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APRENDER A MIRAR

APRENDER A MIRAR

Pasadas estas cosas, fuese Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias.

Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos.

Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.

Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.

Y como alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.

Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco.

Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:

Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿más qué es esto entre tantos? Juan 6 : 1 al 9

La multitud buscaba satisfacción inmediata a sus necesidades concretas: salud, apoyo, guía, contención. Los miles de seguidores habían caminado muchos kilómetros; los padres trajeron con ellos a sus hijos, abandonando temporalmente sus hogares y sus trabajos, y no previendo demasiado cuánto tiempo estarían fuera.

La actitud de Jesús es reconfortante: “Alzó la vista”, Este detalle está cargado de significado, Jesús siempre alzó la vista para alabar a Su Padre, y para buscar Su orientación en la oración, pero aquí levanta la vista para ver más allá de lo inmediato, Jesús levanta la vista para ver a miles que están buscando algo, aunque ese algo no fuese exactamente lo que Él vino a darles. Los miles no vinieron a pedirle el perdón de sus pecados, sino porque “veían las señales que hacía con los enfermos”.

Jesús se hace responsable: “¿Dónde compraremos pan, para que éstos coman?” Lo curioso de la pregunta es que Jesús ya sabe la respuesta. Los discípulos son como la multitud: sólo ven lo inmediato. Uno de ellos dijo: “Ni doscientos denarios de pan bastarían…” Otro, encontró un niño con cinco panes y dos pescados, y comentó: “¿Qué es esto para tanta gente? Ni la multitud ni los discípulos alzaron la vista. Ninguno de los dos consideró a Jesús, y lo que Él realmente es y puede hacer. Muchas veces nosotros actuamos de esta forma, mirando solo lo inmediato, por ello hasta nos desilusionamos y pensamos que Dios no escucha nuestras oraciones, pero debemos tener muy claro lo que el profeta nos indica en Isaías 55:8 “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová”

¿Dónde ponemos nosotros nuestros ojos? ¿En lo inmediato? La actitud de Jesús nos anima a que no perdamos la perspectiva. Dios ya sabe lo que va a hacer con nosotros, por eso nos mueve para que con los ojos de la fe veamos a Jesús que puede y quiere darnos mucho más de lo que nuestros mezquinos y miedosos pensamientos pueden sugerir. ¡Dios nos da el cielo entero! Dios nos ha dado a Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo…Amén

¡A Dios la Gloria!

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EL SILENCIO DE JESÚS

EL SILENCIO DE JESÚS

Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón.

Y he aquí una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.

Más él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.

Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas pérdidas de la casa de Israel.

Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor socórreme.

Mateo 15: 21 al 25

Hay un comercial de televisión que dice: “Lo que sucede en Las Vegas, permanece en Las Vegas.” Esta frase no hace otra cosa que incitar a hacer lo que está prohibido, con la promesa de que nada saldrá a la luz. Pero Dios no piensa igual, ni actuó igual. Lo que sucedió en Jerusalén, no permaneció en Jerusalén, sino que se conoció rápidamente en todas partes.

Jesús salió de Galilea para ir a un lugar fuera de los límites geográficos, religiosos, y culturales de Su pueblo. Quiso pasar desapercibido, pero no pudo. Detrás de él se apareció una mujer que, sin vergüenza ni timidez, comenzó a gritar su necesidad. ¿Quién era? Era una mujer en desesperación y gran agonía, pero también una mujer que sabía perfectamente quién era Jesús y lo que Él era capaz de hacer. No era una hebrea, no era una hija de Abrahán, no se enoja con el silencio de Jesús ni con su respuesta tan ruda. No se ofende ni se resiente.

Esa mujer siro-fenicia acepta quién es y el lugar que Jesús le da. En realidad, nada de eso le importa porque está enfocada en una cosa: quiere ayuda para alguien que ama mucho: su hija endemoniada. Esto nos lleva a pensar que no siempre aceptamos en forma tan humilde el lugar que Jesús nos da y no nos gusta cuando Dios guarda silencio ante nuestras súplicas. Sin embargo, esta historia nos debe animar a ser persistentes, enfocados en nuestras necesidades espirituales y físicas y en quién es Jesús. Sus respuestas son siempre de amor, y recompensan nuestra persistencia en forma sorprendente.

