SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE
“Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.” Salmo 51:15
Esta es una petición muy sencilla pero muy profunda. Durante el día abrimos nuestra boca recurrentemente para saludar, conversar, comer, discutir, llegar acuerdos, juzgar, chismear, entre otras cosas. Hay un dicho que dice que, “somos presos de nuestras palabras” y probablemente es porque utilizamos nuestra boca, nuestros labios y nuestra lengua con tanta facilidad, que olvidamos que nuestro principal propósito debería ser abrir nuestros labios para alabar y glorificar a Dios por Su infinita misericordia y bondad para con nosotros (Salmo 139:14).
La Biblia nos exhorta tanto en el antiguo como en el nuevo testamento a que, los dichos de nuestra boca sean agradables y dignos del título que exhibimos “hijos del Rey de reyes y Señor de señores”. David dice “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” Salmo 19:14. También el apóstol Pablo nos dice que, nuestra boca debe hablar con gracia, sin ofender ni dañar a otros como muchas veces nos equivocamos por falta de madurez espiritual. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno” Colosenses 4:6
Los hijos de Dios debemos distinguirnos por utilizar nuestra boca para hablar lo que es espiritual, sano, veraz, apropiado, amable, sensible, con propósito, edificante para nuestros hermanos, es decir, que sea una fuente de bendición para quienes nos escuchan, de tal forma que podamos ser una influencia purificadora dentro de nuestro entorno. “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes” Efesios 4:29. En otras versiones de la Biblia, en vez de utilizar la palabra “torpe” para el versículo anterior, se ocupa la palabra “corrompida” que se refiere a algo que pudre su entorno. Un ejemplo de esto es utilizar un lenguaje sucio, con groserías y doble sentido, el cual nunca debería pasar por los labios de un cristiano, pues es absolutamente incompatible con el carácter de un hijo de Dios.
Amados, que nuestras conversaciones sean como Dios quiere, con gracia, sazonadas con sal, como siempre lo demostró Jesús. Debemos suplicar a Dios que nuestra boca se abra exclusivamente para alabarle y exaltar Su nombre. Procuremos que nuestros labios no se cansen de agradecer por Cristo, pues por Su sangre hemos recibido salvación y que nuestra lengua nunca deje de proclamar las buenas nuevas para que, todos puedan reconocer que Jesucristo es el Señor.
¡Porque Él Vive!
(Feed generated with FetchRSS)
