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ENSÉÑAME PARA ENSEÑAR

ENSÉÑAME PARA ENSEÑAR

Bendito tú, oh Jehová: Enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. Salmo 119: 13-14.

Nadie puede decir que ya ha adquirido todo el conocimiento y que no necesita seguir aprendiendo. Quien tiene este pensamiento, no ha comprendido la infinitud del conocimiento a lo largo de la historia humana. Más aún, cuando comprendemos que tenemos en nuestras manos La Biblia, la cual es un reflejo fiel de la infinitud del conocimiento. Podríamos ocupar toda una vida en el estudio de ella y nunca llegaremos a agotar Su enseñanza. Aunque ocupemos días tras día, horas tras horas, en el estudio de ella, estamos seguros que La Palabra de Dios es una fuente inagotable de conocimientos, principios morales e infinitas aplicaciones para la vida del creyente. La multiforme sabiduría de Dios es ampliamente tangible y palpable en La Biblia.

“Bendito Tú, oh Jehová”, es totalmente entendible esta expresión de alabanza a nuestro Dios, después que el salmista comprende la grandeza y belleza de Las Escrituras, ¿qué más podría decir? ¿no le pasa lo mismo a usted cuando contempla y medita en la hermosa Palabra de Dios? Somos movidos a expresar la misma alabanza: “Bendito Tú, oh Jehová”. Es comprendible, que el capítulo más largo de la Biblia, sólo hable de la Eterna Palabra de Dios. El salmo 119 contiene 176 versos, todos ellos hablan exclusivamente de Las Escrituras, la belleza y hermosura de este salmo excede por mucho a cualquier poema o alabanza que algún ser humano pueda expresar de La Palabra de Dios. Sin duda alguna, fue el Espíritu Santo, Dios mismo, quien movió al salmista para escribir el más hermoso canto de alabanza a La Palabra de Dios.

“Enséñame tus estatutos” siempre debemos ser discípulos o aprendices, sobre todo cuando se trata de la Palabra de Dios. “Pero qué honor el tener a Dios mismo por maestro; qué audaz es el salmista para rogar al Dios Bendito para enseñarle” (Spurgeon). Sólo un corazón humilde puede hacer una petición de tal magnitud: “Enséñame tus estatutos”, porque un verdadero creyente sabe que aprender, no significa sólo obtener conocimiento intelectual, no significa mantener sólo en nuestra mente la enseñanza; aprender también implica aplicar y practicar lo aprendido. Un corazón humilde que ama al SEÑOR, doblegará su orgullo y obedecerá a Las Escrituras, porque eso es lo que la Biblia manda.

Una vez que hemos aprendido, aplicado y practicado, podremos decir con toda propiedad: “Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca”; ahora declaramos y enseñamos La Palabra de Dios. Podemos ser de bendición a otros al declarar todo el consejo de Dios para edificar a otros. Declarar a otros la Palabra de Dios es una muestra de amor a Dios y de comunión con Él. “Cuando hacemos de Las Escrituras el tema de nuestra conversación, glorificamos a Dios, edificamos a nuestros prójimos y nos mejoramos a nosotros mismos” (Horne).

¡A Dios la Gloria!

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CON TODO MI CORAZÓN TE HE BUSCADO

CON TODO MI CORAZÓN TE HE BUSCADO

Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes divagar de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Salmo 119:10-11

¿Cuántas veces has repetido estas palabras? “con todo mi corazón te he buscado”. Este es el ruego de un corazón que ama verdaderamente a Dios. ¡Oh, que el deseo de nuestro corazón sea siempre buscar el rostro del SEÑOR! El creyente que ama a Dios, desea en su corazón dedicarse completamente a estar en la presencia del SEÑOR, pero al mismo tiempo reconoce su debilidad para ser constante en esta búsqueda. Así es nuestra vida, una serie de altos y bajos, en ocasiones estamos en las mismas alturas con el SEÑOR, pero en otras ni siquiera deseamos orar ni leer Su Palabra.

