PERSECUSIÓN Y GOZO

PERSECUSIÓN Y GOZO

Príncipes me han perseguido sin causa; Mas mi corazón tuvo temor de tus palabras. Gózome yo en tu palabra, Como el que halla muchos despojos. Salmo 119:161-162

Comenzamos la penúltima sección. La número 21 de este hermoso Salmo, la que ha sido denominada con la letra hebrea SIN. El teólogo norteamericano Boice dice de esta sección “La estrofa es casi en su totalidad una oración. En estas estrofas las peticiones tienden a desaparecer – la estrofa veintiuno (la estrofa sin/shin) no tiene oraciones explícitas en absoluto – y en su lugar viene una espera silenciosa y obediente por Dios”.

El salmista comienza reconociendo que es perseguido incluso por príncipes o gobernantes de la época sin causa aparente. Aun cuando no hay evidencia que sustente que este salmo fue escrito por David, algunos consideran que es posible asociar es tipo de persecución que indica el escritor, precisamente a la persecución que realizó Saul y sus súbditos contra David (1 Samuel 18).

Lo anterior no es ninguna novedad, pues no hay duda de que la persecución es una cruda realidad de la vida cristiana. El apóstol Pablo advirtió que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). Jesús dijo que, si a Él lo persiguieron, también perseguirían a Sus seguidores (Juan 15:20). Jesús dejó claro que aquellos que son del mundo odiarían a los cristianos porque el mundo odia a Cristo. Si los cristianos fueran como el mundo, vanidosos, terrenales y dados al placer, a las riquezas y a la ambición, el mundo NO estaría en contra nuestra. Pero los cristianos NO pertenecen al mundo, razón por la cual el mundo participa en la persecución cristiana (Juan 15:18-19). Los cristianos somos guiados por principios Bíblicos, radicalmente diferentes a los del mundo. El mundo está impulsado por el amor al pecado. Estamos en el mundo, pero NO SOMOS DEL MUNDO y sin duda esto despierta el rencor hacia nosotros (1 Pedro 4:3-4).

Las pruebas difíciles, incluso la persecución, no harían que el salmista perdiera su amor y temor a La Palabra de Dios. En las buenas y en las malas, él continuaba confiando y amando La Palabra de Dios. El Salmista reconocía que, aunque estuviese pasando problemas, angustias o pruebas, el gozo eterno de estar en un camino seguro guiado por Dios y Su Palabra era su mayor regocijo; era el mas rico de todos si Dios guardaba sus pasos. Nuestro regocijo por La Palabra de Dios no se medirá por las buenas obras que hagamos o las muchas actividades que realicemos, nuestro gozo se mide únicamente por nuestra obediencia, reverencia y sumisión a lo que Dios nos exige en Su Palabra.

El gozo está destinado a ser un sello distintivo de los hijos de Dios. Es un fruto del Espíritu Santo y un don de Dios. Recibimos este regalo cuando nos enfocamos en la verdad (Juan 17:17), es decir, cuando vamos ante Dios con un corazón contrito y humillado y disponemos toda nuestra vida para obedecer sin cuestionamiento alguno, Aquél que nos salvó y rescató del pecado.

¡Porque Él Vive!

(Feed generated with FetchRSS)

Desplazamiento al inicio