Dios siempre nos sorprende, él tiene Señorío sobre toda nuestra vida y en todo cuanto nos rodea, por ello estimado hermano, ¿Cuál es tu actitud ante los silencios de Jesús? ¿Eres perseverante? Te invito a que reafirmes la confianza que tienes en él. Jesús nunca te va a defraudar.

Su promesa es que estará con nosotros hasta el fin del mundo, que donde haya dos o tres congregados en su nombre él estará em medio nuestro, tal como dice el cantico:

“Las misericordias de Dios nunca cesan, nuevas son cada mañana”

Gracias Señor, por tu poder, por tu amor derramado en la cruz, en favor nuestro.

¡A Dios la Gloria!

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APRENDER A PEDIR

APRENDER A PEDIR

Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron á él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.

Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga?

Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra.

Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?

Y ellos dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que soy bautizado, seréis bautizados.

Marcos 10 : 35 al 39

Jacobo y Juan habían estado con Jesús por tres años escuchando Sus enseñanzas, aprendiendo de Su estilo de vida, y sorprendiéndose con Sus milagros. Sin embargo, con esta petición revelan que todavía no habían entendido la profundidad de la misión de Jesús. Evidentemente se tomaron esto muy en serio, pues “traicionaron” a sus compañeros y se propusieron pasar por la misma copa de amargura por la que Jesús estaba pasando. Con toda certeza no sabían lo que estaban pidiendo.

A pesar de haber estado personalmente con Jesús todo ese tiempo, todavía no habían sido transformados en su mente y en su corazón. Pero Jesús no se exaspera. Él sabía que, cuando el Espíritu Santo tocara sus corazones en Pentecostés, verían con mayor claridad el ministerio al que habían sido llamados. Al final, todos los apóstoles murieron, siendo Jacobo el primero como mártir, y Juan el último desterrado en una isla. De alguna forma, ellos fueron el principio y el fin del ministerio de los apóstoles originales. Ése fue el bautismo de amargura en el que participaron.

De todo esto que nos revela la Palabra de Dios, aprendemos que debemos ser más simple en nuestras oraciones, expresando nuestros temores, nuestras necesidades, y nuestros anhelos al Señor, y dejando que Él nos conceda en Su voluntad aquello que ya nos tiene preparado.

No importa cuánto tiempo hemos caminado ya con el Señor, cuántos milagros hemos visto, y cuántas veces nos ha sorprendido él con su ternura y cuidados, no siempre entendemos la profundidad de la vida a la que nos ha llamado. Las puertas de los cielos están abiertas para que entren nuestras oraciones. ¿Qué pediremos? Que el Señor nos abrace con su gracia y nos anime a confiar siempre en Él para todas las cosas de la vida, incluso en estos días, en que la situación del mundo nos presenta un cuadro de mucha intranquilidad, solo en JESUS tendremos la paz y tranquilidad que necesitamos para afrontar las cosas aún más duras, en tiempos de Covid-19, más que nunca, debemos pedir que Dios nos guíe a pedir que Su voluntad sea la que gobierne siempre nuestras vidas.

Gracias, Amado Dios, porque mediante Jesús nos oyes siempre. Amén

¡A Dios la Gloria!

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EL TEMOR A ESPERAR

EL TEMOR A ESPERAR

​“ Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho; pero Samuel no venía á Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y sacrificios pacíficos. Y ofreció el holocausto. Y como él acababa de hacer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl le salió a recibir para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me iba, y que tú no venías al plazo de los días….” 1° Samuel 13: 8-11

La historia Bíblica leída nos muestra al rey Saúl bajo circunstancias especiales, se enfrentaba a una situación desesperada ya casi perdiendo el control por la presión que estaba ejerciendo su propio pueblo, esto ante el temor reinante por el posible ataque Filisteo. Así Saúl temiendo que el profeta Samuel no llegara para ayudarle como profeta de Dios, decide actuar realizando un holocausto por sí mismo, cosa no permitida en su condición de rey. Saúl no supo esperar, antes que el plazo fuera vencido decide actuar demostrando el temor y la perdida de la esperanza respecto al compromiso contraído con Samuel… ¿Que has hecho? pregunta el profeta, justo cuando Saúl terminaba de hacer el sacrificio. Siete días nos dice la Biblia que se habían pactado para que Samuel volviera, pero Saúl ante el temor, no respetó el plazo y actuó justo en el límite de ese periodo.