Debemos comprender que nuestra naturaleza pecaminosa y caída jamás querrá buscar el rostro del SEÑOR, nuestra mente influenciada por el pecado, siempre nos estará repitiendo que “merecemos un poco de descanso y que es mejor descansar, dormir o ver una buena película, que estar en comunión con nuestro Padre”, nuestro deseo carnal hará todo lo posible para desviarnos de obedecer la Palabra de Dios. Esta es una lucha constante y diaria, nuestra mayor victoria será vencernos a nosotros mismos para hacer aquello que no deseamos y para no hacer aquello que deseamos: “porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, ése hago” (Romanos 7:19).

Los creyentes tenemos al Espíritu Santo, que mora en nosotros y nos da la fuerza para vencer los deseos pecaminosos de nuestra naturaleza caída. Debemos dar cabida al Espíritu Santo para que nos controle y de esta forma nos deleitemos en los mandamientos de Dios. “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Romanos 7:22). Cuando nos dejemos controlar por el Espíritu Santo, podremos repetir las mismas palabras del salmista “con todo mi corazón te he buscado” el salmista expresa que “su corazón se había ido tras Dios mismo: él no solamente deseaba el obedecer Sus mandamientos, sino el unirse con Su Persona” (Spurgeon). “No me dejes divagar de tus mandamientos” quien ora así está pidiendo vivir una vida de pureza y santidad. Quien quiere vivir una vida que agrade a Dios, estará constantemente orando y ocupado en estudiar Su Palabra, para no desviarse de ella ni a diestra ni a siniestra. Sólo aquellos que conozcan La Palabra de Dios, sabrán cuáles son los mandamientos del SEÑOR y se esforzarán en obedecer para mantenerse en pureza.

“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra Ti” He aquí otra razón poderosa de leer La Palabra de Dios, “guardarla en el corazón para no pecar”. La idea de esta frase es primero que La Palabra sea recibida en nuestra mente y luego se arraigue en nuestro corazón; ¿cómo se logra esto? El salmista escuchó y leyó la Palabra de Dios, pensaba en ello continuamente, hasta que se arraigó en su corazón. La Palabra de Dios no solo debe estar en nuestras Biblias, sino también en nuestra mente y corazón.

¡A Dios la Gloria!

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¿CÓMO NOS LLEGÓ LA BIBLIA?

¿CÓMO NOS LLEGÓ LA BIBLIA?

Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo. 2Pedro 1:21

No hay ninguna duda que La Biblia no es un libro cualquiera. La Biblia no se destinó nunca para ser un libro para eruditos o especialistas únicamente. Desde el principio La Biblia se dirigió para ser el libro de todos. El mensaje que contine está destinado a satisfacer la mayor necesidad humana, LA ESPIRITUAL. Su personaje central se le llama con mucha razón “el Salvador del mundo” y aunque se terminó de escribir hace miles de años, su mensaje no cambia, por tanto, jamás envejece o pasa de moda, los temas que trata son de tal naturaleza que conservan su relación práctica con la vida siglo tras siglo, y nos tocan tan de cerca como a la gente que primero la leyó.

La palabra Biblia, procede del griego <> (libros). El singular es <>;<> es una forma de biblíon, y significa simplemente cualquier clase de documento escrito, el cual originalmente se realizaba en papiro, una clase de papel fabricado de una planta egipcia. También a la Biblia se le llama “Escritura” o “Sagradas Escrituras” que son términos utilizados por los escritores del Nuevo Testamento para referenciar al Antiguo Testamento. En este sentido, vale la pena también mencionar que la palabra “testamento” en lenguaje corriente es la última voluntad de una persona que está a punto de fallecer respecto de la disposición de sus bienes, pero este no es el sentido Bíblico, el cual se refiere a Pacto, por lo tanto, sería más apropiado decir “antiguo o nuevo pacto”, pero la tradición (a partir de tertuliano 160 DC) estableció el uso de la palabra “testamento”.(Introducción a la Biblia D. Demaray)

El Antiguo Testamento se escribió originalmente en hebreo, pues era el idioma que todos utilizaban en Israel. Cabe mencionar que algunos escritos se encuentran escritos en arameo, idioma emparentado con el hebreo y las lenguas semíticas (árabe, asirio, cananeo, babilonio). El Nuevo Testamento se escribió en griego, aunque parte de este primeramente fue hablado en arameo, idioma cotidiano de Jesús y sus discípulos. El Antiguo Testamento comenzó a escribirse, aproximadamente 1.400 años AC, en cambio el Nuevo Testamento se escribió durante el primer siglo D.C.

