios nos sustentará para seguir adelante. “Jehová es mi fortaleza y mi escudo: en Él esperó mi corazón, y fui ayudado; por lo que se gozó mi corazón, y con mi canción le alabaré” (Salmo 28:7).

Hagamos nuestras las Palabras de Dios: “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará, ni te desamparará” (Deuteronomio 31:6). La promesa del SEÑOR es fiel y verdadera, confiemos en ellas; aunque el sol quemante de la vida nos agobie, a tal punto que estemos por desfallecer, afirmémonos de estas palabras de ánimo y confianza que Dios mismo nos da. Su promesa es que, en medio de las pruebas y dificultades, tenemos asegurada Su presencia con nosotros. “¡Esfuérzate y cobra ánimo en Dios!”

¡A Dios la Gloria!

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