ENSEÑAR A LOS TRANSGRESORES
“Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti.” Salmo 51:13
Aquí tenemos unas de las claves de la predicación del evangelio, la proclamación de la verdad divina está en manos de pecadores. El poder del mensaje radica en la obra de Cristo en la vida del pecador. En las filas del cristianismo tenemos hombres y mujeres que en su vida pasada eran fornicarios, idólatras, adúlteros, sodomitas, pervertidos sexuales, ladrones, avaros, borrachos, calumniadores, estafadores quienes estábamos perdidos, sin embargo, ahora somos lavados, santificados y justificados en el Nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:11). La regeneración, la evidencia que tenemos una vida nueva, radica en el cambio total de nuestra antigua manera de vivir. El Espíritu Santo nos ha dado una nueva vida en Cristo y ahora podemos proclamar que Jesucristo cambia las vidas; nosotros somos una muestra viviente de este gran poder de Dios.
“Enseñaré a los prevaricadores tus caminos”, mientras David estuvo inmerso en su pecado no confesado, no podía enseñar a otros acerca de la realidad del perdón de Dios, él no podía hacer un llamado al pecador a dejar su pecado y arrepentirse, porque él mismo estaba en esa condición. David estaba viviendo en su pecado sin confesarlo a Dios.
David primero, tuvo que arreglar su situación con Dios para enseñar a otros el camino del SEÑOR.
Cuando un verdadero creyente peca, ruega a Dios por perdón y se arrepiente de su maldad, por la Palabra de Dios, sabemos que es perdonado, Dios perdona a quien se acerca a Él con un corazón contrito y humillado. El verdadero creyente, deja su pecado y su vida es restaurada. ¿Puede alguien que ha pecado tan profundamente enseñar a otros transgresores?, claro que puede. Podemos ser de gran ayuda para quienes han caído en pecado, podemos aconsejar con la Palabra de Dios y, además, con la experiencia; para hacer entender a otros la maravillosa obra del SEÑOR y como Él nos ha recibido nuevamente para servir en Su obra. Así como Dios obró en nosotros, puede obrar en la vida de quienes se arrepienten verdaderamente.
“Y los pecadores se convertirán a ti”; en los versos anteriores de este Salmo, podemos notar la aflicción del salmista por su pecado, ruega constantemente a Dios por perdón y restauración, él usa palabras como: purifícame, lávame, hazme oír gozo, crea en mí un corazón limpio, vuélveme el gozo; todas estas expresiones representan el deseo de un corazón que anhela la restauración. Una vez que ha sido perdonado y restaurado, ahora él quiere ser un instrumento para traer a otros al camino del SEÑOR.
Sabemos que no somos nosotros quienes convertimos a los pecadores de su mal camino, pero sí entendemos que tenemos una gran responsabilidad, debemos enseñar y predicar el Evangelio de Cristo, para que los pecadores se conviertan a Él.
¡A Dios la Gloria!
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