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LOS DONES QUE EL ESPIRITU SANTO REPARTE A LOS CREYENTES

LOS DONES QUE EL ESPIRITU SANTO REPARTE A LOS CREYENTES

Empero á cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho.

1 Corintios 12:7

No existe una fórmula mágica o examen espiritual que pueda decirnos exactamente cuáles son nuestros dones espirituales. El Espíritu Santo distribuye Sus dones de acuerdo a Su voluntad. Dios nos llama a servirle con obediencia en todo. Él nos equipará con cualquier don o dones que necesitemos para llevar a cabo la o las tareas a las que Él nos ha llamado. Y todo esto por medio de Su Santo Espíritu.

Consideremos dos palabras griegas que se usan para describir los dones del Espíritu: pneumatika se refiere a su origen, el Espíritu Santo (pneuma) de Dios; y charismata hace referencia al hecho de que los dones se otorgan como un acto de la gracia de Dios (charis). Los dones espirituales se conceden por gracia y no por nuestro mérito o habilidades personales; se otorgan conforme a la elección soberana de Dios. Los dones son dados por el Espíritu de Dios; por lo tanto, los dones son parte de la nueva vida que se nos concede en Cristo y podrían ser totalmente diferentes de nuestras capacidades o anhelos antes de la salvación. Primera de Corintios 12:4-7 explica: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”. Los creyentes podrán diferir en sus dones espirituales, pero todos los dones espirituales están destinados a ser utilizados para la edificación del cuerpo de Cristo y para la gloria de Dios. (Gotquestions)

El estudio de Pablo sobre los dones espirituales en Romanos 12 incluye diferentes dones que se encuentran en 1 Corintios 12. Y cuando Pedro habló de los dones espirituales en 1 Pedro 4:10-11, no los especificó, sino que enumeró amplias categorías de las clases de dones que Dios da. Entre los dones enumerados en la Biblia están: profecía, ministrar, sabiduría, conocimiento, fe, sanidad, enseñanza, exhortación, dar, gobernar, mostrar misericordia, hablar en lenguas e interpretar lenguas.

Cualquiera que sea el uso específico, cada don encaja con los otros dones, y todos ellos obran juntos entre sí como las partes del cuerpo para hacer de ellos un conjunto funcional (Romanos 12:5). Al hacer un estudio completo de los dones espirituales, uno debe intentar cuantificar y definir los dones. Romanos 12 enumera al menos siete dones, y 1 Corintios 12 enumera nueve. Hay cierta coincidencia en estas listas, y ciertamente hay indicaciones de que hay más dones de los que se detallan.

La Biblia dice que se nos otorgan dones espirituales con un propósito. En Romanos 12:8 se nos dice que usemos los diversos dones según el carácter de Dios y Su voluntad revelada “con liberalidad… con solicitud… con alegría”. En 1 Corintios 12:24-25 se nos dice que “Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros”. En 1 Pedro 4:11 el propósito de los dones es “para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo”.

¡A Dios la Gloria!

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¿QUÉ SIGNIFICA QUE DIOS ES AMOR?

¿QUÉ SIGNIFICA QUE DIOS ES AMOR?

“El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.” 1 Juan 4:8

Primero veamos cómo la Biblia, La Palabra de Dios, describe “el amor” y después veremos algunos ejemplos que se aplican a Dios. “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.” (1 Corintios 13:4-8a)

Esta es la descripción que Dios hace del amor. Así es como es Dios, y los cristianos tienen que hacer de éste su meta (aunque siempre en proceso). La más grande expresión del amor de Dios nos es comunicada en Juan 3:16 y Romanos 5:8 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Podemos ver por estos versos que el deseo más grande de Dios es que nos unamos con Él en Su hogar eterno, el cielo. Él hizo posible este camino, pagando el precio por nuestros pecados. Él nos ama, porque así lo decidió como un acto de Su voluntad. “Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión.” (Oseas 11:8b). El amor perdona. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9).

