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UN SIERVO QUE DESEA LA PALABRA DE DIOS

UN SIERVO QUE DESEA LA PALABRA DE DIOS

“Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos. Tu siervo soy yo, dame entendimiento; para que sepa tus testimonios.”
Salmo 119: 124-125.

Existen varias ramas del saber que se centran en obtener el máximo de conocimiento en el área de estudio. Es así que, en la teología, las ciencias, la literatura, filosofía, etc., existen personas que han dedicado su vida entera para dilucidar los misterios de la disciplina que estudian. Producto del estudio y la investigación, llegan a tal grado de erudición, que se vuelven expertos en esos temas y son requeridos para expresar sus opiniones o simplemente, para ampliar el conocimiento. En la actualidad, gracias al uso de internet, podemos acceder a mucho conocimiento; nos hacemos “seguidores” de algunos eruditos, consultamos sus páginas y nos vamos enriqueciendo del conocimiento de ellos.

Sin embargo, el salmista nos enseña que el mejor conocimiento viene directamente de Dios. Si bien es cierto que, podemos ver a Dios en todo lo creado, no es lo mismo conocerle más íntimamente, así como Él se ha revelado en Su Palabra. El conocimiento más profundo e íntimo que podamos obtener de Dios lo encontramos en Las Escrituras. “Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos”, es una demostración de la misericordia de Dios, cuando aprendemos de Él a través de La Biblia; podemos agregar, además, que La Biblia es demostración de la gran misericordia de Dios para con Su pueblo y para toda la humanidad.

La petición del salmista denota gran humildad y un conocimiento adecuado de sí mismo. “Yo sólo soy un siervo, o un esclavo”, alguien que depende totalmente de su amo o su señor. Él ruega para que Dios tenga misericordia y le enseñe sus estatutos. ¡Qué maravillosa forma de expresar lo valioso del conocimiento de La Palabra de Dios! Es como decir: “Yo sólo soy un simple esclavo tuyo, por favor ten misericordia de mí, y enséñame Tu Palabra, este es el mejor pago para mi servicio”.

“Dame entendimiento; para que sepa tus testimonios” algunos han dedicado su vida entera para entender algunas cosas, años de conocimiento acumulado para saber cómo funciona el universo, el cuerpo humano, etc. Pero, aquí tenemos la petición más importante para todo ser humano. No quiero tanto entendimiento para conocer el futuro o para resolver los grandes misterios de las ciencias o para conocer al alma humana, lo que está pidiendo es: “entendimiento para conocer mejor los testimonios de Dios”. El entendimiento de La Palabra de Dios es el conocimiento más sublime, pues nos puede llevar a una sabiduría más elevada y a una mejor comprensión de la vida. “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero dice Jehová” (Jeremías 9:23-24).

¡A Dios la Gloria!

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NO APARTARÉ MIS OJOS DE TU PALABRA

NO APARTARÉ MIS OJOS DE TU PALABRA

“Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia.
Salmo 119:123

La actitud de un cristiano verdadero es su perseverancia. El verdadero hijo de Dios, no anda con un pie adentro y otro afuera, o es fiel por un rato y luego se va al mundo. Estas NO son las características del verdadero creyente. La actitud de quien ama a Cristo es mantener su mirada fija en Él; “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Mantenemos la mirada en nuestro Salvador, porque sólo en Él encontramos todo lo necesario para mantenernos fieles. Vemos a Cristo, cuando estudiamos Su Palabra. Por lo tanto, es un perfecto paralelo decir: “si tenemos nuestros ojos puestos en la Palabra de Dios, estamos mirando constantemente a Cristo”. Son Las Escrituras las que dan testimonio de Jesucristo (Juan 5:39).

“Mis ojos desfallecieron por tu salud” Spurgeon comentó lo siguiente de esta frase del salmista: “Miró sólo a Dios, miró ansiosamente, miró mucho, miró hasta que le dolieron los ojos”; esto nos habla de perseverancia. El salmista se mantiene mirando hasta el final al Señor o como dice otra versión “mis ojos se consumen esperando tu salvación”. La seguridad del creyente está en Cristo y en la salvación provista por Él. Tenemos una esperanza viva y estamos confiados en esto que, la salvación pertenece a Jehová (Jonás 2:9b) y sabemos que es segura y eterna. Mientras estemos en este mundo, mantendremos nuestros ojos en Él, esperando aquél día, cuando seamos transformados para estar con Él y disfrutar de Su presencia en los cielos.

Esperar en la Palabra de Dios, es mantenernos confiando en Sus promesas y obedeciendo los “dichos de Su justicia”, es muy notable el amor que el salmista le tiene a La Palabra de Dios. Así como mantendrá sus ojos mirando al Señor de su salvación, también mantendrá la mirada puesta en Su Palabra y en obediencia a Ella. El salmista espera en la justicia de la Palabra de Dios y en la salvación asegurada por esa Palabra. No podemos disociar o separar a Cristo de Su Palabra. “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta: Él dijo, ¿y no lo hará?; habló ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19).

Hoy vemos cómo avanza la maldad, la iniquidad va ganando terreno cada vez más. La apostasía ha alcanzado a la iglesia, la tibieza espiritual está casi generalizada, algunos han tranzado las verdades bíblicas para agradar a los hombres y otros predican para su propia conveniencia; falsos maestros por doquier y la gente amontonada prefiere este tipo de enseñanza: liviana y sin compromiso. Estos sin indicadores de los últimos tiempos, sigamos mirando a Cristo, aunque nuestros ojos desfallezcan, sigamos esperando en Él y en el poder de Su Palabra.

