APRENDER A PEDIR
Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron á él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.
Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?
Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra.
Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?
Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que soy bautizado, seréis bautizados.
Marcos 10 : 35 al 39
Jacobo y Juan habían estado con Jesús por tres años escuchando Sus enseñanzas, aprendiendo de Su estilo de vida, y sorprendiéndose con Sus milagros. Sin embargo, con esta petición revelan que todavía no habían entendido la profundidad de la misión de Jesús. Evidentemente se tomaron esto muy en serio, pues “traicionaron” a sus compañeros y se propusieron pasar por la misma copa de amargura por la que Jesús estaba pasando. Con toda certeza no sabían lo que estaban pidiendo.
A pesar de haber estado personalmente con Jesús todo ese tiempo, todavía no habían sido transformados en su mente y en su corazón. Pero Jesús no se exaspera. Él sabía que, cuando el Espíritu Santo tocara sus corazones en Pentecostés, verían con mayor claridad el ministerio al que habían sido llamados. Al final, todos los apóstoles murieron, siendo Jacobo el primero como mártir, y Juan el último desterrado en una isla. De alguna forma, ellos fueron el principio y el fin del ministerio de los apóstoles originales. Ése fue el bautismo de amargura en el que participaron.
De todo esto que nos revela la Palabra de Dios, aprendemos que debemos ser más simple en nuestras oraciones, expresando nuestros temores, nuestras necesidades, y nuestros anhelos al Señor, y dejando que Él nos conceda en Su voluntad aquello que ya nos tiene preparado.
No importa cuánto tiempo hemos caminado ya con el Señor, cuántos milagros hemos visto, y cuántas veces nos ha sorprendido él con su ternura y cuidados, no siempre entendemos la profundidad de la vida a la que nos ha llamado. Las puertas de los cielos están abiertas para que entren nuestras oraciones. ¿Qué pediremos? Que el Señor nos abrace con su gracia y nos anime a confiar siempre en Él para todas las cosas de la vida, incluso en estos días, en que la situación del mundo nos presenta un cuadro de mucha intranquilidad, solo en JESUS tendremos la paz y tranquilidad que necesitamos para afrontar las cosas aún más duras, en tiempos de Covid-19, más que nunca, debemos pedir que Dios nos guíe a pedir que Su voluntad sea la que gobierne siempre nuestras vidas.
Gracias, Amado Dios, porque mediante Jesús nos oyes siempre. Amén
¡A Dios la Gloria!
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