El amor (Dios) no se impone a nadie. Aquellos que vienen a Él lo hacen en respuesta del llamamiento de Su amor. El amor (Dios) muestra bondad hacia todos. El amor (Jesús) prodigó el bien a todos, sin parcialidad. El amor (Jesús) nunca codició lo que otros tenían, viviendo una vida humilde sin quejarse. El amor (Jesús) nunca se jactó de quién era en la carne, aunque Él podía dominar fácilmente a cualquiera que entrara en contacto con Él. El amor (Dios) no demanda obediencia. Dios no demandaba obediencia de Su Hijo, sino más bien, Jesús obedecía gustosamente a Su Padre celestial. “Mas para que el mundo conozca que amo al Padre y como el Padre me mandó, así hago.” (Juan 14:31). El amor (Jesús) estuvo y está siempre viendo por los intereses de otros.

Esta breve descripción del amor revela una vida sin egoísmo, en contraste con la vida egoísta del hombre natural. Asombrosamente, Dios ha otorgado a aquellos que reciben a Su Hijo Jesucristo como su Salvador personal del pecado, la habilidad de amar como Él lo hace, a través del poder del Espíritu Santo (ver Juan 1:12; 1 Juan 3:1, 23, 24). ¡Qué privilegio y desafío tenemos!

¡A Dios la gloria!

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BATALLANDO CONTRA NOSOTROS MISMOS

BATALLANDO CONTRA NOSOTROS MISMOS

“Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago.” Romanos 7:15

Una de las cosas más fáciles de la vida es abandonar un buen hábito o crear malos hábitos. Por consiguiente, es probable que muchas veces nos hemos propuesto la meta de crear un hábito que nos ayude a cambiar nuestra vida, o hemos intentado erradicar alguna mala costumbre; pero pasado algún tiempo, nos descuidamos un poco y sin darnos cuenta estamos haciendo aquello que deseábamos cambiar.

Esto es un pequeño ejemplo de lo que el apóstol Pablo menciona en el versículo 15 de la carta a los Romanos. Dentro de nosotros existe una naturaleza que tiende al mal: hacemos lo que no queremos y lo que queremos no hacemos. Tendemos a quedarnos en lo más cómodo o satisfactorio (la mayoría de las veces), pero son precisamente las actitudes fáciles y complacientes que pueden llenar nuestra vida de pecado si no ponemos el freno a tiempo.

En este tiempo de pandemia el uso de la tecnología se ha instalado en nuestras vidas, ya sea porque es más accesible o porque forma parte de nuestro trabajo, estudio, o nos sirve como forma de comunicación. Debido a esto, es fácil distraernos con nuestros celulares, computadores y televisores, dando paso a distracciones ociosas y vanas. No olvidemos que el ocio es el camino rápido a malos actos y evidentemente al pecado. Siempre estará la lucha dentro de nuestras mentes y corazones, entre lo que debemos hacer y sabemos que es mejor para nosotros, y aquello que no debemos hacer. Si queremos agradar a Dios, el secreto está en entregar la batalla a Él.

Filipenses 4:7-9 dice: “Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz será con vosotros.”

Dios será con nosotros si hacemos como Jesús hizo en este mundo: entreguemos nuestra vida a Dios y no demos paso al pecado en nuestra mente, al contrario, llenemos nuestra mente de aquello que sí edifica. Y como respuesta a nuestro Padre.

¡A Dios la Gloria!

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¿CÓMO NO CREER EN DIOS?

¿CÓMO NO CREER EN DIOS?

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos.”

Salmo 19:1

Una de las maravillas que hemos observado en contraste con toda esta pandemia, es un cielo maravilloso libre de contaminación, cuya belleza es comparable a los cielos de lugares poco poblados o cercanos a la Patagonia de nuestro Chile. Tal como lo indica el verso 1 del capítulo 19 de Salmos, somos testigos de la gloria de Dios por esta hermosa creación. Otra maravilla de la creación de Dios es el universo, que hoy gracias a la tecnología y los grandes telescopios podemos observar; la grandeza y hermosura del universo, revelan la infinitud, el poder y la gloria de nuestro Dios, que ha creado tantas maravillas.

