UN DIOS SOBERANO
Porque yo sé que Jehová es grande, Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses. Salmo 135:5
El término soberanía no se encuentra en las traducciones recientes de las Escrituras, pero este representa un concepto bíblico importante. Un soberano es un gobernante, un rey, un señor; y las Escrituras mencionan a Dios como aquel que gobierna sobre todo.
Es difícil pensar en Dios sin pensar en Su soberanía. La soberanía de Dios es «limitada» solamente por Su propia voluntad. A la vez, Su voluntad es soberana, pues la soberanía concierne específicamente a la voluntad. Su gobierno sobre todo lo que existe, dirigido a un fin determinado por Dios mismo, es una concreta manifestación de Su voluntad.
Spurgeon dijo: “Yo creo que cada partícula de polvo que baila bajo los rayos de sol no se mueve ni un átomo más ni menos de lo que Dios desea— que cada partícula de spray que se lanza contra el barco de vapor tiene su órbita definida, así como el sol en el cielo. Que la paja de la mano de la hiladera es dirigida como las estrellas siguen su curso. El desliz de un pulgón sobre el capullo está tan fijo como la marcha de la devastadora pestilencia. La caída de las hojas de un álamo está tan plenamente ordenada como el volteo de una avalancha.”
La soberanía de Dios es equivalente al señorío de Dios, porque Dios es el soberano de toda la creación. Las características más importantes del señorío de Dios son su control, autoridad y presencia. Sin embargo, para discutir acerca de la soberanía de Dios hay que enfocarse particularmente en el aspecto del control; aunque esto no debe de excluir de la discusión la autoridad de Dios y la presencia de la gracia. El control que Dios ejerce sobre todas las cosas es igualmente eficaz y universal: no hay nada fuera de Su control. Esto se extiende también al pecado humano y la fe, y esto se debe a que Dios da a los humanos la oportunidad para tomar decisiones que verdaderamente afecten su destino, más sobre todas las cosas siempre prevalece la voluntad de Dios.
La soberanía inescrutable de Dios se manifiesta, no tanto en el castigo del reprobado como en la salvación de Su pueblo. En Su carácter santo, Él tiene lógicamente que castigar al mal moral. Mas su soberanía se revela lo más maravillosamente en que Él ha determinado misericordiosamente salvar a un pueblo de Su pecado y de Sus consecuencias “En él digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad, para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo” Efesios 1:11-12
¡Porque Él vive!
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