NO APARTARÉ MIS OJOS DE TU PALABRA
“Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia.
Salmo 119:123
La actitud de un cristiano verdadero es su perseverancia. El verdadero hijo de Dios, no anda con un pie adentro y otro afuera, o es fiel por un rato y luego se va al mundo. Estas NO son las características del verdadero creyente. La actitud de quien ama a Cristo es mantener su mirada fija en Él; “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Mantenemos la mirada en nuestro Salvador, porque sólo en Él encontramos todo lo necesario para mantenernos fieles. Vemos a Cristo, cuando estudiamos Su Palabra. Por lo tanto, es un perfecto paralelo decir: “si tenemos nuestros ojos puestos en la Palabra de Dios, estamos mirando constantemente a Cristo”. Son Las Escrituras las que dan testimonio de Jesucristo (Juan 5:39).
“Mis ojos desfallecieron por tu salud” Spurgeon comentó lo siguiente de esta frase del salmista: “Miró sólo a Dios, miró ansiosamente, miró mucho, miró hasta que le dolieron los ojos”; esto nos habla de perseverancia. El salmista se mantiene mirando hasta el final al Señor o como dice otra versión “mis ojos se consumen esperando tu salvación”. La seguridad del creyente está en Cristo y en la salvación provista por Él. Tenemos una esperanza viva y estamos confiados en esto que, la salvación pertenece a Jehová (Jonás 2:9b) y sabemos que es segura y eterna. Mientras estemos en este mundo, mantendremos nuestros ojos en Él, esperando aquél día, cuando seamos transformados para estar con Él y disfrutar de Su presencia en los cielos.
Esperar en la Palabra de Dios, es mantenernos confiando en Sus promesas y obedeciendo los “dichos de Su justicia”, es muy notable el amor que el salmista le tiene a La Palabra de Dios. Así como mantendrá sus ojos mirando al Señor de su salvación, también mantendrá la mirada puesta en Su Palabra y en obediencia a Ella. El salmista espera en la justicia de la Palabra de Dios y en la salvación asegurada por esa Palabra. No podemos disociar o separar a Cristo de Su Palabra. “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: Él dijo, ¿y no lo hará?; habló ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19).
Hoy vemos cómo avanza la maldad, la iniquidad va ganando terreno cada vez más. La apostasía ha alcanzado a la iglesia, la tibieza espiritual está casi generalizada, algunos han tranzado las verdades bíblicas para agradar a los hombres y otros predican para su propia conveniencia; falsos maestros por doquier y la gente amontonada prefiere este tipo de enseñanza: liviana y sin compromiso. Estos sin indicadores de los últimos tiempos, sigamos mirando a Cristo, aunque nuestros ojos desfallezcan, sigamos esperando en Él y en el poder de Su Palabra.
¡A Dios la Gloria!
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