UNA REALIDAD DE LA QUE NO PODEMOS HUIR
“Y ACUÉRDATE de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento”
Eclesiastés 12:1
El libro de Eclesiastés nos da la oportunidad a los cristianos de ver al mundo a través de los ojos de una persona que, aunque muy sabia, está tratando de encontrar el sentido de la vida en las cosas humanas y temporales. Luego de una larga reflexión donde Salomón buscó en las profundidades de la experiencia humana. El predicador revela la depresión que inevitablemente resulta de buscar la felicidad en las cosas del mundo. Él de todo en todo examinó el vacío y la inutilidad de la vida. La mayor parte de los placeres mundanos son explorados por él, y ninguno le proporciona un sentido significativo a la vida. El final del discurso es que el predicador llega a aceptar que la fe en Dios es la ÚNICA manera de encontrar el significado personal. Él decide aceptar el hecho de que la vida es breve y en última instancia, inútil sin Dios.
La Palabra de Dios nos recuerda una verdad que no podemos ocultar y tampoco negar, tarde o temprano NUESTRA VIDA ACABARÁ. El salmista David lo dice con claridad “El hombre, como la hierba son sus días, Florece como la flor del campo. Que pasó el viento por ella, y pereció: “Salmo 103: 15 y 16. Todos envejecemos y nuestro cuerpo pierde su agilidad y su vitalidad hasta llegar a morir. Aquellos que no tienen una fe salvadora en Cristo, se enfrentan con una vida que en última instancia terminará y se volverá irrelevante. “La vida no es sino una sombra de las glorias por venir en un cielo que solo es accesible a través de Él” (enduringword). Si no hay salvación, y no hay Dios, entonces no sólo la vida no tiene sentido, sino que tampoco hay un propósito o dirección para ella. El mundo “bajo el sol”, SIN DIOS, es frustrante, cruel, injusto, breve, y “carente de sentido”.
Por eso, ante esta realidad, debemos acordarnos del Señor y buscar Su salvación por medio de Cristo, quien está dispuesto a perdonar nuestros pecados y nos dará la salvación eterna y segura para nuestra alma. Quien busca a Dios con un corazón contrito y humillado le encontrará; es Su promesa y Él la cumplirá “Mas si desde allí buscares á Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. Cuando estuviereis en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres á Jehová tu Dios, y oyeres su voz; Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres que les juró” Deuteronomio 4:29 al 31.
Sabemos que buscar a Dios no siempre es fácil, no porque Dios sea esquivo, sino porque nuestra mente y corazón están desbordados de PECADO, estamos saturados de mentiras y engaños sembrados por Satanás (Jeremías 17:9; Santiago 1:13-15). Por eso nuestra única esperanza es Dios y debemos buscarle mientras pueda ser hallado (Isaías 55:6). La buena noticia es que cuando recibimos a Cristo de todo nuestro corazón, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad (1 Juan 1:9)
¡Porque Él vive!
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