Nuestra Biblia recoge aspectos sociales, económicos, políticos y religiosos. En Ella encontramos una enormidad de detalles como biografías, leyes, genealogías, desiertos, ciudades, montañas, valles, ríos y mares, todo parte del escenario Bíblico que ha llevado a la arqueología a confirmar la veracidad de las Escrituras.

Las Sagradas Escrituras traen un solo mensaje central “SALVACIÓN” Dios proveyó esta salvación, y en el mismo acto de proveerla expresó su significado. Se envió a sí mismo en un Hijo, Jesús, el cual enseñó y vivió la salvación del pecado. En la Cruz Dios proveyó el medio de salvación, y la vida y muerte de Jesús provocan en el hombre una respuesta en pro o contra Dios. La Biblia es la revelación del plan de Dios para la salvación del hombre, desde el principio Dios muestra su deseo de salvarnos (Genesis 3:15) y por eso inspiró (sopló hacia afuera) a hombres obedientes y humildes para dejarnos Su Palabra de manera escrita. ¿Cómo se realizó? Es un misterio, pero que se realizó es un hecho. La inspiración y la revelación van de la mano. Lo que tenemos en nuestras manos es en verdad la revelación escrita de Dios para cada uno de nosotros. ¡Alabemos a Dios por esto!

¡Porque Él Vive!

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LIMPIEZA PARA EL JOVEN

LIMPIEZA PARA EL JOVEN

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Salmo 119:9

Esta es la segunda sección de ocho versos de este Salmo acróstico. Cada primera palabra de los versos 9 al 16, comienzan con la segunda letra del alfabeto hebreo, Beth. Este verso comienza con una pregunta para los jóvenes, ¿Con qué limpiará el joven su camino? La cual es una pregunta muy adecuada para los tiempos que estamos viviendo. Tanto en la antigüedad como ahora, los jóvenes son presa de su ímpetu, energía y falta de sabiduría de vida.

La Palabra de Dios, ordena a los jóvenes a vivir una vida de pureza moral, este requerimiento divino, es un atentado a la “libertad” que la juventud desea vivir. En la actualidad, no muchos jóvenes desean vivir en pureza, el consejo que se les da suena algo así: “Pásala bien mientras eres joven, disfruta de la vida, haz todo lo que quieras, experimenta nuevas cosas, etc”. Hoy lo que menos quiere la juventud es que le pongan reglas. La Biblia dice lo siguiente en Eclesiastés 11:9 “Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio”. Esta advertencia es clara, “vive como quieras, pero tendrás que enfrentarte con Dios”.

El consejo bíblico para los jóvenes es que comiencen a limpiar su camino. “De manera significativa, las palabras “su camino” proviene del hebreo “Orach” la que se traduce aquí como “camino”, el cual significa pista, una ruta, como las que son hechas por las ruedas de un carro o carruaje. Los jóvenes preparan las pistas para el resto de la vida” (es.enduringword.com). En otras palabras, lo que se nos dice aquí, es que los jóvenes deben preparar sus vidas para Dios, y si van a vivir para Él, deben preparar su camino lo antes posible. Los jóvenes creyentes, no pueden ser igual al mundo y deben ocuparse en vivir en pureza mental.

La influencia mundana en la juventud cristiana se ha infiltrado en la cristiandad, y estamos haciendo concesiones con la juventud que atentan contra la Palabra de Dios, tratamos de amoldar el consejo bíblico a la cultura reinante y permitimos que nuestros jóvenes practiquen lo que el mundo practica. Este es un llamado a los padres de familia, debemos enseñar a nuestros hijos, desde la más tierna edad, en La Palabra de Dios, para que cuando sean jóvenes, ellos vivan en obediencia a Las Escrituras.

Querido joven, puedes vivir en pureza mental, puedes vivir en santidad, aunque el mundo te diga lo contrario, “tú puedes vivir limpiando tu camino”. La Palabra de Dios es el fundamento para una vida de pureza moral, satura tu mente con Las Escrituras y tendrás victoria contra el pecado y tus deseos juveniles.

