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TODA LA NOCHE MEDITO EN TU PALABRA

TODA LA NOCHE MEDITO EN TU PALABRA

Previnieron mis ojos las vigilias de la noche, Para meditar en tus dichos. Salmo 119:148

El salmista no solo se despertaba temprano para buscar a Dios (como en el versículo anterior), sino que también permanecía en vigilia durante la noche para pensar en Dios y Sus mandatos. Jesús nos entrega varios ejemplos de devoción a Su Padre, pues a veces oraba temprano en la mañana “Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35) y en otras ocasiones, Jesús oraba toda la noche “Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios” (Lucas 6:12).

Boice define meditar como: “Internalizar la enseñanza de la Biblia hasta tal punto que las verdades descubiertas en la biblia se vuelvan parte de cómo pensamos, de modo que pensemos de manera diferente y, como resultado, también funcionemos de manera diferente. (Enduringword). La meditación requiere tiempo y esfuerzo. No se puede apresurar. Implica retirarse de las distracciones de esta vida para que podamos fijar nuestros pensamientos en Dios y en Su Palabra. Al dejar de lado el ruido de este mundo, podremos centrar nuestra atención en Dios y entender Sus caminos: “Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación” (Salmo 119:99).

La meditación es una forma de interiorizar la Palabra de Dios, llevándola a lo profundo de nuestros corazones, para que el Espíritu Santo pueda obrar a través de ella para guiarnos, enseñarnos, purificarnos y transformarnos desde dentro. Podemos escuchar la Biblia, leerla y memorizar las Escrituras para llevarla a nuestras mentes, pero también debemos meditarla continuamente en nuestros corazones para que obtengamos una comprensión más profunda de ella y de cómo se aplica a nuestras vidas.

Meditar en la Palabra de Dios se convierte en algo agradable a los ojos de Dios porque resulta en la transformación de nuestras vidas. A medida que leemos y hablamos la verdad de Dios y la meditamos activamente, el Espíritu Santo nos permite poner esa verdad en práctica.

Spurgeon dijo “Si no tenemos memoria por el nombre de Jehová, es más común que no recordemos sus mandamientos: si no pensamos en él en lo secreto, no le obedeceremos en lo público” Si nuestro deleite es La Palabra de Dios, nuestro mayor gozo será obedecer Sus mandamientos. El salmista se había entregado intensamente a La Palabra de Dios, a tal punto que mientras el mundo dedica la noche para sus “deleites”, él se ocupaba de recordar a Su Señor y descansar en Sus promesas. Sin duda que esta es una clara demostración de amor a Dios, pues Él renunciaba a su descanso nocturno para meditar en la gracia y misericordia de Su Señor.

¡Porque Él vive!

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MUY DE MAÑANA CLAMÉ

MUY DE MAÑANA CLAMÉ

Anticipéme al alba, y clamé: Esperé en tu palabra. Salmo 119:147

¡Oh que hermoso consejo nos entrega el salmista! Lo que primero se apodera del corazón por la mañana es probable que ocupe el lugar durante todo el día. El salmista dependía apasionadamente de Dios y de Su palabra, él afirma que se despertaba temprano para buscar a Dios, en oración.

Si bien es un muy buen hábito tener nuestro tiempo a solas con Dios por la mañana, lo que trata de decir el escritor es que, si apreciamos a Dios como Dios, es completamente razonable buscarlo, y buscarlo como una prioridad del día. Por ejemplo, David reafirma este consejo en el salmo 63:1 “DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin aguas;”. La sed del alma de David exigía ser satisfecha en la madrugada del día. “La palabra “madrugada” no solo tiene el sentido de temprano en la mañana, sino también de impaciencia, inmediatez. El que verdaderamente anhela a Dios, lo anhela ahora”. (Spurgeon).

El Señor Jesús permaneció toda la noche en oración, mostrando con esto no que necesitara Su propia ayuda, sino para darnos un ejemplo que debemos imitar. Jesús siendo Dios mismo, demostró que era una prioridad depender de Su Padre en todos los aspectos de la Vida. Aun en su período de mayor popularidad, Él se apartaba para estar a solas con Su Padre (Lucas 5:16). ¡Que insensatos y necios somos si nos apresuramos o priorizamos nuestros propios negocios y no dedicamos un tiempo para adorar y agradecer a nuestro Padre!