Al parecer Saúl temió mucho en las circunstancias descritas anteriormente; Pero, ahora veamos nuestra vida, ¿Cuántas veces hemos actuado como este rey (con temor) al no respetar los plazos pactados con Dios en la soledad e intimidad de nuestras propias oraciones? Otro problema que también mostró Saúl fue que no confío en las palabras del profeta Samuel al pensar que éste ya no llegaría. Dios nos manda a ser valientes y confiar, Josué 1:9 dice:” Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo…”. Satanás sin duda usa el temor para desbaratar los acuerdos que has creado con Dios, no te dejes vencer, Dios cumple Su Palabra.

¿Sabe usted que es la MACROFOBIA?… Si bien es un concepto nuevo, éste se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a esperar durante un tiempo prolongado (temor a las largas esperas). Esta fobia aún no ha sido estudiada en profundidad. Sin embargo, se piensa que las personas que padecen de este trastorno tienen tendencia a ser ansiosas e inseguras.

¿Es Ud. una persona Macrofóbica? No lo sea, confíe en Dios, ¡Él siempre cumple!

¡A Dios la Gloria!

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UN DIOS INMUTABLE

UN DIOS INMUTABLE

“Mas tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán.” Salmo 102:27

Los versos 25-27 de este Salmo, se citan en Hebreos 1:10-12 como las Palabras de Dios el Padre a Dios el Hijo, el Mesías. En el texto hebreo el salmista le dice esto a Yahveh, pero la idea de que Dios mismo habla estas palabras es más clara en la traducción griega del hebreo (la Septuaginta), la cual citó el autor de Hebreos. Sin embargo, el autor de Hebreos tiene razón cuando considera que estas palabras fueron dichas por el Padre a Jesucristo.

Aclarado lo anterior, podemos indicar que la inmutabilidad de Dios, es decir, su cualidad de no cambiar es claramente enseñada en las Escrituras. Por ejemplo, en Malaquías 3:6 Dios afirma: “Porque yo Jehová no cambio”. (Véase también Números 23:19; 1 Samuel 15:29; Isaías 46:9-11; Ezequiel 24:14).

El contraste era claro para el salmista. El Dios poderoso es eterno (Por generación de generaciones) y puede hacer todas las cosas (tú fundaste la tierra). Las cosas que Dios crea pueden perecer, pero Él mismo permanecerá. El Dios que adoramos no cambia, Es el mimo ayer, hoy y siempre. La inmutabilidad de Dios es la perfecta inalterabilidad en su esencia, carácter, propósito y promesas.

Santiago 1:17 también enseña la inmutabilidad de Dios: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. La “sombra de variación” se refiere a nuestra perspectiva sobre el sol: es eclipsada, se desplaza y proyecta su sombra. El sol sale y se oculta, aparece y desaparece cada día; sale de un trópico y entra en otro en ciertas épocas del año. Pero con Dios, quien espiritualmente hablando, es la luz misma, no hay tinieblas en absoluto; no hay ningún cambio ni nada parecido con Él. Dios es inmutable en Su naturaleza, Sus perfecciones, Sus propósitos, Sus promesas y Sus dones. Él, siendo santo, no puede desviarse a lo que es malo; ni Él quien es la fuente de luz puede ser la causa de la oscuridad. Dado que toda buena dádiva y todo don perfecto viene de Él, el mal no puede proceder de Él, ni Él puede tentar a nadie (Santiago 1:13). La Biblia es clara en que Dios NO cambia Su forma de pensar, Su voluntad, o Su naturaleza. (gotquestions)

En medio de los cambios y oportunidades de esta vida terrenal, un tema de consuelo permanecerá para siempre, esto es, la eternidad y la inmutabilidad de Dios nuestro Salvador, de Aquel que fue, es y ha de venir (Horne)

¡Porque Él Vive!

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DAVID, UN EJEMPLO DE ESPERA

DAVID, UN EJEMPLO DE ESPERA

​”Y como llegó á una majada de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella á cubrir sus pies: y David y los suyos estaban á los lados de la cueva. Entonces los de David le dijeron: He aquí el día que te ha dicho Jehová: He aquí que entregó tu enemigo en tus manos, y harás con él como te pareciere. Y levantóse David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl. Después de lo cual el corazón de David le golpeaba, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo á los suyos: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.” 1° Samuel 24: 3-6

La historia relatada arriba nos muestra a David en una condición muy especial, teniendo en sus propias manos la oportunidad de hacer realidad lo que Dios le había prometido tiempo atrás, SER REY… Las circunstancias que se presentaban frente a él eran lo que cualquiera de nosotros tal vez hubiera interpretado como: “La respuesta de Dios a su espera”. Sin embargo, David sabía esperar y aún espero más, él no se apresuró a tomar en sus manos la vida del rey Saúl, tomar posesión del reino, sus bienes y sentarse en el trono tan rápido como fuese posible.