¡A Dios la Gloria!

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TUS ESTATUTOS GUARDARÉ

TUS ESTATUTOS GUARDARÉ

Tus estatutos guardaré: No me dejes enteramente. Salmo 119:8

Con esta hermosa afirmación y ruego del salmista finaliza la primera sección de ocho versos del salmo 119 denominada con la primera letra del alfabeto hebreo ALEF.

En nuestra vida procuramos y en muchos casos nos esforzamos por guardar muchas cosas: fotografías, joyas, regalos o recuerdos que hemos considerado de tan alto valor que protegemos y conservamos como un valioso tesoro. Sin ir más lejos, hoy por hoy, muchos sufrirían si se les pierde su teléfono celular o su computador personal, no solamente por su valor económico, sino por los recuerdos alojados en cada uno de ellos. Sin duda que la Biblia debe tener un valor superior a todo lo anterior, por esto debemos ocuparnos de atesorar los estatutos de Dios en nuestro corazón y obedecerlos, pues solo ellos nos pueden asegurar vida eterna y llevarnos a la verdadera bienaventuranza y sabiduría.

Jesús nos dice “Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39. Escudriñar, es sinónimo de investigar, inquirir, observar y profundizar. Una lectura disciplinada, sistemática de las Escrituras nos permitirá conocer a nuestro Creador, Su personalidad, Su amor y Su plan redentor para la humanidad.

El salmista dice que guardar La Palabra de Dios es una verdadera coraza contra las tentaciones de la vida (Salmo 119:11). Con la Biblia podemos vencer a Satanás como Jesús lo hizo en el desierto, la realidad es que, todos luchamos contra el pecado día a día y nuestra victoria se encuentra en guardar las Escrituras. ¿Cómo se realiza esto?

1. Lee tu Biblia a diario, dedica un tiempo todos los días para un estudio sistemático y ordenado, idealmente un tiempo tranquilo (quizás por la mañana) donde puedas estar a solas con Dios (Salmo 63:1 al 5). No te dejes vencer por el sueño o la pereza, persiste en ello, tal como Pablo aconsejaba al Joven Timoteo (2 Timoteo 3:14)

2. Memoriza las Escrituras, es una práctica muy provechosa guardar en nuestra mente esas promesas y mandamientos. Aprende salmos, proverbios o versículos de misericordia, fortaleza, aliento, advertencia y gozo.

3. Medita en lo que has leído, piensa e investiga respecto de lo que lees, revisa el contexto histórico. ¿Es una promesa? ¿Un mandamiento? ¿un ejemplo a seguir? ¿una advertencia? ¿Cómo podrías aplicarlo a tu vida?

4. Ora pidiendo dirección a Dios, recuerda que el corazón contrito y humillado nunca será despreciado por Dios (Salmo 51:17), pide humildemente sabiduría para comprender las Escrituras.

Recuerda que la Palabra de Dios nunca vuelve vacía (Isaías 55:11).

¡Porque Él vive!

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LOS SACRIFICIOS QUE AGRADAN A DIOS

LOS SACRIFICIOS QUE AGRADAN A DIOS

Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros. Salmo 51:19

¿Qué es lo que realmente agrada a Dios? Pueden ser variadas las respuestas que se pueden dar a esta pregunta, sin embargo, existe una excelente respuesta dada en 1 Samuel 15:22: “Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros”.

Un corazón obediente y dócil es lo que agrada a Dios. Podemos hacer muchas cosas, podemos hacer grandes sacrificios, podemos ofrecer los mejores cantos de adoración y alabanza; pero si no hay obediencia a La Palabra de Dios, todo eso es vano y desagradable para Dios. Puede ser de agrado para nosotros mismos, pero difícilmente le agradará a Dios.

