YO GUARDARÉ LOS MANDAMIENTOS DE MI DIOS
“Apartaos de mí, malignos; Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme á tu palabra, y viviré: Y no me avergüences de mi esperanza.”Salmo 119:115, 116
Con gran fuerza y valentía leemos que el Salmista da un giro en su poesía para dirigirse a los malignos, es decir a aquellos que le habían amedrentado, perseguido o mal influenciado. En este sentido es importante que comprendamos que en muchas ocasiones por amor a Dios y Su Palabra tendremos que alejarnos de personas que podrían ser de tropiezo para nuestro crecimiento espiritual. Debemos ser muy sabios en la elección de nuestros amigos, pues Satanás utiliza a aquellas personas para atacar soslayadamente a los escogidos que NO caminan apercibidos. “Todo hombre contraerá insensiblemente las buenas o malas cualidades de la compañía que mantiene; y debe, por tanto, tener cuidado de conservar a aquellos que lo hagan más sabio y mejor, y que lo capaciten para la buena comunión con santos y ángeles” (Horne).
La segunda frase de este verso “Pues yo guardaré los mandamientos de Dios” me hace recordar las palabras de Josué cuando el pueblo de Israel se trasladaba a la Tierra Prometida, ellos se estaban preparando para establecer sus hogares, cuando Josué lanzó un reto fuerte y con convicción para todas las familias. ¿Que Dios o dioses van a servir? ¿Servirán a los dioses de Egipto, donde fueron esclavizados? ¿Servirán a los dioses adorados por los diversos pueblos que han encontrado en la Tierra Prometida? ¿O servirán al Dios que los sacó de la esclavitud en Egipto, los guió a través de los años de vagar en el desierto y los trajo a la Tierra Prometida? Ellos tenían que decidir, y su decisión haría toda la diferencia en el mundo, no sólo para sus vidas sino a toda su historia.
El salmista tenía claro que escoger, el decide guardar los mandamientos de Dios, pues era el lugar mas seguro y confortable para disfrutar de gozo eternal. El salmista sabía que no podía estar delante de sus enemigos sin que Dios lo sostuviera. Sin este apoyo continuo de Dios, no podría vivir ni física ni espiritualmente. Sin Dios NADA podemos hacer y Jesús lo dijo con claridad a Sus discípulos (Juan 15:5). Sin la dirección y guía de la Palabra de Dios somos como ovejas sin pastor y tenemos asegurada la caída al mas profundo abismo del mal. El profeta Oseas (4:6) escribe “Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”. Cuando escogemos guiar nuestra vida por el orgullo, la soberbia, dejando de lado el consejo de Palabra de Dios es cuando somos mas vulnerables a ser TALADOS, engañados por cualquier doctrina falsa que sea agradable a nuestros ojos o a nuestros sentimientos.
Finalmente, la esperanza del Salmista estaba bien cimentada, su confianza, fortaleza y escudo era Dios y Su Palabra y no se cansa de repetirlo en este salmo (Versos 43, 49, 74, 81, 114). Cuando toda nuestra esperanza está puesta en las Manos de Dios podemos disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento, pues el Creador y Sustentador de todas las cosas está de nuestro lado.
¡Porque Él Vive!
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