LAS MARAVILLAS DE TU LEY
Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. Salmo 119:18
Este verso se encuentra inserto en la tercera sección del salmo y clasificada con la tercera letra del alfabeto hebrero GIMEL.
En la Biblia encontramos un gran número de referencias respecto de los ojos, como por ejemplo “La lámpara del cuerpo es el ojo…” Mateo 6:22; “Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti…” Mateo 5:29; “…y unge tus ojos con colirio, para que veas” Apocalipsis 3:18; “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” Job 42:5, así podríamos agregar muchas otras más. Por lo tanto, lo anterior, solo confirma que para Dios los ojos simbolizan un órgano fundamental de nuestro cuerpo que puede ser de mucha bendición, así como también de perdición y transgresión de la ley de Dios. El rey David conoció muy de cerca lo que significaba el pecado de los ojos. Su gran pecado comenzó con una mirada, tal cual le ocurrió a Eva en el huerto del edén (Genesis 3:6). Una mirada mal dirigida, puede llevarnos a perdición, contaminando con esto no solo nuestro cuerpo, sino también a quienes más amamos.
Probablemente por todo lo anterior, es que el salmista suplicaba a Dios que Él abriera sus ojos. Pues tenía claridad que, sin la iluminación divina, él no podría mirar lo que correcto y menos degustar las maravillas de la Palabra de Dios. Abrir nuestros ojos, siguiendo nuestras inclinaciones o deseos nos asegura una fuerte caída. El teólogo James Boice nos dice “El verbo “abrir” en el verso 18 es utilizado en la historia de Balaam en donde el Señor abrió los ojos de Balaam para que pudiera ver al ángel de Jehová parado junto al camino con su espada desenvainada. Tiene que ver con remover un velo, o cubierta”. Precisamente es así, nosotros somos los que tenemos un velo que cubre y nubla nuestros ojos, cuando estamos sin Cristo, nuestros ojos están tapados, ciegos para ver y entender las verdades del evangelio. Necesitamos del Espíritu Santo para que abra nuestros ojos de las tinieblas a la luz admirable, tal como le ocurrió a Pablo camino a Damasco (Hechos 9:18).
Si nuestros ojos no son abiertos por Dios, es decir si Dios no habita en nuestro corazón, nunca podremos ver las maravillas descritas en Su Palabra. De la misma manera, cuando nos enfrentamos a leer las Escrituras, debemos pedir la dirección de Dios en nuestro devocional o estudio bíblico, la oración es una parte fundamental para que Dios abra nuestros ojos y podamos mirar y comprender lo que Él desea mostrarnos. La Biblia está repleta de promesas y maravillas para quienes deseen acercarse con un corazón dócil, dispuesto a obedecer y conocer al Creador.
Si no logras ver lo que Dios tiene para ti en Su Palabra es porque necesitas acercarte más a Él, búscalo en espíritu y en verdad y tus ojos serán abiertos para disfrutar las maravillas que Él tiene preparadas personalmente para ti.
¡Porque Él Vive!
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