MUY DE MAÑANA CLAMÉ
Anticipéme al alba, y clamé: Esperé en tu palabra. Salmo 119:147
¡Oh que hermoso consejo nos entrega el salmista! Lo que primero se apodera del corazón por la mañana es probable que ocupe el lugar durante todo el día. El salmista dependía apasionadamente de Dios y de Su palabra, él afirma que se despertaba temprano para buscar a Dios, en oración.
Si bien es un muy buen hábito tener nuestro tiempo a solas con Dios por la mañana, lo que trata de decir el escritor es que, si apreciamos a Dios como Dios, es completamente razonable buscarlo, y buscarlo como una prioridad del día. Por ejemplo, David reafirma este consejo en el salmo 63:1 “DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin aguas;”. La sed del alma de David exigía ser satisfecha en la madrugada del día. “La palabra “madrugada” no solo tiene el sentido de temprano en la mañana, sino también de impaciencia, inmediatez. El que verdaderamente anhela a Dios, lo anhela ahora”. (Spurgeon).
El Señor Jesús permaneció toda la noche en oración, mostrando con esto no que necesitara Su propia ayuda, sino para darnos un ejemplo que debemos imitar. Jesús siendo Dios mismo, demostró que era una prioridad depender de Su Padre en todos los aspectos de la Vida. Aun en su período de mayor popularidad, Él se apartaba para estar a solas con Su Padre (Lucas 5:16). ¡Que insensatos y necios somos si nos apresuramos o priorizamos nuestros propios negocios y no dedicamos un tiempo para adorar y agradecer a nuestro Padre!
En segundo lugar, es muy importante, aprender a ESPERAR confiando en La Palabra de Dios. La Biblia está llena de promesas para quienes amamos a Dios y ahí debe estar toda nuestra confianza. David dijo “ESPERA EN JEHOVÁ” (Salmo 37:4). Probablemente para Él esperar en Dios fue un gran desafío dentro de su vida, y por esto, no se cansa de repetirlo. Probablemente, su objetivo no es darnos un consejo, él lo hace como un precepto, un mandato. Pues él era un rey con todos los privilegios y responsabilidades que esto conlleva. Él tenía claridad que si daba una orden esta se cumpliría o que, si pedía cualquier cosa a algunos de sus sirvientes, ellos trabajarían para concederle su deseo. No hay nada más difícil que aprender a esperar en Dios cuando sientes que tienes la “autoridad” o “el poder” para lograr cualquier objetivo. Satanás es astuto y trabaja muy bien con los soberbios y orgullosos, por eso Salomón hijo de David nos dice “Antes del quebrantamiento es la soberbia; Y antes de la caída es la altivez de espíritu” Prov. 16:18. La verdad es que mientras más fuertes e importantes nos sentimos o más sabios y letrados nos creemos, es cuando más débiles somos. Esperar en Dios y guardar Su camino, debe ser el deseo de nuestro corazón, debe ser nuestra búsqueda permanente y constante todos los días.
¡Porque Él vive!
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