Entonces, ¿Cómo no creer en Dios? si es quien nos sostiene, literalmente Él sostiene todo en equilibro como dice Job 5:8-10 “Ciertamente yo buscaría á Dios, Y depositaría en él mis negocios: El cual hace cosas grandes é inescrutables, Y maravillas que no tienen cuento: Que da la lluvia sobre la haz de la tierra, Y envía las aguas por los campos.”, dentro de las cosas que nuestro Creador hace es mantener todo el ciclo hidrológico, proveyendo las lluvias en los campos y el agua que bebemos.

Otra expresión del constante cuidado de Dios a su creación es lo que dice Isaías 44:24 “Así dice Jehová, tu Redentor, y formador tuyo desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo.”, Él permite el milagro de la vida, nos conoce y forma desde el vientre de nuestras madres, Él pone los astros en el firmamento de tal forma que permita nuestra existencia, Él crea el preciso equilibro de la gravedad en nuestro planeta haciéndolo habitable de forma sustentable.

No tan sólo ha creado y sustenta toda Su creación, nuestro Padre Celestial, además, nos ha provisto la salvación, como dice Juan 3:17 “Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.”, este es el Verbo de Dios que está cercano a sus criaturas, que provee de salvación para todo aquel que cree en Él, entonces ¿Cómo no creer en Dios?

Quizás, hoy vives momentos difíciles junto a tus seres queridos a raíz de diversas situaciones, o sientes que nadie se preocupa de tus necesidades; dudas de la existencia de Dios o crees en que es injusto lo que estás viviendo. Debemos recordar todo lo que hemos dicho anteriormente y no pasar por alto todo lo que Dios nos da, no olvidemos por qué creemos en Dios y vivamos en la esperanza de Su amoroso control.

¡A Dios la Gloria!

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¿CÓMO PUEDO EXPERIMENTAR EL GOZO EN MI VIDA CRISTIANA?

¿CÓMO PUEDO EXPERIMENTAR EL GOZO EN MI VIDA CRISTIANA?

“Estad siempre gozosos.” 1 Tesalonicenses 5:16

Los períodos de tristeza y depresión pueden entrar aún en la vida de los más devotos cristianos. Vemos muchos ejemplos de esto en la Biblia. Job deseaba que nunca hubiera nacido (Job 3:11). David oraba para que fuera llevado a un lugar donde no tuviera que lidiar con la realidad (Salmo 55:6-8). Elías, aún después de vencer a los 450 profetas de Baal pidiendo que bajara fuego del cielo (1 Reyes 18:16-46), huyó al desierto y le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes 19:3-5).

Así que, ¿cómo podemos superar estos períodos de ausencia de gozo? Podemos ver cómo estos mismos personajes superaron sus momentos de depresión. Job dijo que, si oramos y recordamos nuestras bendiciones, Dios nos restaurará el gozo y la justicia (Job 33:26). David escribió que el estudio de la Palabra de Dios alegra el corazón (Salmo 19:8). David también descubrió, que era necesario alabar a Dios aún en medio de la desesperación (Salmo 42:5). En el caso de Elías, Dios lo dejó descansar por un tiempo y después envió a un hombre, Eliseo, para atenderlo (1 Reyes 19:19-21). Nosotros en la actualidad aún necesitamos amigos con quienes podamos compartir nuestras heridas y penas (Eclesiastés 4:9-12). Trata de compartir cómo te sientes con algún hermano en Cristo en quien tú confíes. Puede sorprenderte descubrir que él también ha estado batallando con algunas de las mismas cosas por las que estás pasando ahora.

