EL PUEBLO DE DIOS ADORA EN SUS HOGARES
“Y todo el pueblo se fue cada uno a su casa; y David se volvió para bendecir su casa”1 Crónicas 16:43
La adoración a Dios debiera ser la obra de cada día. No sólo, en el culto congregacional, sino también en el culto familiar. Dios debe ser adorado en tiempos de paz y en tiempo de pruebas. En las pruebas, Él realiza la obra más maravillosa en Sus hijos: Dios en su soberanía, nos moldea a la imagen de Cristo, Él tiene derechos sobre nosotros, así como el alfarero sobre el barro. No encuentro algo superior a esto: que Dios nos esté conformando a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:28-29). Es una bendición saber que estamos siendo moldeados a la imagen de Cristo y a veces, sino la mayoría de las veces, Dios usa la prueba y el sufrimiento para este sublime propósito. Cada creyente debiera adorar a Dios en familia porque Dios nos tiene en paz o porque Él nos está haciendo pasar por alguna prueba.
El rey David trajo el arca del pacto a una tienda especial que él había preparado, este fue un día glorioso, fue un día solemne, de gozo y alegría, donde todo el pueblo alabó a Dios (1Crónicas 16:36). David, por inspiración del Espíritu Santo, compuso un hermoso salmo de acción de gracias y lo entregó a los jefes de los cantores, para que fuese cantado en esta ocasión. En este salmo de alabanza y adoración encontramos muchos motivos por qué adorar a Dios y nos insta a reconocer Sus bondades y misericordias. Después que todo el pueblo adoró a Dios, cada uno se fue satisfecho a su casa. Sin duda, el culto congregacional produce gozo, alegría, somos edificados por La Palabra de Dios, compartimos en comunión, podemos orar unos a otros, etc., ¡tiene tantos beneficios el culto congregacional! En cuanto podamos retomar el culto congregacional, que sea como este hermoso tiempo de gozo narrado en este capítulo. “No dejando nuestra congregación, como alguno tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).
“David se volvió para bendecir su casa” No hay motivo alguno para pensar que el culto congregacional, reemplace el culto familiar. Todos los padres creyentes, debemos tomar este ejemplo de David. Es una gran bendición familiar, reunirnos para alabar a Dios en casa. Es una práctica que trae bendición familiar. El arca del pacto, la cual es un símbolo de Cristo, estuvo por tres meses en casa de Obed-edom y le trajo bendición. Así como el arca bendijo la casa de Obed-edom (1Crónicas 13:14), Cristo bendecirá nuestro hogar. Todo padre cristiano debiera bendecir su casa, haciendo de Cristo el centro de adoración en el hogar. Tengamos la misma determinación de Josué, “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).
¡A Dios la Gloria!
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