LA ILUSIÓN DE LOS MALOS

LA ILUSIÓN DE LOS MALOS

No así los malos: Sino como el tamo que arrebata el viento. Salmo 1:4

Todo lo que se ha dicho acerca de los justos, en los versículos precedentes, no será así para los malos. El justo es bienaventurado, el justo es bendecido por la Palabra de Dios y disfruta de ella, el justo ocupa su mente en contemplar la hermosura de Dios, por medio de Su Palabra, el justo es como un árbol fructífero que es plantado junto a corrientes de aguas vivas, y el justo es prosperado en todo lo que hace. Esa prosperidad no tiene nada que ver, con riquezas, bienestar económico o una vida sin sobresaltos ni sufrimientos; la prosperidad del justo está caracterizada por una vida llena de paz, porque está completamente abandonado en los brazos del Señor.

“No así los malos”, este Salmo define a los malos como todo lo contrario al justo. El malo sigue el consejo de otros malos, el malo anda en camino de perversidades y pecados, el malo cultiva la amistad con blasfemos y con aquellos que se burlan de las cosas de Dios, el malo no se deleita en la Palabra de Dios, más bien, desprecia Las Escrituras y no le da ningún valor. El malo no tiene ningún buen fruto, su vida es pasajera, vacía y decadente. Aunque los malos pueden tener dinero, salud y trabajo, no son prósperos ante Dios. Más bien, todo lo que tienen es para su propia perdición, porque aman más esas cosas que a Dios.

“Sino como el tamo que arrebata el viento”; el tamo es el envoltorio de las semillas, que al ser trilladas se desprenden y son como polvo o paja menuda que, para limpiar la semilla, es tirada al aire y el viento se lleva el tamo porque no sirve para nada. El tamo es desechado porque no tiene ningún valor, no es un alimento sustancioso, representa algo muerto llevado por el viento, que se pierde. Ese es el fin de los malos.

Es realmente aterrador el fin de los malos; sin embargo, hay una esperanza. La Biblia enseña, que todos son pecadores, es decir, todos son malos a los ojos de Dios. Pero, Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). “El destino del impío está fijado, pero cada vez que el pecador se sensibiliza en cuanto a su culpa y miseria, puede ser admitido por Cristo, el camino vivo, en la compañía de los justos y llegar a ser nueva criatura en Cristo.

Ahora tiene nuevos deseos, nuevos placeres, esperanzas, temores, penas, compañías y ocupaciones. Sus pensamientos, palabras y acciones son cambiados. Entra en un nuevo estado y tiene un carácter nuevo” (Mathew Henry). Te rogamos que dejes el camino de los malos y vengas a Cristo, te arrepientas de tus pecados y Él es fiel y justo para perdonarte; y hará de ti una nueva criatura.

¡A Dios la Gloria!.

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