UN CAMINO SEGURO
ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro
En más de alguna vez, nos hemos visto en un problema donde necesitamos ayuda y lo hemos tenido que enfrentar solos. Aunque en estos tiempos, gracias al avance tecnológico, sólo nos basta hacer una llamada por celular, o enviar un mensaje por WhatsApp y recibiremos la ayuda que necesitamos. Pero, si estamos en un lugar donde no tenemos cobertura, la situación se tornará un poco más complicada. Esta ilustración, es una analogía entre la vida de un hijo de Dios y un incrédulo. En tiempos de dificultad y problemas, siempre tendremos cobertura y socorro oportuno, nuestro Dios nunca nos dejará solos.
Desde el Salmo 120 al 134, tienen como título “Cántico gradual”. Según algunos eruditos, estos Salmos eran interpretados por los peregrinos que subían hacia Jerusalem, durante las tres grandes festividades anuales. Este es el segundo de los “Salmos graduales” o también conocidos como los “Salmos de las subidas” o “de ascenso”. “Este es un de los más populares salmos del Salterio, perfecta expresión de la confianza en Dios, y ha estado constantemente en labios de innumerables hombres y mujeres a lo largo de las generaciones, cuando han sentido la necesidad de un socorro que los mortales no les podían ofrecer” (Cohen, citado en comentario de Mathew Henry).
“Alzaré mis ojos a los montes” cuando los peregrinos se acercaban a Jerusalem veían los montes desde lejos. En esos montes estaba asentada Jerusalem y la expresión de la presencia de Dios con ellos. Dios mismo lo expresa en varias partes del Antiguo Testamento: “En esta casa y en Jerusalem, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre” (2 Crónicas 33:7). Entonces, “alzar los ojos a los montes” es una expresión que significa mirar hacia la presencia de Dios. Esta es una invitación consoladora para los atribulados peregrinos. Estamos a punto de llegar a nuestra verdadera ciudad, porque nuestra ciudadanía está en los cielos. Somos peregrinos y vamos en ascenso hacia nuestra hermosa ciudad, “Porque sabemos que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5:1-2).
“De donde vendrá mi socorro” que maravillosa confianza, mientras ascendemos, mientras caminamos hacia nuestro verdadero hogar, podemos estar confiados y seguros que tendremos ayuda, auxilio y protección. La peregrinación puede tornarse difícil, pero tenemos seguro socorro. Querido hermano, mientras peregrinemos en esta vida, mantengamos la mirada puesta en Nuestro Señor Jesucristo, y tengamos la certeza que en los tiempos de angustia, pruebas y dificultades Él será nuestro pronto auxilio y socorro.
¡A Dios la Gloria!
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