TODA LA NOCHE MEDITO EN TU PALABRA
Previnieron mis ojos las vigilias de la noche, Para meditar en tus dichos. Salmo 119:148
El salmista no solo se despertaba temprano para buscar a Dios (como en el versículo anterior), sino que también permanecía en vigilia durante la noche para pensar en Dios y Sus mandatos. Jesús nos entrega varios ejemplos de devoción a Su Padre, pues a veces oraba temprano en la mañana “Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35) y en otras ocasiones, Jesús oraba toda la noche “Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios” (Lucas 6:12).
Boice define meditar como: “Internalizar la enseñanza de la Biblia hasta tal punto que las verdades descubiertas en la biblia se vuelvan parte de cómo pensamos, de modo que pensemos de manera diferente y, como resultado, también funcionemos de manera diferente. (Enduringword). La meditación requiere tiempo y esfuerzo. No se puede apresurar. Implica retirarse de las distracciones de esta vida para que podamos fijar nuestros pensamientos en Dios y en Su Palabra. Al dejar de lado el ruido de este mundo, podremos centrar nuestra atención en Dios y entender Sus caminos: “Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación” (Salmo 119:99).
La meditación es una forma de interiorizar la Palabra de Dios, llevándola a lo profundo de nuestros corazones, para que el Espíritu Santo pueda obrar a través de ella para guiarnos, enseñarnos, purificarnos y transformarnos desde dentro. Podemos escuchar la Biblia, leerla y memorizar las Escrituras para llevarla a nuestras mentes, pero también debemos meditarla continuamente en nuestros corazones para que obtengamos una comprensión más profunda de ella y de cómo se aplica a nuestras vidas.
Meditar en la Palabra de Dios se convierte en algo agradable a los ojos de Dios porque resulta en la transformación de nuestras vidas. A medida que leemos y hablamos la verdad de Dios y la meditamos activamente, el Espíritu Santo nos permite poner esa verdad en práctica.
Spurgeon dijo “Si no tenemos memoria por el nombre de Jehová, es más común que no recordemos sus mandamientos: si no pensamos en él en lo secreto, no le obedeceremos en lo público” Si nuestro deleite es La Palabra de Dios, nuestro mayor gozo será obedecer Sus mandamientos. El salmista se había entregado intensamente a La Palabra de Dios, a tal punto que mientras el mundo dedica la noche para sus “deleites”, él se ocupaba de recordar a Su Señor y descansar en Sus promesas. Sin duda que esta es una clara demostración de amor a Dios, pues Él renunciaba a su descanso nocturno para meditar en la gracia y misericordia de Su Señor.
¡Porque Él vive!
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