NO MATARÁS

NO MATARÁS

Éxodo 20:13

Jesús cuidadosamente explicó el corazón de este mandamiento. Él mostró que también nos prohíbe que odiemos a alguien más (Mateo 5:21-26), porque podríamos desear la muerte de alguien en nuestros corazones, pero nunca tener el valor de cometer el hecho. Es posible que alguien no mate por falta de coraje o iniciativa, pero que su corazón esté lleno de odio.

En hebreo, como en español, hay una distinción entre asesinar y matar. Opuesto a matar, asesinar es quitar la vida sin justificación legal (ejecución después del debido proceso) ni justificación moral (matar en defensa propia).

1)“Solo se usan dos palabras en hebreo, tan contundente como sería la orden “no mates” en español (Cole).

2)Kaiser sobre rasah: “El hebreo posee siete palabras para matar … Si alguna de las siete palabras pudiera significar “asesinato”, donde los factores de premeditación e intencionalidad están presentes, este es el verbo”. (Kaiser)

3)Esta importante distinción explica cómo alguien puede defender con bastante coherencia el principio de la pena capital y la prohibición del asesinato. Cuando se lleva a cabo correctamente, la pena capital es matar con justificación legal.

Mucha gente comete el error de creer que la Biblia dice, “No matarás”, y busca aplicar este mandamiento a la guerra. Sin embargo, la palabra hebrea literalmente significa “la muerte intencional y premeditada de otra persona con malicia”. Con frecuencia Dios ordenaba a los israelitas ir a la guerra contra otras naciones (1 Samuel 15:3; Josué 4:13). Dios ordenó la pena de muerte para numerosos crímenes (Éxodo 21:12; 21:15; 22:19; Levítico 20:11). Así que, Dios no está contra el matar en todas las circunstancias, sino sólo en contra del asesinato. La guerra nunca es algo bueno, pero algunas veces es algo necesario. En un mundo lleno de gente pecadora (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas veces la única manera de evitar que la gente pecadora haga un gran daño a los inocentes es yendo a la guerra contra ellos.

Eclesiastés 3:8 declara que hay, “tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”. En un mundo dominado por el pecado, el odio y la maldad (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas guerras son más “justas” que otras, pero todas las guerras son a última instancia el resultado del pecado. Los cristianos no deben desear la guerra, pero tampoco deben oponerse al gobierno que Dios colocó en autoridad sobre ellos (Romanos 13:1-4; 1 Pedro 2:17). Lo más importante que podemos hacer en un tiempo de guerra es orar por la buena sabiduría de nuestros líderes, orar por la seguridad de nuestros ejércitos, orar por una rápida solución al conflicto y orar por un mínimo de muertes – de ambos lados del conflicto (Filipenses 4:6-7).

¡A Dios la Gloria!

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