NO ME APARTÉ DE TUS JUICIOS

NO ME APARTÉ DE TUS JUICIOS
No me aparté de tus juicios; Porque tú me enseñaste. Salmo 119:102

El salmista muestra una relación muy personal con Su Creador, sin duda que le vemos íntimamente conectado con su Señor. Es muy significativa esa palabra “TU” en el verso, pues el escritor es enfático en señalar que la única fuente confiable y verdadera para mantenerse en el camino de la justicia es La Palabra de Dios, no existe otra fuente de salvación y vida eterna.

Proverbios 15:9 dice: “Abominación es al Señor el camino del impío; mas él ama al que sigue justicia”. Dios quiere que sigamos la justicia. La palabra que más se traduce como “justicia” también puede referirse a “rectitud, equidad o santidad divina”. En el sentido más amplio, la rectitud puede definirse como “la condición de ser aceptable ante Dios, según Dios”. La norma de Dios es lo que define la verdadera justicia; Su poder es lo que la hace posible. A menos que Dios sea su autor, nunca tendremos justicia. Ningún esfuerzo hecho por el hombre resultará en justicia. Ser justo es estar bien con Dios. Un corazón que está bien con Dios resulta en una vida que da “fruto” (Juan 15:1-2; Marcos 4:20). Gálatas 5:22-23 enumera algunos de esos frutos. (Gotquestion)

Spurgeon dijo “El que es cuidadoso de no apartarse una pulgada del camino no lo abandonará…El que nunca pronuncia una palabra ociosa no será un profano. El que empieza a apartarse un poco, no sabe nunca dónde terminará”. Pablo aconsejando a los Gálatas “Vosotros corríais bien: ¿quién os embarazó para no obedecer á la verdad? Esta persuasión no es de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa” Gálatas 5: 7 al 9. Cuando navegamos por nuestra vida sin considerar Las Escrituras como nuestra regla de fe y práctica es cuando comenzamos a concesionar prácticas que se alejan del comportamiento que espera Dios de un ciudadano del Reino de los cielos. Es fácil ser cristiano en el templo y demostrar una falsa santidad o “amor” a Las Escritura frente a la congregación. En la carrera cristiana no basta con tener un buen comienzo, es necesario mantener una vida en obediencia a La Palabra de Dios para ser santificados y así luchar contra nuestras tentaciones y afanes.

El salmista no se apartaba de los Juicios de Dios, pues reconocía que ese es el único lugar seguro para permanecer. Cuando seguimos la justicia es cuando buscamos el carácter de Cristo y deseamos la santidad más que el placer de nuestra propia carne. Evitamos la tentación de auto justificarnos cuando entendemos que la verdadera justicia comienza con la humildad según Dios (Salmo 25:90). Cuando pasamos tiempo en la presencia de Dios, nos hacemos más conscientes de nuestros propios pecados y defectos. Una camisa sucia parece blanca al lado de una pared oscura. Pero, cuando se compara con la nieve, la misma camisa parece sucia. La Biblia permite realizarnos un escáner completo día a día y comprender con claridad que alejados de Dios nuestra vida no tiene sentido, pues estamos muertos en nuestro delitos y pecados (Efesios 2:1). La búsqueda de la justicia comienza cuando un corazón humilde busca la presencia continua de Dios por medio de Su Palabra (Santiago 4:10; 1 Pedro 5:6).

¡Porque Él vive!

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