Que lección más grande nos muestra David aquí. Cualquiera de nosotros estaría deseando a cada segundo que ese día llegara, imagínese, ser rey, el sueño de cualquier persona podría llegar a cumplirse, el anhelado fin a la espera. Ser rey para David era dejar la vida de dolores, huidas y pobrezas que estaba experimentando en esos días bajo las mismas persecuciones del rey Saúl al cual ahora tenía en sus propias manos, pero Aquí David SABE PENSAR y NUEVAMENTE ESPERAR. Más allá de los propios deseos y consejos de quienes estaban a su lado y que le decían “He aquí el día que te ha dicho Jehová”, esa parte del versículo nos muestra una sola palabra “”HAZLO YA”, pero David se tomó el tiempo para meditar lo que iba a hacer, no se trataba solamente de cumplir sus propios propósitos o deseos, sino que entendió en su corazón que no podía pasar por sobre un principio Divino para lograr sus propios objetivos “Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él“

La pregunta hoy es: 1.- ¿Te das tú el tiempo para poder pensar dos veces lo que vas a hacer o simplemente cuando vemos la oportunidad actuamos? 2.- ¿Sabemos esperar aun cuando todos a nuestro alrededor nos presionen para hacer lo que Dios no quiere?

Para concluir, solo déjeme decirle que a pesar de todo David igual llegó a ser rey, un gran rey. El secreto de David estuvo en que supo esperar que Dios cumpliera su promesa en el tiempo adecuado.

¡A Dios la Gloria!

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¿PARA QUE ESPERAR TANTO?

¿PARA QUE ESPERAR TANTO?

​”Aguarda á Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón: Sí, espera á Jehová.” Salmo 27:14

¿Cuántas veces en la vida has quedado esperando? Creo que todos tenemos experiencias al respecto, más de alguien debe recordarse de alguna y quiero contar una propia al respecto. “Un día esperaba un bus que me llevaría a mi trabajo fuera de la ciudad en esos años, estaba en el lugar adecuado, a la hora adecuada, atento y esperando, sin embargo, el bus nunca llegó. Así, tuve que dejar pasar otra larga media hora hasta que el bus siguiente llegara. Entre mi molestia y poco entendimiento de que había pasado con el bus anterior, me monté y dormí plácidamente hasta que me despertaron los cometarios de la gente hablando. El bus anterior había chocado más allá de donde yo lo había esperado”

A veces en la vida nos molesta esperar, es más, nos enojamos cuando las cosas no suceden en el tiempo que nosotros queremos y nos cuestionamos ¿para qué esperar más? La vida está llena de metas (autoimpuestas a veces), y “esperar el tiempo de Dios” es una consideración que todo cristiano debe tomar en su vida. Dios debe ser participante de nuestros planes y eso quiere decir que a veces debemos esperar “hasta cuando Dios nos quiera enviar el bus”. Así, cuando Dios es considerado en nuestros planes mediante la oración, también tenemos que estar dispuestos a esperar tanto como Él lo determine.

​“Aguarda a Jehová” dice el versículo citado del libro de Salmos. Cuando hablamos de AGUARDAR se define como “Esperar a que llegue un determinado momento u ocurra un hecho determinado”. Tal como se lee entonces debiéramos entender de este versículo lo siguiente: “Espera que llegue el momento determinado por Jehová” y el texto sigue… “Esfuérzate y aliéntese tu corazón” Eso quiere decir, que no debemos desfallecer en esta espera, sigue con tu vida y no te paralices o amargues esperando solamente, al contrario, anímate toma fuerzas… y vuelve a recalcar “Sí, espera a Jehová” insistiendo en que Jehová será que el determinará el tiempo adecuado, aunque esta espera sea larga.

Al mirar este mismo versículo definido en otras traducciones aparece como “Espera al SEÑOR” y “Espera con paciencia al SEÑOR”, no hay una doble lectura en esto, simplemente el consejo es esperar tanto como sea necesario mientras que el SEÑOR lo muestre. Aunque a veces pensamos que el “bus” que se fue era nuestra mejor alternativa, a la vuelta del camino Dios te mostrará que te libró de algo que sin duda podría haber dañado tu vida gravemente. por ello- ¡Sí, espera al Señor!