Lo más importante es que, al morar inevitablemente dentro de nosotros nuestros problemas, nuestras heridas y especialmente nuestro pasado, éstos jamás producirán un verdadero gozo espiritual. El gozo no se encuentra en el materialismo, ni se encuentra en la psicoterapia, y ciertamente tampoco se encuentra en la obsesión con nosotros mismos. Se encuentra en Cristo. Los que pertenecemos al Señor “… nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.” (Filipenses 3:3). El conocer a Cristo es llegar a tener un sentido adecuado de nosotros mismos, y un verdadero espiritualismo interior en Cristo, haciendo imposible el gloriarnos en nosotros mismos, en nuestra sabiduría, fortaleza, riquezas, o bondad, sino en Cristo, en Su sabiduría y fortaleza, en Sus riquezas y bondad, y en Su Persona solamente. Sumérgete en Él, en Su Palabra, y busca conocerlo más íntimamente. Si permanecemos, Él ha prometido que “nuestro gozo será cumplido” (Juan 15:1-11).

Finalmente, recuerda que es sólo a través del Espíritu Santo de Dios, que podemos encontrar el gozo verdadero (Salmo 51:11-12; Gálatas 5:22; 1 Tesalonicenses 1:6). No podemos hacer nada, aparte del poder de Dios (2 Corintios 12:10, 13:4). En efecto, entre más tratemos de estar gozosos a través de nuestros propios recursos, más miserables podemos llegar a ser. Descansa en los brazos del Señor (Mateo 11:28-30) y busca Su rostro a través de la oración y la Escritura. “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” (Romanos 15:13).

¡A Dios la Gloria!

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TUS PECADOS TE SON PERDONADOS

TUS PECADOS TE SON PERDONADOS

“Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” Marcos 2:5

Cuando Jesús entró en Capernaum, los amigos del paralitico buscaban como llevarlo ante ese hombre llamado Jesús, habían escuchado Su fama de sanar a multitudes, ellos deseaban que su amigo volviera a caminar, entre tanta gente alborotada, no era fácil llegar ante Jesús, pero tenían que hacerlo; los amigos subieron al paralítico entre varios al techo de la casa donde predicaba Jesús, el paralitico estaba en su cama con la única esperanza que fuera verdad lo que decían de Cristo, sin ninguna duda, por mucho tiempo la amargura había estropeado su vida, a tal nivel que ya estaba débil físicamente, de seguro, la ira recorría su interior cada vez que se preguntaba ¿volveré a caminar?. Cuando el techo de la casa donde estaba Jesús predicando comenzó a abrirse y vieron bajar el cuerpo del paralítico, la multitud abrió el espacio suficiente para que los amigos del paralitico cumplieran su meta y lo depositaran a los pies de Cristo; Jesús mira a este hombre con compasión y contra todo pronóstico de la multitud, Sus primeras palabras causaron gran asombro “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Todos se preguntaron, “¿¡perdón de pecados!?, ¿tanto esfuerzo para esto? No era eso para lo que lo trajimos, sino para que pudiera caminar”.

Habitualmente nosotros estamos preocupados de lo exterior, de lo visible, de eso que nos mantiene inquietos, pero Cristo desea ocuparse en primer lugar de nuestro corazón, de curar nuestra alma, de limpiarnos de todo pecado, de Salvarnos y luego con total seguridad y de acuerdo a Su voluntad se encargará de todo lo demás. Con frecuencia, nos vemos como este paralítico, amargados, atribulados y afligidos; somos inmovilizados por las circunstancias y le damos una importancia desmedida a las situaciones que Dios nos ha dicho que están bajo su control.

Cuando no estamos viendo a Dios en cada una de las circunstancias que nos toque enfrentar, sean estas temporales o permanentes, nuestra fe se desvanecerá al pensar, erróneamente, que Dios no puede cambiar nuestra situación, que nuestra vida no tiene valor alguno y menos un propósito a los ojos de Dios, es una cuestión de expectativas, Dios no pone Sus ojos donde nosotros erradamente los ponemos.