En segundo lugar, es muy importante, aprender a ESPERAR confiando en La Palabra de Dios. La Biblia está llena de promesas para quienes amamos a Dios y ahí debe estar toda nuestra confianza. David dijo “ESPERA EN JEHOVÁ” (Salmo 37:4). Probablemente para Él esperar en Dios fue un gran desafío dentro de su vida, y por esto, no se cansa de repetirlo. Probablemente, su objetivo no es darnos un consejo, él lo hace como un precepto, un mandato. Pues él era un rey con todos los privilegios y responsabilidades que esto conlleva. Él tenía claridad que si daba una orden esta se cumpliría o que, si pedía cualquier cosa a algunos de sus sirvientes, ellos trabajarían para concederle su deseo. No hay nada más difícil que aprender a esperar en Dios cuando sientes que tienes la “autoridad” o “el poder” para lograr cualquier objetivo. Satanás es astuto y trabaja muy bien con los soberbios y orgullosos, por eso Salomón hijo de David nos dice “Antes del quebrantamiento es la soberbia; Y antes de la caída es la altivez de espíritu” Prov. 16:18. La verdad es que mientras más fuertes e importantes nos sentimos o más sabios y letrados nos creemos, es cuando más débiles somos. Esperar en Dios y guardar Su camino, debe ser el deseo de nuestro corazón, debe ser nuestra búsqueda permanente y constante todos los días.

¡Porque Él vive!

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ABORREZCO EL CAMINO DE MENTIRA

ABORREZCO EL CAMINO DE MENTIRA

“Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: Aborrecí todo camino de mentira.”
Salmo 119:127-128

Aunque otros puedan decir que La Palabra de Dios es anticuada, o que ya no sirve para estos nuevos tiempos, o que simplemente no podemos aplicar su mensaje a nuestra cultura; nos unimos a la declaración del salmista: “por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas”. Pueden cambiar las opiniones de los hombres, pueden cambiar las culturas, pueden cambiar las costumbres, pueden cambiar las ideas, pero La Palabra de Dios es inmutable y Ella está siempre vigente. Por eso creemos que los mandamientos de Dios son rectos, buenos y valiosos; más que oro muy puro.

Abandonar Las Escrituras, es abandonar la rectitud, la justicia, la paz, la misericordia, la cordura, etc., todas aquellas virtudes que fomentan una sociedad más justa, equitativa y solidaria. El corazón humano, sin Cristo, es pecaminoso, egoísta y corrupto y promoverá todo aquello que va contra Dios y Su Palabra. Estamos siendo testigos como hombres corruptos mudan la verdad de Dios en mentira, “y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene” (Romanos 1:28). Este último tiempo, vemos el cumplimiento de esta Escritura, nuestra sociedad está haciendo lo que no conviene. Nuestros gobiernos están haciendo lo que no conviene, nuestros legisladores están haciendo lo que no conviene. Se aprueban leyes contra la vida, la ideología de género está imponiendo su agenda que atentan contra las verdades bíblicas. Los que quieren vivir sus vidas conforme a La Biblia, serán perseguidos; porque a lo bueno están llamando malo y a lo malo bueno (Isaías 5:20).

Los caminos rectos del SEÑOR, están siendo despreciados, pisoteados y desobedecidos. Incluso, algunos creyentes sostienen que Las Escrituras ya no son aplicables a esta cultura. Otros están abogando por una teología más liberal y no tan conservadora. El salmista dice: “Aborrecí todo camino de mentira”, no podemos estar de acuerdo con la mentira y el engaño. La palabra “aborrecer” en este verso, encierra la idea de aversión, ser contrario, odiar, aquello que es mentira. Desde este punto de vista, no podemos estar de acuerdo con ideologías antibíblica pues procede del engaño y la mentira.

Hermano (a), ¿amamos La Palabra de Dios más que el oro?, si realmente la amamos obedeceremos lo que La Biblia dice y acataremos Su mensaje. El corazón que ama a Dios se apartará del mal y caminará por los caminos rectos del SEÑOR.