Cuando participamos de un culto de adoración no es para agradarnos a nosotros, es para agradar a Dios y honrar a Su Nombre. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

“Entonces te agradarán los sacrificios de justicia”, ¿Cuándo Le agradarán esos sacrificios de justicia? Cuando el pecador se allega a Dios con un corazón contrito y humillado, cuando entiende su verdadera condición delante de Dios, cuando se arrepiente de su pecado y cuando es restaurado por La Palabra de Dios; entonces presentará sacrificios de justicia que agraden a Dios. Al instituir los sacrificios y holocaustos, el israelita piadoso, entendía perfectamente que el animal que se sacrificaba era un sustituto, él entendía que la muerte del cordero era su propia muerte, él comprendía que era su pecado lo que producía la muerte de ese inocente cordero.

Eran pocos los israelitas que ofrecían sacrificios, conscientes de su verdadera situación, muy pocos ofrecían sacrificios con un corazón sincero y valorando el verdadero significado y beneficio de estos sacrificios. Se volvieron ritualistas vacíos, indolentes e hipócritas. Dios no recibirá un sacrificio de personas así.

En la Palabra de Dios encontramos todo lo que Dios pide de nosotros, de modo que podamos ofrecer lo que a Él le agrada. Si quieres agradar realmente a Dios esto es lo que Él pide de cada uno de nosotros: “Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien? (Deuteronomio 10:12-13). “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado, oíd en derecho al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1:16-17). Estas son las exigencias del Dios Soberano y Eterno, toda criatura debe responder en obediencia y sus hijos con mayor razón, de modo de ofrecer una adoración que sea agradable a Él.

¡A Dios la Gloria!

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HAZ BIEN CON TU BENEVOLENCIA A TU PUEBLO
Haz bien con tu benevolencia a Sión: Edifica los muros de Jerusalem. Salmo 51:18
Todo creyente, siempre tendrá un área de influencia, ya sea en su familia, con sus amigos, con algún hermano menor, etc., nuestra vida, en algún momento, se relacionará con otros y, por ende, habrá algún tipo de comunicación que nos identifique como cristianos. Nuestra identificación con Cristo, nos debe mover a actuar como Él y a obedecer Su Voluntad; esta forma de conducirnos nos hace ser “sal de la tierra y luz del mundo”. En el antiguo oriente, eran bien conocidos los efectos de la sal, un preservante natural. También era bien conocido la importancia de la luz en las oscuras noches orientales. La luz era valiosa para una cultura donde la oscuridad tenía un significado amedrentador. Entonces, la vida de un verdadero creyente, siempre tendrá un área de influencia.
Este Salmo es la oración de un hombre arrepentido, que ha pecado contra Dios. Como lo expresa en el verso 4: “A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”. David está consciente que su pecado es personal contra Dios, pero también lo afecta como esposo, padre y rey de Israel. Esto es un poderoso llamado de atención para quienes ejercen algún tipo de liderazgo en su familia, iglesia o amigos. Nos debe llenar de temor y temblor, pensar que no sólo seremos afectados nosotros por el pecado de adulterio u otro de connotación social; también afectaremos a nuestro entorno. La iglesia será afectada, la familia será tocada, nuestras relaciones se verán dañadas, etc. Debemos estar muy conscientes de la consecuencia natural del pecado, siempre afectaremos a otros; sobre todo si somos miembros de una iglesia local.
“Haz bien con tu benevolencia a Sión” esta es la frase de un hombre que ha sido restaurado por Dios y que refleja el cambio en su corazón. Él pecó siendo rey de Israel y ahora está pidiendo humildemente que Dios muestre su bondad y compasión por su reino. “No sabemos si hubo una obvia demostración del desagrado de Dios en contra del Reino de Israel en el período del pecado sin confesar de David. Si así fuera o no, David entendió que había un aspecto de restauración en términos de que el reino necesitaba ser tratado” (es.endurignword.com).
“Edifica los muros de Jerusalem”, el pecado siempre daña algo, rompe algo o destruye algo. Esta es la petición a Dios que restaure aquello que el pecado dañó. Un corazón arrepentido sinceramente, rogará para que Dios reconstruya lo dañado y él se pondrá en las Manos del SEÑOR, para que sea usado como instrumento de edificación. Un corazón contrito y humillado, al cual Dios perdona y restaura, puede ser usado para enseñar a otros. Aún aquello que es abominable, como el pecado, Dios lo usa para beneficio de Su pueblo. Es absolutamente admirable la maravillosa obra del SEÑOR, para aquellos que le aman. “Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28).
¡A Dios la Gloria!