En el minuto en que Jesús perdonó los pecados del paralítico, ya se había iniciado la sanidad para él, la amargura había llegado a su fin, sus pecados habían sido perdonados; y ahora el proceso continuaba, Cristo aún no había terminado con él y luego de reprender a los fariseos que dudaron de su facultad para perdonar pecados, Cristo completa el proceso de Sanidad “A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y ve a tu casa” (Mr. 2:11) Es probable que la duda y el temor fueran dos elementos que rodearan en ese minuto al paralítico, dudas, pues en su vida había recibido solo desilusiones; y temor, pues cuando recibió la orden de moverse podría no haber resultado creer en Jesús. La duda y el temor son usados por Satanás para que quedemos paralizados y no nos alleguemos a los pies de Cristo, que es el único lugar seguro donde podemos encontrar perdón de pecados y sanidad para nuestra Alma. El paralítico, se levantó y salió caminando gozoso, dejando atrás la amargura y el desánimo, recibiendo una vida nueva, la de un hombre redimido por la gracia de Dios ¿Qué esperas tú para creer en Cristo?

¡Porque Él vive!

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LA HABITACIÓN Y EL SELLO DEL ESPIRITU SANTO EN EL CREYENTE

LA HABITACIÓN Y EL SELLO DEL ESPIRITU SANTO EN EL CREYENTE

En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, Efesios 1:13

“¡Qué promesa de gracia es esta que asegura la dádiva del Espíritu Santo a quienes lo piden! La obra santificadora y consoladora del Espíritu Santo sella a los creyentes como hijos de Dios y herederos del cielo. Estas son las primicias de la santa dicha. Para esto fuimos hechos y para esto fuimos redimidos; este es el gran designio de Dios en todo lo que ha hecho por nosotros; que todo sea atribuido para la alabanza de su gloria” M. Henry

Por el Espíritu Santo, según Pablo, somos adoptados por Dios (Ro. 8:15) y se nos afirma en nuestro ser interior que somos sus hijos (Ro. 8:16). El acceso al Padre, si bien es gracias a la obra de Cristo en la cruz, también es por la obra del Espíritu quien acerca al creyente al Padre, afirmando que “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos” Efesios 2:19

Juan 14:16 dice “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:” aquí es donde Jesús prometió que el Espíritu Santo moraría en los creyentes y que Su residencia sería permanente. Es importante distinguir entre la morada y la llenura del Espíritu. La morada permanente del Espíritu no es sólo para algunos pocos creyentes, sino para todos ellos. Hay un buen número de referencias en las Escrituras que apoyan esta conclusión. Primero, El Espíritu Santo es un don para todos los creyentes en Jesucristo sin excepción, y no existen condiciones para tenerlo, excepto la fe en Jesucristo (Juan 7:37-39). Segundo, el Espíritu Santo es otorgado en el momento de la salvación (Efesios 1:13). Gálatas 3:2 también enfatiza esta misma verdad, diciendo que el sello y la residencia del Espíritu en el creyente, tuvieron lugar al momento de creer. Tercero, el Espíritu Santo mora en los creyentes permanentemente. El Espíritu Santo es dado a los creyentes como un “primer depósito” del pago total, o una “garantía” de su futura glorificación en Cristo (2 Corintios 1:22; Efesios 4:30).

Pablo dice a los Efesios 4:3 y 4 “Solícitos á guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Un cuerpo, y un Espíritu; como sois también llamados á una misma esperanza de vuestra vocación:” La unidad de la que habla Pablo en este pasaje es una que produce el Espíritu y que el creyente debe esforzarse por guardar. Esto se ve reflejado en el uso del dativo “la unidad del Espíritu” (ἑνότητα τοῦ πνεύματος ἐν τῷ συνδέσμῳ τῆς εἰρήνης) (Citado en coalicionporelevangelio.com). Como observamos en Gálatas, una de las obras de la carne y contraria al Espíritu, es la rivalidad y disensión (Gálatas 5:20). Por lo tanto, el creyente, quien es templo del Espíritu, debe custodiar y resguardar la unidad en la familia de Dios con esmero e interés.

¡Porque Él vive!

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COBRANDO ÁNIMO EN DIOS

COBRANDO ÁNIMO EN DIOS

“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará ni te desamparará.”