¡A Dios la Gloria!

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UNA PETICIÓN PARA QUE DIOS ACTÚE

UNA PETICIÓN PARA QUE DIOS ACTÚE

“Tiempo es de hacer, oh Jehová; disipado han tu ley.”
Salmo 119:126

Existen muchos cristianos verdaderos, que aman el Nombre del Señor, los cuales sufren cuando ven que otros blasfeman contra Dios. Sufren cuando ven que hombres impíos, ignorantes y necios, se burlan de la Santidad del Señor; se llenan de “ira santa” cuando observan los niveles de apostasía en que ha caído la iglesia, o cuando ven a algunos que se dicen creyentes y viven su vida sin temor de Dios. Los que aman a Dios, no son indiferentes a los niveles de pecaminosidad en que ha caído la iglesia; se sienten traicionados por aquellos que, se dicen cristianos y que tranzan los valores bíblicos por conveniencia personal o por algún interés ideológico contrario a La Biblia. Un verdadero hijo de Dios, siempre alzará la voz frente a tales situaciones y las denunciará para llamar al arrepentimiento y para que se vuelvan de su mal camino.

“Tiempo es de hacer, oh Jehová”, la súplica del salmista es temeraria, le está pidiendo a Dios que actúe. Alguien podría pensar “¡cómo se le ocurre darle una orden al Dios Soberano del Universo!” Sin embargo, aquellos que dependen totalmente del Señor, podrán entender una súplica en este tono. “Tiempo es de actuar, oh Jehová”, cuando vemos el avance de la maldad y la apostasía oramos para que Dios actúe. Sabemos perfectamente, que Su Voluntad prevalecerá y que Él actuará en el tiempo que estime conveniente, pero eso no es impedimento para rogar para que Él manifieste Su misericordia para con los suyos.

Este mundo, con todo su sistema pecaminoso, está llegando a los niveles de pecaminosidad que nos hace prever que Dios comenzará actuar en breve de acuerdo a Su Palabra. Entendemos, por La Palabra de Dios, que el SEÑOR actúa en juicio de muchas formas. Los embates de la naturaleza tales como huracanes, terremotos, erupciones volcánicas, entre otras, son una demostración de la forma en que Dios actúa. “Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aun no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. Y todas estas cosas, principios de dolores” (Mateo 24:6-8). Estamos a las puertas para que Dios comience a actuar en juicio contra el mundo. La Biblia enseña, que este tiempo se llama “el período de la gran tribulación”.

Hermano (a) nuestra petición a Dios, es rogar por Su misericordia, para que Él agregue a la iglesia a los que han de ser salvos, y para que venga pronto por Su Iglesia. No tengamos por tardanza la venida del SEÑOR, ¡Cristo viene muy pronto! Y nuestro Dios comenzará actuar en justicia con este mundo. Les rogamos a todos aquellos que no han creído en Cristo, que se arrepientan de sus pecados, pidan perdón a Dios y confíen en Cristo como Señor y Salvador de sus vidas; porque el mundo ha quebrantado la Ley de Dios y Él pronto manifestará Su ira como demostración de Su Santa Justicia.

¡A Dios la Gloria!

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UN SIERVO QUE DESEA LA PALABRA DE DIOS

UN SIERVO QUE DESEA LA PALABRA DE DIOS

“Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos. Tu siervo soy yo, dame entendimiento; para que sepa tus testimonios.”
Salmo 119: 124-125.

Existen varias ramas del saber que se centran en obtener el máximo de conocimiento en el área de estudio. Es así que, en la teología, las ciencias, la literatura, filosofía, etc., existen personas que han dedicado su vida entera para dilucidar los misterios de la disciplina que estudian. Producto del estudio y la investigación, llegan a tal grado de erudición, que se vuelven expertos en esos temas y son requeridos para expresar sus opiniones o simplemente, para ampliar el conocimiento. En la actualidad, gracias al uso de internet, podemos acceder a mucho conocimiento; nos hacemos “seguidores” de algunos eruditos, consultamos sus páginas y nos vamos enriqueciendo del conocimiento de ellos.