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EL PUEBLO DE DIOS ADORA EN SUS HOGARES

EL PUEBLO DE DIOS ADORA EN SUS HOGARES

“Y todo el pueblo se fue cada uno a su casa; y David se volvió para bendecir su casa”1 Crónicas 16:43

La adoración a Dios debiera ser la obra de cada día. No sólo, en el culto congregacional, sino también en el culto familiar. Dios debe ser adorado en tiempos de paz y en tiempo de pruebas. En las pruebas, Él realiza la obra más maravillosa en Sus hijos: Dios en su soberanía, nos moldea a la imagen de Cristo, Él tiene derechos sobre nosotros, así como el alfarero sobre el barro. No encuentro algo superior a esto: que Dios nos esté conformando a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:28-29). Es una bendición saber que estamos siendo moldeados a la imagen de Cristo y a veces, sino la mayoría de las veces, Dios usa la prueba y el sufrimiento para este sublime propósito. Cada creyente debiera adorar a Dios en familia porque Dios nos tiene en paz o porque Él nos está haciendo pasar por alguna prueba.

El rey David trajo el arca del pacto a una tienda especial que él había preparado, este fue un día glorioso, fue un día solemne, de gozo y alegría, donde todo el pueblo alabó a Dios (1Crónicas 16:36). David, por inspiración del Espíritu Santo, compuso un hermoso salmo de acción de gracias y lo entregó a los jefes de los cantores, para que fuese cantado en esta ocasión. En este salmo de alabanza y adoración encontramos muchos motivos por qué adorar a Dios y nos insta a reconocer Sus bondades y misericordias. Después que todo el pueblo adoró a Dios, cada uno se fue satisfecho a su casa. Sin duda, el culto congregacional produce gozo, alegría, somos edificados por La Palabra de Dios, compartimos en comunión, podemos orar unos a otros, etc., ¡tiene tantos beneficios el culto congregacional! En cuanto podamos retomar el culto congregacional, que sea como este hermoso tiempo de gozo narrado en este capítulo. “No dejando nuestra congregación, como alguno tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).

“David se volvió para bendecir su casa” No hay motivo alguno para pensar que el culto congregacional, reemplace el culto familiar. Todos los padres creyentes, debemos tomar este ejemplo de David. Es una gran bendición familiar, reunirnos para alabar a Dios en casa. Es una práctica que trae bendición familiar. El arca del pacto, la cual es un símbolo de Cristo, estuvo por tres meses en casa de Obed-edom y le trajo bendición. Así como el arca bendijo la casa de Obed-edom (1Crónicas 13:14), Cristo bendecirá nuestro hogar. Todo padre cristiano debiera bendecir su casa, haciendo de Cristo el centro de adoración en el hogar. Tengamos la misma determinación de Josué, “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

¡A Dios la Gloria!