Deuteronomio 31:8

No es desconocido que la pandemia del COVID-19 ha generado estrés en la población mundial. Así lo advirtió Dévora Kestel, directora del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS al decir “La situación actual, con aislamiento, miedo, incertidumbre y crisis económica, puede causar trastornos psicológicos”. Y es que las principales medidas impuestas por las autoridades sanitarias para contener el contagio del virus (la cuarentena y el distanciamiento social) han afectado enormemente nuestra calidad de vida (condiciones de vida y la sensación de satisfacción).

Lamentablemente, los efectos negativos de la actual pandemia también han afectado a nuestras iglesias, impidiendo que podamos reunirnos a alabar al Señor en los cultos que celebrábamos en nuestros templos. De hecho, ver a nuestros hermanos en la fe y estrechar sus manos, besarlos o abrazarlos para saludarlos (demostrando también nuestro afecto) ahora es algo impensado. Sin embargo, como hijos de Dios no podemos caer en el temor y desánimo permanentes.

La Biblia dice en Deuteronomio 31:8 “Y Jehová es el que va delante de ti; él será contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas, ni te intimides”. Estas palabras fueron dirigidas al final de sus días por Moisés, a Josué, quien había sido escogido por Dios para ser el sucesor de Moisés, dirigir a Israel y conquistar la tierra prometida. Moisés animó a Josué y al pueblo de Israel para que no tuvieran temor de enfrentar a los pueblos enemigos que moraban en las tierras que Dios les tenía preparadas, asegurándoles que Dios estaría con ellos. Así, tanto la valentía como la fortaleza de quienes lucharan por Israel, vendría de su confianza en que Dios no los dejaría ni los iba a desamparar. La presencia de Dios estaría constantemente con ellos.

Hoy luchamos contra un enemigo que se ha tomado el mundo entero y ha mostrado ser bastante fuerte. La pandemia del COVID-19 y todas las repercusiones físicas, económicas, políticas, sociales, emocionales e incluso espirituales nos han estremecido completamente. Pero, aun con todo, el temor que esto pueda provocarnos, debemos esforzarnos y cobrar ánimo. Debemos creer y confiar en Dios, recordando que Dios siempre está con nosotros porque Él es OMNIPRESENTE y nos ha prometido que nunca nos dejará ni desamparará (Hebreos 13:5-6). Sólo depositando nuestra fe y confianza en Dios, es que podemos ser realmente fuertes y valientes para enfrentar a este enemigo que nos asecha. Esforcémonos en Dios y cobremos ánimo para seguir adelante con su obra y ver lo que tiene preparado para nosotros.

¡A Dios la Gloria !

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SU COMPAÑÍA NUNCA NOS DEJA

SU COMPAÑÍA NUNCA NOS DEJA

“Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego”

Éxodo 13:22

Existen muchos acontecimientos que cambiaron la historia. Varios de ellos, son tan antiguos que no se puede datar con exactitud. Es el caso del arco y la flecha, son tan antiguos que no se conoce la fecha de su creación. El otro caso, es el de la rueda, no se sabe con claridad cuándo fue creada. Sin embargo, su uso significó un gran avance para la humanidad. Podríamos nombrar algunos hechos más cercanos, como el nacimiento de los grandes imperios que dominaron en la antigüedad, como el Babilónico, Medo-Persa, Macedónico o el Romano, que impactaron profundamente el mundo de su tiempo. Podríamos seguir nombrando muchos acontecimientos que, cambiaron la vida de la humanidad, trayendo grandes cambios que marcaron la vida de muchos.

