UN CORAZÓN LIMPIO Y UN ESPIRITU RECTO
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10
¡Qué petición más noble, sencilla y humilde! En palabras simples David estaba pidiendo un trasplante de corazón. Probablemente él sintió que no era suficiente que Dios limpiara su corazón. Su ruego fue más allá, “CREA en mí un corazón limpio” que indicaba su deseo de tener un nuevo corazón conforme a la imagen y semejanza de Dios, pues el que tenía, solo buscaba continuamente el pecado. Él comprendió que nada bueno tenía dentro de sí mismo.
El teólogo cristiano James Boice dijo de esta primera frase “La palabra con la cual comienza esta sección es la palabra hebrea de “bara”, la cual es utilizada en Génesis 1 para la creación de los cielos y la tierra por Dios. Estrictamente utilizada, esta palabra describe lo que únicamente Dios puede hacer; crear (ex nihilo), de la nada.” Sin duda, con esta petición el salmista anticipaba las palabras del profeta Ezequiel prometidas para aquellos que se acercan en arrepentimiento y humildad a las plantas del Creador “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne” Ezequiel 36:26.
En el Nuevo Testamento encontramos que Jesús habla de un nuevo nacimiento a Nicodemo, quien necesitaba un nuevo corazón, una completa transformación espiritual para ver el reino de Dios (Juan 3:1 al 21). Este nuevo nacimiento, es un acto que solo Dios puede entregarnos, pues Él es el único capaz de darnos nueva vida, luego de estar muertos en nuestros delitos y pecados. Los pecadores están espiritualmente “muertos”; cuando reciben vida espiritual a través de la fe en Cristo, la Biblia lo compara con un nuevo nacimiento. Sólo aquellos que han nacido de nuevo tienen sus pecados perdonados y tienen una relación con Dios.
Mantener una estrecha relación con Dios, nos asegura caminar por la senda de la piedad y poder resistir y estar firmes frente a las asechanzas del maligno. Debemos rogar a Dios que renueve en nosotros un espíritu recto, pues esto nos hará estar firmes, permanecer y mostrar frutos dignos de arrepentimiento (Mateo 3:8). Un espíritu recto es necesario para mantener limpio nuestro corazón, para que seamos liberados de los deseos carnales y rebeldes de nuestro orgullo y soberbia. Para que podamos dejar de lado las influencias del pecado y podamos ser conformados a la imagen de Cristo.
Si te has dado cuenta que, necesitas un nuevo corazón o que necesitas nacer de nuevo para dejar atrás tu antigua manera de vivir, puedes acercarte confiadamente a Dios, el creador de la vida, quien jamás despreciará a aquel que se allega arrepentido, con un corazón contrito y humillado a Sus plantas.
¡Porque Él Vive!
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