Sin embargo, el salmista nos enseña que el mejor conocimiento viene directamente de Dios. Si bien es cierto que, podemos ver a Dios en todo lo creado, no es lo mismo conocerle más íntimamente, así como Él se ha revelado en Su Palabra. El conocimiento más profundo e íntimo que podamos obtener de Dios lo encontramos en Las Escrituras. “Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos”, es una demostración de la misericordia de Dios, cuando aprendemos de Él a través de La Biblia; podemos agregar, además, que La Biblia es demostración de la gran misericordia de Dios para con Su pueblo y para toda la humanidad.

La petición del salmista denota gran humildad y un conocimiento adecuado de sí mismo. “Yo sólo soy un siervo, o un esclavo”, alguien que depende totalmente de su amo o su señor. Él ruega para que Dios tenga misericordia y le enseñe sus estatutos. ¡Qué maravillosa forma de expresar lo valioso del conocimiento de La Palabra de Dios! Es como decir: “Yo sólo soy un simple esclavo tuyo, por favor ten misericordia de mí, y enséñame Tu Palabra, este es el mejor pago para mi servicio”.

“Dame entendimiento; para que sepa tus testimonios” algunos han dedicado su vida entera para entender algunas cosas, años de conocimiento acumulado para saber cómo funciona el universo, el cuerpo humano, etc. Pero, aquí tenemos la petición más importante para todo ser humano. No quiero tanto entendimiento para conocer el futuro o para resolver los grandes misterios de las ciencias o para conocer al alma humana, lo que está pidiendo es: “entendimiento para conocer mejor los testimonios de Dios”. El entendimiento de La Palabra de Dios es el conocimiento más sublime, pues nos puede llevar a una sabiduría más elevada y a una mejor comprensión de la vida. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero dice Jehová” (Jeremías 9:23-24).

¡A Dios la Gloria!

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NO APARTARÉ MIS OJOS DE TU PALABRA

NO APARTARÉ MIS OJOS DE TU PALABRA

“Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia.
Salmo 119:123

La actitud de un cristiano verdadero es su perseverancia. El verdadero hijo de Dios, no anda con un pie adentro y otro afuera, o es fiel por un rato y luego se va al mundo. Estas NO son las características del verdadero creyente. La actitud de quien ama a Cristo es mantener su mirada fija en Él; “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Mantenemos la mirada en nuestro Salvador, porque sólo en Él encontramos todo lo necesario para mantenernos fieles. Vemos a Cristo, cuando estudiamos Su Palabra. Por lo tanto, es un perfecto paralelo decir: “si tenemos nuestros ojos puestos en la Palabra de Dios, estamos mirando constantemente a Cristo”. Son Las Escrituras las que dan testimonio de Jesucristo (Juan 5:39).

“Mis ojos desfallecieron por tu salud” Spurgeon comentó lo siguiente de esta frase del salmista: “Miró sólo a Dios, miró ansiosamente, miró mucho, miró hasta que le dolieron los ojos”; esto nos habla de perseverancia. El salmista se mantiene mirando hasta el final al Señor o como dice otra versión “mis ojos se consumen esperando tu salvación”. La seguridad del creyente está en Cristo y en la salvación provista por Él. Tenemos una esperanza viva y estamos confiados en esto que, la salvación pertenece a Jehová (Jonás 2:9b) y sabemos que es segura y eterna. Mientras estemos en este mundo, mantendremos nuestros ojos en Él, esperando aquél día, cuando seamos transformados para estar con Él y disfrutar de Su presencia en los cielos.

Esperar en la Palabra de Dios, es mantenernos confiando en Sus promesas y obedeciendo los “dichos de Su justicia”, es muy notable el amor que el salmista le tiene a La Palabra de Dios. Así como mantendrá sus ojos mirando al Señor de su salvación, también mantendrá la mirada puesta en Su Palabra y en obediencia a Ella. El salmista espera en la justicia de la Palabra de Dios y en la salvación asegurada por esa Palabra. No podemos disociar o separar a Cristo de Su Palabra. “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: Él dijo, ¿y no lo hará?; habló ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19).