Hubo un evento en la historia humana, que marcó a toda una nación. Es la historia del Éxodo de Israel desde Egipto. La Biblia narra el hecho de cómo Israel se volvió un pueblo de esclavos en Egipto (Éxodo 1). Fueron tratados duramente como esclavos, sin embargo, crecieron y se multiplicaron. “El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, fue cuatrocientos treinta años” (Éxodo 12:40). La Biblia señala que Dios fue en rescate de su pueblo que estaba siendo oprimido, y luego de enviar grandes calamidades a los egipcios, “Él los sacó con mano fuerte”. El deber de todo Israelita es recordar este hecho con la celebración de la Pascua. Y cuando sus hijos les pregunten: “¿Qué significa para ustedes esta ceremonia?”, les responderán: “Este sacrificio es la Pascua del SEÑOR, que en Egipto pasó de largo por las casas israelitas. Hirió de muerte a los egipcios, pero a nuestras familias les salvó la vida.” (Éxodo 12:26). La muerte de los primogénitos de los egipcios marcó la salida definitiva de Israel. Desde el momento que salieron “Dios iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduviesen de día y de noche” (Éxodo 13:21). Comprendemos que la columna de nube y de fuego fue una manifestación de la presencia de Dios, como guía y auxilio del pueblo peregrino (Trenchard).

Se nos señala que Dios nunca abandonó a Su pueblo, lo cual muestra la constancia y fidelidad de Dios. Esto nos debe servir de gran consuelo mientras estemos peregrinando en esta vida, la cual está llena de problemas, más Dios muestra Su constancia y fidelidad con nosotros. Dios conoce muy bien la necesidad de los suyos, Su auxilio y socorro siempre son muy oportunos. Cuando estemos muy atribulados por las circunstancias de la vida, Él nos librará con mano fuerte. Los hijos de Dios, pueden estar confiados y tranquilos porque Dios nunca nos dejará. “No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová, que Él hará hoy con vosotros” (Éxodo 14:13). No tengas miedo, quédate tranquilo, y observa como Dios te salva, cuida y protege de las distintas circunstancias que te toca vivir a diario.

¡A Dios la Gloria!

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DESCANSANDO EN DIOS

DESCANSANDO EN DIOS

“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.”

Salmo 55:22

La enfermedad infecciosa COVID-19 se inició como un brote del coronavirus SARS-CoV-2 en Wuhan (China) en diciembre del 2019, produciendo más tarde una catástrofe a nivel mundial. La actual pandemia del COVID-19 nos demuestra que, a pesar de todos los avances tecnológicos, científicos, médicos y técnicos de nuestro mundo moderno, la humanidad sigue siendo muy frágil.

Miles de millones de personas fueron contagiados en el mundo de las cuales muchas de ellas, lamentablemente murieron de acuerdo con la información proporcionada por la Universidad John Hopkins de Estados Unidos. El miedo a la muerte y al sufrimiento, junto con la incertidumbre que generan las enfermedades, siguen siendo una de las razones principales de angustia en las personas. De hecho, el pánico ha sido siempre la primera reacción de los hombres a las terribles epidemias que han ocurrido a lo largo de la historia, como la viruela, sarampión, lepra, peste bubónica, gripe española, etc.

La Biblia nos relata que David también sintió mucho temor y estuvo angustiado cuando era perseguido por sus enemigos para matarlo, experimentando toda clase de dificultades. Ante esta situación él exclama: “Temor y temblor vinieron sobre mí, Y terror me ha cubierto” (Sal. 55:5). Sin embargo, David encontró descanso en Dios, depositando su confianza en Él. Es así como escribe: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.” (Sal. 55:22).

Cuando el miedo nos inunda y nos sentimos sobrepasados por nuestras preocupaciones, Dios nos pide que depositemos todas nuestras cargas en Jesucristo nuestro Señor. Esto significa que Dios no nos libra del sufrimiento, todo lo contrario, nos advierte que lo padeceremos (Juan 16:33). Sin embargo, Dios nos dará la fortaleza para afrontarlo, porque Él mismo, El TODOPODEROSO nos sostendrá y sustentará. Si hiciéramos lo contrario, es decir, si nosotros lleváramos nuestra carga solamente, no seríamos capaces de hacerlo, y permaneceríamos “caídos”.

Por eso hoy, aunque el miedo y la incertidumbre nos inunden, es importante que no olvidemos que Dios tiene el poder para sostenernos. Sólo Dios puede cuidar bien de nosotros (1 P 5:7). Confiemos en Dios, que tiene el control de todo, y echemos nuestras cargas sobre Él, para que podamos descansar de todo aquello que nos angustia.

A Dios la Gloria.

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