EL ÁNIMO CULPOSO
“Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo;”
1° juan 2:1
Hoy hablaremos de una condición muy particular en algunas personas; La culpa. ¿Ha conocido usted a personas que a pesar de haber conocido a Cristo y haber sido perdonados de TODOS sus pecados mediante el sacrificio de Cristo en la cruz, aún tienen en su vida un sentimiento de culpa que no les deja avanzar?
Toda persona que conoce al Señor y ha recibido a Cristo en su vida, sin duda, debe buscar la santidad, esa es una de las metas de la vida cristiana que todos debemos anhelar, sin embargo, debido a nuestra naturaleza pecaminosa, volvemos a caer en pecado, una y otra vez; pero gracias a la Misericordia de Dios y al sacrificio de Cristo, si nos arrepentimos de todo corazón y pedimos perdón a Dios, sabemos que Él nos perdona y nos limpia de toda maldad (1Juan 1:9), evidentemente el pecado tiene consecuencias, ya sea, externas como internas, y una buena aplicación para esto encontramos en el Libro 2° de Samuel cap. 12, donde se relata la historia de David, quien cometió adulterio con Betzabé, la cual concibió y dio a luz un hijo. David fue confrontado por el profeta Nathán, quien le dijo: “el hijo que te ha nacido morirá ciertamente”. David pasó la noche acostado en tierra, sin levantarse, ni comer rogando a Dios por el niño. La Biblia no nos relata lo que pasó por la mente de David, es probable, que se haya sentido culpable por lo que estaba pasando, porque producto de su pecado, un inocente debía morir; Imaginemos a David en ese instante, era para caer en una angustia profunda. Él fácilmente podría haber dicho “fue mi culpa, no merezco perdón, no me lo perdonaré nunca” ¿Le suenan familiares estas palabras? Muchas veces el cristiano se siente así frente a una situación de pecado, pero déjeme decirle que, si bien el Espíritu Santo nos constriñe y aflige, pero esto sucede para confesión, para que nos derramemos frente a Dios, no para destrucción, como muchas veces lo mal entienden algunos, El Espíritu Santo desea nuestro perdón y nuestra restauración.
En la cita Bíblica expuesta al principio, Jesucristo se presenta como nuestro abogado, ayudador y defensor frente a Dios en nuestra condición de pecadores. Usted no dude ningún segundo que Cristo está a su lado, aun en las condiciones más duras, Él pagó la culpa por nuestro pecado, “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25); cuando Dios perdona olvida, las cosas viejas pasaron he aquí todas son hechas nuevas (2 Co. 5:17) ¿Por qué he de traer a la memoria lo que Él me perdonó? Cristo murió por sus pecados no en vano, no solo por los pecados cometidos antes de ser cristiano, sino también por los que aún puede haber cometido siendo hijo de Dios, no dude de su salvación, pues ésta no depende de Ud. sino de Dios.
¿Sabia Ud. que Martín Lutero sufría de un ánimo depresivo y por largo tiempo fue perturbado por dudas y preocupaciones?, su pecado le causaba CULPA y él vivía en angustia constante. Esta culpa se debía a las enseñanzas antibíblicas que aprendió a lo largo de su vida como sacerdote. ¿Cómo sanó? Cuando fue iluminado por la verdad del evangelio.
¿Y qué fue de David??? 2° de Samuel 12:20 dice: “Entonces David se levantó de tierra, y lavóse y ungióse, y mudó sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Y después vino a su casa, y demandó, y pusiéronle pan, y comió.”
Entonces para finalizar:
1°- Póngase en pie y restablézcase.
2°- Busque a Dios y adórele.
3°- Retome su vida.
¡A Dios la Gloria!
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