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NO QUIERES SACRIFICIO

NO QUIERES SACRIFICIO
“Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.” Salmo 51:16
Hace muchos años atrás, cantábamos con el coro de niños un villancico que tenía por nombre ¿Qué puedo darle?, su letra decía mas o menos así “¿Qué puedo darle? pues pequeño soy, quizás un cordero si fuera yo pastor, si fuese un rey mago oro daría yo, ya sé que daré, le doy mi corazón”. Probablemente esto resonaba en la mente de David al escribir este verso y por tanto, podemos preguntarnos ¿Podremos hacer o entregar algo que pudiera pagar todo lo que nuestro Dios ha hecho por nosotros?
Lamentablemente la respuesta es NO. Muchas veces por ignorancia creemos que realizar algunas actividades religiosas como congregarnos, participar de los estudios bíblicos o ponernos a disposición para el aseo o participar de algún trabajo en el templo o entregar nuestra ofrendas o diezmos podría ser considerarse como una retribución o pago hacia a Dios. De hecho, una vez le preguntaron a Jesús cuál era el mayor mandamiento de la Ley. A lo que Él respondió: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-32; cf. Mateo 22:37-39). Por tanto, lo que Dios quiere es muy sencillo: Nos quiere a nosotros. Todo nuestro servicio a Dios debe fluir de esos dos mandamientos de amor, de lo contrario no es un servicio real, se transforma en un esfuerzo carnal.
Dios quiere que confiemos en Jesús como Salvador y Señor (Filipenses 2:9-11). Llegamos a conocer a Jesús al arrepentirnos de nuestro pecado y aceptarlo como nuestro sacrificio personal (Romanos 10:9; Juan 1:12). Dios quiere que “nos conformemos a la imagen de Su Hijo” (Romanos 8:29). El Padre quiere que todos Sus hijos sean como Jesús. Así como Jesús fue obediente al Padre en todo, la meta de todo hijo de Dios debe ser obedecer a nuestro Padre Celestial (Juan 8:29).
Muchas personas, como los fariseos en tiempos de Jesús, tratan de colocar la acción externa antes que el cambio interior del corazón (Lucas 11:42). Ponen toda la atención en lo que hacen y no en lo que son. Pero, a menos que el amor a Dios sea nuestra motivación, las demostraciones externas de bondad sólo resultan en orgullo y legalismo. Nada de esto agrada a Dios. Cuando nos rendimos totalmente a Él, Su Espíritu Santo nos empodera para amar a Dios plenamente y servirle de forma correcta. El verdadero servicio y la santidad son simplemente la obra del Espíritu, el resultado de una vida dedicada para la gloria de Dios. Cuando nos centramos en amar a Dios en vez de simplemente servirle, acabamos haciendo ambas cosas. Si omitimos la relación, nuestro servicio no sirve de nada y no beneficia a nadie (1 Corintios 13:1-2) (Got Questions)
Resumamos toda la reflexión en un solo versículo Proverbios 23:26 “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos”.
¡Porque Él Vive!

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SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE

SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE

“Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.” Salmo 51:15

Esta es una petición muy sencilla pero muy profunda. Durante el día abrimos nuestra boca recurrentemente para saludar, conversar, comer, discutir, llegar acuerdos, juzgar, chismear, entre otras cosas. Hay un dicho que dice que, “somos presos de nuestras palabras” y probablemente es porque utilizamos nuestra boca, nuestros labios y nuestra lengua con tanta facilidad, que olvidamos que nuestro principal propósito debería ser abrir nuestros labios para alabar y glorificar a Dios por Su infinita misericordia y bondad para con nosotros (Salmo 139:14).

La Biblia nos exhorta tanto en el antiguo como en el nuevo testamento a que, los dichos de nuestra boca sean agradables y dignos del título que exhibimos “hijos del Rey de reyes y Señor de señores”. David dice “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” Salmo 19:14. También el apóstol Pablo nos dice que, nuestra boca debe hablar con gracia, sin ofender ni dañar a otros como muchas veces nos equivocamos por falta de madurez espiritual. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno” Colosenses 4:6

Los hijos de Dios debemos distinguirnos por utilizar nuestra boca para hablar lo que es espiritual, sano, veraz, apropiado, amable, sensible, con propósito, edificante para nuestros hermanos, es decir, que sea una fuente de bendición para quienes nos escuchan, de tal forma que podamos ser una influencia purificadora dentro de nuestro entorno. “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes” Efesios 4:29. En otras versiones de la Biblia, en vez de utilizar la palabra “torpe” para el versículo anterior, se ocupa la palabra “corrompida” que se refiere a algo que pudre su entorno. Un ejemplo de esto es utilizar un lenguaje sucio, con groserías y doble sentido, el cual nunca debería pasar por los labios de un cristiano, pues es absolutamente incompatible con el carácter de un hijo de Dios.

Amados, que nuestras conversaciones sean como Dios quiere, con gracia, sazonadas con sal, como siempre lo demostró Jesús. Debemos suplicar a Dios que nuestra boca se abra exclusivamente para alabarle y exaltar Su nombre. Procuremos que nuestros labios no se cansen de agradecer por Cristo, pues por Su sangre hemos recibido salvación y que nuestra lengua nunca deje de proclamar las buenas nuevas para que, todos puedan reconocer que Jesucristo es el Señor.

¡Porque Él Vive!

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