Hoy vemos cómo avanza la maldad, la iniquidad va ganando terreno cada vez más. La apostasía ha alcanzado a la iglesia, la tibieza espiritual está casi generalizada, algunos han tranzado las verdades bíblicas para agradar a los hombres y otros predican para su propia conveniencia; falsos maestros por doquier y la gente amontonada prefiere este tipo de enseñanza: liviana y sin compromiso. Estos sin indicadores de los últimos tiempos, sigamos mirando a Cristo, aunque nuestros ojos desfallezcan, sigamos esperando en Él y en el poder de Su Palabra.

¡A Dios la Gloria!

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NO ME DEJES EN MANO DE MIS ENEMIGOS

NO ME DEJES EN MANO DE MIS ENEMIGOS

“Juicio y justicia he hecho; no me dejes a mis opresores. Responde por tu siervo para bien: No me hagan violencia los soberbios. “
Salmo 119: 121-122

Esta es una hermosa oración, muy atingente a estos tiempos. Estamos viviendo tiempos difíciles, donde vemos a muchas personas contrarias al evangelio de Cristo, los cuales oprimen a los hijos de Dios y los persiguen. El mundo, con todo su sistema de pensamiento e ideologías, está oprimiendo a los verdaderos creyentes. La búsqueda constante de un verdadero creyente es hacer lo correcto delante de Dios, se esfuerza por agradar a Dios, por lo que, toda su vida da testimonio de agradar siempre al Señor. Sin embargo, es odiado porque rige su vida según los valores bíblicos y en obediencia a Las Escrituras.

“Juicio y justicia he hecho; no me dejes a mis opresores”, el salmista no está diciendo que tiene una vida sin pecado o que nunca ha cometido un error, lo que está expresando es que él conoce su vida y sabe que ha caminado por el camino de la rectitud y de la obediencia a La Palabra de Dios. Su vida da evidencia que practica lo que dice la Palabra de Dios; no como un esfuerzo farisaico y sin sentido, sino como un acto de adoración y amor a Cristo. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.” (Juan 14:23).

Hemos sido separados del mundo para seguir la justicia y la paz, y debemos caminar por este camino. Esta separación natural con el mundo nos hace diferentes a ellos y como no podemos ser amigos del mundo nos constituimos en enemigo de él. Sabemos muy bien que el mundo no practica la justicia, ni nada que tenga que ver con los valores bíblicos. Hoy, vemos con mucha tristeza como avanza la maldad y, cada vez más, estamos siendo oprimidos por practicar los valores bíblicos. Nos unimos al ruego del salmista, “no me dejes a mis opresores” o “no me abandones a mis opresores”. No permitas que aquellos que niegan tu Palabra, aquellos que odian los valores bíblicos, sigan avanzando y tomando más notoriedad en el mundo.

“Responde por tu siervo para bien: No me hagan violencia los soberbios”, este es uno de los versos en que no se nombra la Palabra de Dios, en este salmo que está dedicado completamente a Su Palabra. Dice el teólogo James Boice: “El hecho de que la Biblia no se mencione aquí, en el versículo 122, puede ser una indicación de la profundidad de la angustia mental en la que cayó el salmista como resultado de la opresión que había soportado por parte de hombres inicuos. Por un momento, sus ojos parecen estar fuera de la Biblia y estar en sus feroces opresores”. En ocasiones, nos sentimos de la misma forma, cuando vemos el avance de la iniquidad, y como los impíos y soberbios logran sus cometidos, sin embargo, debemos mantenernos firmes y valientes, confiando en Las Escrituras, porque sabemos que muy pronto viene la recompensa.

¡A Dios la Gloria!

