NO QUIERES SACRIFICIO
“Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.” Salmo 51:16
Hace muchos años atrás, cantábamos con el coro de niños un villancico que tenía por nombre ¿Qué puedo darle?, su letra decía mas o menos así “¿Qué puedo darle? pues pequeño soy, quizás un cordero si fuera yo pastor, si fuese un rey mago oro daría yo, ya sé que daré, le doy mi corazón”. Probablemente esto resonaba en la mente de David al escribir este verso y por tanto, podemos preguntarnos ¿Podremos hacer o entregar algo que pudiera pagar todo lo que nuestro Dios ha hecho por nosotros?
Lamentablemente la respuesta es NO. Muchas veces por ignorancia creemos que realizar algunas actividades religiosas como congregarnos, participar de los estudios bíblicos o ponernos a disposición para el aseo o participar de algún trabajo en el templo o entregar nuestra ofrendas o diezmos podría ser considerarse como una retribución o pago hacia a Dios. De hecho, una vez le preguntaron a Jesús cuál era el mayor mandamiento de la Ley. A lo que Él respondió: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-32; cf. Mateo 22:37-39). Por tanto, lo que Dios quiere es muy sencillo: Nos quiere a nosotros. Todo nuestro servicio a Dios debe fluir de esos dos mandamientos de amor, de lo contrario no es un servicio real, se transforma en un esfuerzo carnal.
Dios quiere que confiemos en Jesús como Salvador y Señor (Filipenses 2:9-11). Llegamos a conocer a Jesús al arrepentirnos de nuestro pecado y aceptarlo como nuestro sacrificio personal (Romanos 10:9; Juan 1:12). Dios quiere que “nos conformemos a la imagen de Su Hijo” (Romanos 8:29). El Padre quiere que todos Sus hijos sean como Jesús. Así como Jesús fue obediente al Padre en todo, la meta de todo hijo de Dios debe ser obedecer a nuestro Padre Celestial (Juan 8:29).
Muchas personas, como los fariseos en tiempos de Jesús, tratan de colocar la acción externa antes que el cambio interior del corazón (Lucas 11:42). Ponen toda la atención en lo que hacen y no en lo que son. Pero, a menos que el amor a Dios sea nuestra motivación, las demostraciones externas de bondad sólo resultan en orgullo y legalismo. Nada de esto agrada a Dios. Cuando nos rendimos totalmente a Él, Su Espíritu Santo nos empodera para amar a Dios plenamente y servirle de forma correcta. El verdadero servicio y la santidad son simplemente la obra del Espíritu, el resultado de una vida dedicada para la gloria de Dios. Cuando nos centramos en amar a Dios en vez de simplemente servirle, acabamos haciendo ambas cosas. Si omitimos la relación, nuestro servicio no sirve de nada y no beneficia a nadie (1 Corintios 13:1-2) (Got Questions)
Resumamos toda la reflexión en un solo versículo Proverbios 23:26 “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos”.
¡Porque Él Vive!
(Feed generated with FetchRSS)