¿Por dónde pasó ese bus que no ví? sólo Dios lo sabe.

¡A Dios la Gloria!

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ESPERAR EN CONFIANZA

ESPERAR EN CONFIANZA

​“Porque en esperanza somos salvos; más la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos” Romanos 8:24-25

Uno de los mayores problemas del esperar algo es la incertidumbre que se genera en el transcurso de este tiempo, “¿Cómo terminará?, ¿Cuándo sucederá?, ¿Será lo que yo deseo?. Todas estas preguntas nos hacen sentirnos ansiosos pues se convierten en una constante muestra de preocupación que termina en la pérdida de tranquilidad en la vida del hombre.

La palabra citada arriba y escrita por Pablo a la iglesia de Roma dice: “La esperanza que SE VE no es esperanza”, vaya que cierta esta palabra, ya que la esperanza está asociada a lo que esperamos y no a lo que ya tenemos. Nadie espera algo que ya posee como propio, al contrario, se espera lo que no se tiene. El esperar no es tema fácil, sin embargo, Dios nos llama a tener esperanza, es decir esperar en la confianza de Sus promesas.

¿Como esperar entonces? El versículo 25 dice: “…por paciencia esperamos”. El consejo de la Palabra de Dios aquí apunta a esperar con tranquilidad, vaya que difícil es esto, más aún cuando nuestra naturaleza es ansiosa e inmediata, sin embargo, aquí también se prueba la fe de cada uno de nosotros. Como dijimos anteriormente, tener esperanza es esperar confiados, pacientes y tranquilos de que lo que ocurra en nuestros planes, pues NO están determinados por el azar, sino que al contrario, CONFIAMOS en un Dios que nos conoce, es personal y sabe cada uno de nuestros propósitos.

Esperar en Dios significa dejar nuestras cargas en Él. Depositar nuestros deseos, afanes y peticiones bajo Su voluntad es lo que todo cristiano debe hacer, ya que en nuestra incapacidad de conocer el futuro solamente debemos esperar y tener la confianza de que Dios hace lo mejor. 1° Tesalonicenses 2:19 dice: “Porque ¿cuál es nuestra esperanza, ó gozo, ó corona de que me gloríe?” La Palabra de Dios nos enseña que más allá de cualquier esperanza terrenal que Ud. tenga, la mayor esperanza que debe existir en su vida es la confianza en Dios, eso da paz y alegría al corazón, ya que, aun si su esperanza terrenal no fue cumplida, nadie podrá arrebatar la esperanza de vida eterna que Dios nos ha dado.

“Y la esperanza no avergüenza” dice Romanos 5:5. Por ello, solamente presente sus planes a Dios y espere, sin duda Él hará lo mejor para su vida. No sufra ni se angustie esperando lo que no sabemos si sucederá o no, solo gócese en lo que SÍ es seguro, es decir, gócese en las promesas eternas de Dios para cada uno de Sus hijos.

¡A Dios la Gloria!

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¿CUANTO ESPERAR?

¿CUANTO ESPERAR?

Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra…. Y habló Dios á Noé diciendo: Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Génesis 8: 14 -16

Una de las dificultades del hombre actual es no saber esperar. En medio de un mundo donde la velocidad es lo que florece como exitoso, pareciera ser que esperar por algo fuera demasiado. Hoy nos vemos sometidos a una exigencia tal, que todo se basa en plazos y cumplimientos que muchas veces no podemos disfrutar, porque tan pronto como cumplimos una meta, luego la otra nos absorbe completamente. Así, la vida de hoy es de cosas inmediatas, un mundo de instantáneos, donde hasta para poder hacer pan solo basta apretar un botón en una máquina y pronto lo obtendrás. Que distinta es esta realidad respecto a cómo Dios muchas veces quiere trabajar en la vida de Sus hijos.

En la lectura presentada vemos a Noé dentro de un arca esperando salir. Recordando un poco la historia podríamos decir que para Noé no fue nada fácil la vida, con un proyecto gigantesco a 120 años plazo como era el construir el arca, tuvo que ser paciente y constante, y así avanzar cada día, tabla tras tabla sin desmayar, sin tomar atajos para evitar tanto esfuerzo o para “ayudar a Dios” y terminar el proyecto con antelación.