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UNA REALIDAD DE LA QUE NO PODEMOS HUIR

UNA REALIDAD DE LA QUE NO PODEMOS HUIR

“Y ACUÉRDATE de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento”
Eclesiastés 12:1

El libro de Eclesiastés nos da la oportunidad a los cristianos de ver al mundo a través de los ojos de una persona que, aunque muy sabia, está tratando de encontrar el sentido de la vida en las cosas humanas y temporales. Luego de una larga reflexión donde Salomón buscó en las profundidades de la experiencia humana. El predicador revela la depresión que inevitablemente resulta de buscar la felicidad en las cosas del mundo. Él de todo en todo examinó el vacío y la inutilidad de la vida. La mayor parte de los placeres mundanos son explorados por él, y ninguno le proporciona un sentido significativo a la vida. El final del discurso es que el predicador llega a aceptar que la fe en Dios es la ÚNICA manera de encontrar el significado personal. Él decide aceptar el hecho de que la vida es breve y en última instancia, inútil sin Dios.

La Palabra de Dios nos recuerda una verdad que no podemos ocultar y tampoco negar, tarde o temprano NUESTRA VIDA ACABARÁ. El salmista David lo dice con claridad “El hombre, como la hierba son sus días, Florece como la flor del campo. Que pasó el viento por ella, y pereció: “Salmo 103: 15 y 16. Todos envejecemos y nuestro cuerpo pierde su agilidad y su vitalidad hasta llegar a morir. Aquellos que no tienen una fe salvadora en Cristo, se enfrentan con una vida que en última instancia terminará y se volverá irrelevante. “La vida no es sino una sombra de las glorias por venir en un cielo que solo es accesible a través de Él” (enduringword). Si no hay salvación, y no hay Dios, entonces no sólo la vida no tiene sentido, sino que tampoco hay un propósito o dirección para ella. El mundo “bajo el sol”, SIN DIOS, es frustrante, cruel, injusto, breve, y “carente de sentido”.

Por eso, ante esta realidad, debemos acordarnos del Señor y buscar Su salvación por medio de Cristo, quien está dispuesto a perdonar nuestros pecados y nos dará la salvación eterna y segura para nuestra alma. Quien busca a Dios con un corazón contrito y humillado le encontrará; es Su promesa y Él la cumplirá “Mas si desde allí buscares á Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. Cuando estuviereis en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres á Jehová tu Dios, y oyeres su voz; Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres que les juró” Deuteronomio 4:29 al 31.

Sabemos que buscar a Dios no siempre es fácil, no porque Dios sea esquivo, sino porque nuestra mente y corazón están desbordados de PECADO, estamos saturados de mentiras y engaños sembrados por Satanás (Jeremías 17:9; Santiago 1:13-15). Por eso nuestra única esperanza es Dios y debemos buscarle mientras pueda ser hallado (Isaías 55:6). La buena noticia es que cuando recibimos a Cristo de todo nuestro corazón, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad (1 Juan 1:9)

¡Porque Él vive!

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EL ALIMENTO PARA EL ALMA

EL ALIMENTO PARA EL ALMA

“Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios” Mateo 4:4

Jesús se identifica con los pecadores, aunque Él era sin pecado. Primero se identifica en su bautismo y luego en la tentación en el desierto. El Espíritu lo condujo al desierto para ponerlo a prueba. “Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:12)

Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches tuvo hambre y Satanás se acercó a tentarle, “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan”. El Todopoderoso Cristo tenía muchas opciones para combatir este ataque satánico, Él tenía muchas armas a su disposición para pelear y vencer. Podría haber rogado al Padre y tener a su disposición millares de ángeles. Pudo haberlo vencido descubriendo su propia gloria, esa luz refulgente y cegadora habría puesto a Satanás de rodillas. Sin embargo, Él tomo la espada del Espíritu: “Escrito está”. Podemos estar muy seguros que el uso de Las Escrituras, es un arma infalible para derrotar las tentaciones del enemigo. El valor de Las Escrituras no es visto únicamente en la enseñanza pública o cuando se hace defensa de ella en presentaciones apologéticas en busca de la verdad. También puede ser usada eficazmente cuando el hijo de Dios, está pasando por aflicciones personales; su silbo apacible y delicado es igual de poderoso en el desierto solitario de nuestras vidas.

