EL SILENCIO DE JESÚS
Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón.
Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
Más él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.
Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas pérdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor socórreme.
Mateo 15: 21 al 25
Hay un comercial de televisión que dice: “Lo que sucede en Las Vegas, permanece en Las Vegas.” Esta frase no hace otra cosa que incitar a hacer lo que está prohibido, con la promesa de que nada saldrá a la luz. Pero Dios no piensa igual, ni actuó igual. Lo que sucedió en Jerusalén, no permaneció en Jerusalén, sino que se conoció rápidamente en todas partes.
Jesús salió de Galilea para ir a un lugar fuera de los límites geográficos, religiosos, y culturales de Su pueblo. Quiso pasar desapercibido, pero no pudo. Detrás de él se apareció una mujer que, sin vergüenza ni timidez, comenzó a gritar su necesidad. ¿Quién era? Era una mujer en desesperación y gran agonía, pero también una mujer que sabía perfectamente quién era Jesús y lo que Él era capaz de hacer. No era una hebrea, no era una hija de Abrahán, no se enoja con el silencio de Jesús ni con su respuesta tan ruda. No se ofende ni se resiente.
Esa mujer siro-fenicia acepta quién es y el lugar que Jesús le da. En realidad, nada de eso le importa porque está enfocada en una cosa: quiere ayuda para alguien que ama mucho: su hija endemoniada. Esto nos lleva a pensar que no siempre aceptamos en forma tan humilde el lugar que Jesús nos da y no nos gusta cuando Dios guarda silencio ante nuestras súplicas. Sin embargo, esta historia nos debe animar a ser persistentes, enfocados en nuestras necesidades espirituales y físicas y en quién es Jesús. Sus respuestas son siempre de amor, y recompensan nuestra persistencia en forma sorprendente.
Dios siempre nos sorprende, él tiene Señorío sobre toda nuestra vida y en todo cuanto nos rodea, por ello estimado hermano, ¿Cuál es tu actitud ante los silencios de Jesús? ¿Eres perseverante? Te invito a que reafirmes la confianza que tienes en él. Jesús nunca te va a defraudar.
Su promesa es que estará con nosotros hasta el fin del mundo, que donde haya dos o tres congregados en su nombre él estará em medio nuestro, tal como dice el cantico:
“Las misericordias de Dios nunca cesan, nuevas son cada mañana”
Gracias Señor, por tu poder, por tu amor derramado en la cruz, en favor nuestro.
¡A Dios la Gloria!
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