Paciencia y constancia son las claves más determinantes para que un proyecto se lleve a cabo eficazmente (Santiago 1:8 dice “El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos). Así, seguir las instrucciones pacientemente acatando las órdenes y trabajar sin abandonar la tarea, son la clave para obtener resultados confiables. Ahora la pregunta que podemos formularnos es:

¿Estás tú siguiendo las instrucciones de Dios para el plan de tu vida o simplemente quieres tomar atajos para que estos proyectos se lleven a cabo más prontamente sin considerar el modelo original??? Muchas veces nuestro actuar se ajusta a los tiempos modernos, y como tal, no nos gusta esperar. Cada decisión de nuestra vida se determina solamente por nuestro querer y por la sesgada visión del solo tiempo presente. Dios en cambio quiere que nos demos el tiempo para consultarle y descender del arca cuando Él lo indique.

Imagina ahora a Noé arriba del arca, la lluvia culminó, pero aun así él tuvo que esperar muchos días más hasta que Dios le dijera, “Desciende, proyecto terminado”. El más confiable proyecto para el cristiano es, sin duda, seguir los planes de Dios, aunque estos no sean tan sencillos ni rápidos como quisiéramos. El libro de Salmos 37:7 dice: “Calla á Jehová, y espera en él”, esta es la clave para un buen término de tu vida. Cuando Dios te pide esperar, sin duda, es porque aún hay aguas profundas debajo de tu barca, que tú no puedes ver y que pueden dificultar tu camino o aun ahogarte completamente, sin que tú ni siquiera lo hubieras considerado. ¿Cuánto esperar?, lo que sea necesario hasta que Dios lo confirme!!!

¡A Dios la Gloria!

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NO MATARÁS

NO MATARÁS

Éxodo 20:13

Jesús cuidadosamente explicó el corazón de este mandamiento. Él mostró que también nos prohíbe que odiemos a alguien más (Mateo 5:21-26), porque podríamos desear la muerte de alguien en nuestros corazones, pero nunca tener el valor de cometer el hecho. Es posible que alguien no mate por falta de coraje o iniciativa, pero que su corazón esté lleno de odio.

En hebreo, como en español, hay una distinción entre asesinar y matar. Opuesto a matar, asesinar es quitar la vida sin justificación legal (ejecución después del debido proceso) ni justificación moral (matar en defensa propia).

1)“Solo se usan dos palabras en hebreo, tan contundente como sería la orden “no mates” en español (Cole).

2)Kaiser sobre rasah: “El hebreo posee siete palabras para matar … Si alguna de las siete palabras pudiera significar “asesinato”, donde los factores de premeditación e intencionalidad están presentes, este es el verbo”. (Kaiser)

3)Esta importante distinción explica cómo alguien puede defender con bastante coherencia el principio de la pena capital y la prohibición del asesinato. Cuando se lleva a cabo correctamente, la pena capital es matar con justificación legal.

Mucha gente comete el error de creer que la Biblia dice, “No matarás”, y busca aplicar este mandamiento a la guerra. Sin embargo, la palabra hebrea literalmente significa “la muerte intencional y premeditada de otra persona con malicia”. Con frecuencia Dios ordenaba a los israelitas ir a la guerra contra otras naciones (1 Samuel 15:3; Josué 4:13). Dios ordenó la pena de muerte para numerosos crímenes (Éxodo 21:12; 21:15; 22:19; Levítico 20:11). Así que, Dios no está contra el matar en todas las circunstancias, sino sólo en contra del asesinato. La guerra nunca es algo bueno, pero algunas veces es algo necesario. En un mundo lleno de gente pecadora (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas veces la única manera de evitar que la gente pecadora haga un gran daño a los inocentes es yendo a la guerra contra ellos.

Eclesiastés 3:8 declara que hay, “tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”. En un mundo dominado por el pecado, el odio y la maldad (Romanos 3:10-18), la guerra es inevitable. Algunas guerras son más “justas” que otras, pero todas las guerras son a última instancia el resultado del pecado. Los cristianos no deben desear la guerra, pero tampoco deben oponerse al gobierno que Dios colocó en autoridad sobre ellos (Romanos 13:1-4; 1 Pedro 2:17). Lo más importante que podemos hacer en un tiempo de guerra es orar por la buena sabiduría de nuestros líderes, orar por la seguridad de nuestros ejércitos, orar por una rápida solución al conflicto y orar por un mínimo de muertes – de ambos lados del conflicto (Filipenses 4:6-7).

¡A Dios la Gloria!

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