Normalmente, las luchas del cristiano son libradas en su propia mente, y es allí donde debe aplicar todo el Poder de La Palabra de Dios para vencer las dudas, cuestionamientos y congojas. Las contiendas de un verdadero creyente son usualmente desconocidas para las demás personas. Es por esto que debemos saturar nuestra mente de La Palabra de Dios, para que cuando vengan a nosotros las tentaciones podamos responder como nuestro Señor: “Escrito está”.

Lo segundo que debemos aprender de la tentación de Jesús, es que Él usó Las Escrituras para defenderse de la duda que Satanás quería poner a su calidad de Hijo de Dios: “Si en verdad eres Hijo de Dios”. Jesús no razonó con el tentador, sólo le dijo “Escrito está”; no presentó sus credenciales como Hijo de Dios, no trajo a su memoria evidencias para demostrar su calidad de hijo de Dios. Sólo usó Las Escrituras. Hermano, cuando estés en esta tentación, si el mundo se burla de ti, si tus amigos y familiares quieren hacerte dudar de tu condición de cristiano, nunca salgas del sólido fundamento de La Palabra de Dios. No bases tu seguridad en tus emociones, sino en la poderosa declaración de la Biblia: “Escrito está”: “Mas a todos los que le recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Juan 1:12).

Lo tercero que aprendemos es que Las Escrituras es el mejor alimento para nuestras almas. “No con sólo pan vivirá el hombre”; esto implica que no sólo somos materia. Con esta declaración Jesús está ratificando que el ser humano tiene un alma y que esa alma sólo
puede ser saciada por La Palabra de Dios. Es en La Palabra de Dios que encontramos a Cristo y es Él quien sacia toda hambre del alma. “Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nuca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

¡A Dios la Gloria!

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TEMOR A TU PALABRA

TEMOR A TU PALABRA

Como escorias hiciste consumir á todos los impíos de la tierra: Por tanto yo he amado tus testimonios. Mi carne se ha extremecido por temor de ti; Y de tus juicios tengo miedo.
Salmo 119: 119, 120.

La Palabra de Dios tiene un efecto purificador en la vida de quienes se allegan a Ella con un corazón contrito y humillado. El pecado es la escoria del mundo y quienes NO se someten y obedecen a los mandamientos de Dios son engañados sagazmente, por imitaciones baratas de satisfacción y deleites superficiales. La Sangre de Cristo es LA única manera de limpiar completamente el pecado, la Sangre de Cristo es la única que puede purificar nuestro mundo “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia” Efesios 1:7

Mientras el salmista consideraba los justos juicios de Dios, miraba a su propia vida y comprendía que no era del todo justa. Esta sensación de estremecerse de temor lo haría correr a Dios en busca de Su sacrificio expiatorio. El temor del Señor es el temor puro, no es el miedo que tiene un esclavo a su amo, es el temor reverente que nos libra de peligros, nos guarda del mal y nos limpia, pues nos hace huir del pecado. El temor del Señor nos hace amar Sus reprehensiones cuando Su Palabra nos confronta, nos hace aceptar el castigo y nunca apartarnos de nuestro Señor. Entonces este temor puro, no tiene nada que ver con el temor que nos habla 1 Juan 4:18 que dice “En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor”, este temor se relaciona con el miedo al castigo eterno, del cual los hijos de Dios somos libres por el amor de Cristo, este temor con total certeza podemos decir que es expulsado por el amor perfecto y eterno de nuestro Creador.

Cuando reverenciamos, respetamos y obedecemos La Palabra de Dios somos limpios de todo pecado, pues ella santifica nuestros corazones, Juan. 17:17 dice “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad”. Cuando nos enfrentamos a La Biblia no hay forma de que ella no penetre hasta lo más íntimo de nuestra alma, llegando a cada rincón de nuestra mente y corazón para quitar completamente el pecado de nuestra vida. El autor de la carta a los Hebreos lo aclara de esta forma “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (4:12), el profeta Isaías (55:12) nos dice “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá á mí vacía”.

“Solo cuando temblemos ante el Dios santo y exaltado, veremos que el mundo y sus valores distorsionados son las cosas vacías que son. Si no temblamos ante Dios, el sistema del mundo nos parecerá maravilloso y nos consumirá gratamente” (Boice, citado en enduringword)

¡Porque Él vive!

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