¡A Dios la Gloria!

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NO ME DEJES EN MANO DE MIS ENEMIGOS

NO ME DEJES EN MANO DE MIS ENEMIGOS

“Juicio y justicia he hecho; no me dejes a mis opresores. Responde por tu siervo para bien: No me hagan violencia los soberbios. “
Salmo 119: 121-122

Esta es una hermosa oración, muy atingente a estos tiempos. Estamos viviendo tiempos difíciles, donde vemos a muchas personas contrarias al evangelio de Cristo, los cuales oprimen a los hijos de Dios y los persiguen. El mundo, con todo su sistema de pensamiento e ideologías, está oprimiendo a los verdaderos creyentes. La búsqueda constante de un verdadero creyente es hacer lo correcto delante de Dios, se esfuerza por agradar a Dios, por lo que, toda su vida da testimonio de agradar siempre al Señor. Sin embargo, es odiado porque rige su vida según los valores bíblicos y en obediencia a Las Escrituras.

“Juicio y justicia he hecho; no me dejes a mis opresores”, el salmista no está diciendo que tiene una vida sin pecado o que nunca ha cometido un error, lo que está expresando es que él conoce su vida y sabe que ha caminado por el camino de la rectitud y de la obediencia a La Palabra de Dios. Su vida da evidencia que practica lo que dice la Palabra de Dios; no como un esfuerzo farisaico y sin sentido, sino como un acto de adoración y amor a Cristo. Jesús dijo: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.” (Juan 14:23).

Hemos sido separados del mundo para seguir la justicia y la paz, y debemos caminar por este camino. Esta separación natural con el mundo nos hace diferentes a ellos y como no podemos ser amigos del mundo nos constituimos en enemigo de él. Sabemos muy bien que el mundo no practica la justicia, ni nada que tenga que ver con los valores bíblicos. Hoy, vemos con mucha tristeza como avanza la maldad y, cada vez más, estamos siendo oprimidos por practicar los valores bíblicos. Nos unimos al ruego del salmista, “no me dejes a mis opresores” o “no me abandones a mis opresores”. No permitas que aquellos que niegan tu Palabra, aquellos que odian los valores bíblicos, sigan avanzando y tomando más notoriedad en el mundo.

“Responde por tu siervo para bien: No me hagan violencia los soberbios”, este es uno de los versos en que no se nombra la Palabra de Dios, en este salmo que está dedicado completamente a Su Palabra. Dice el teólogo James Boice: “El hecho de que la Biblia no se mencione aquí, en el versículo 122, puede ser una indicación de la profundidad de la angustia mental en la que cayó el salmista como resultado de la opresión que había soportado por parte de hombres inicuos. Por un momento, sus ojos parecen estar fuera de la Biblia y estar en sus feroces opresores”. En ocasiones, nos sentimos de la misma forma, cuando vemos el avance de la iniquidad, y como los impíos y soberbios logran sus cometidos, sin embargo, debemos mantenernos firmes y valientes, confiando en Las Escrituras, porque sabemos que muy pronto viene la recompensa.

¡A Dios la Gloria!

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UNA REALIDAD DE LA QUE NO PODEMOS HUIR

UNA REALIDAD DE LA QUE NO PODEMOS HUIR

“Y ACUÉRDATE de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento”
Eclesiastés 12:1

El libro de Eclesiastés nos da la oportunidad a los cristianos de ver al mundo a través de los ojos de una persona que, aunque muy sabia, está tratando de encontrar el sentido de la vida en las cosas humanas y temporales. Luego de una larga reflexión donde Salomón buscó en las profundidades de la experiencia humana. El predicador revela la depresión que inevitablemente resulta de buscar la felicidad en las cosas del mundo. Él de todo en todo examinó el vacío y la inutilidad de la vida. La mayor parte de los placeres mundanos son explorados por él, y ninguno le proporciona un sentido significativo a la vida. El final del discurso es que el predicador llega a aceptar que la fe en Dios es la ÚNICA manera de encontrar el significado personal. Él decide aceptar el hecho de que la vida es breve y en última instancia, inútil sin Dios.

La Palabra de Dios nos recuerda una verdad que no podemos ocultar y tampoco negar, tarde o temprano NUESTRA VIDA ACABARÁ. El salmista David lo dice con claridad “El hombre, como la hierba son sus días, Florece como la flor del campo. Que pasó el viento por ella, y pereció: “Salmo 103: 15 y 16. Todos envejecemos y nuestro cuerpo pierde su agilidad y su vitalidad hasta llegar a morir. Aquellos que no tienen una fe salvadora en Cristo, se enfrentan con una vida que en última instancia terminará y se volverá irrelevante. “La vida no es sino una sombra de las glorias por venir en un cielo que solo es accesible a través de Él” (enduringword). Si no hay salvación, y no hay Dios, entonces no sólo la vida no tiene sentido, sino que tampoco hay un propósito o dirección para ella. El mundo “bajo el sol”, SIN DIOS, es frustrante, cruel, injusto, breve, y “carente de sentido”.

Por eso, ante esta realidad, debemos acordarnos del Señor y buscar Su salvación por medio de Cristo, quien está dispuesto a perdonar nuestros pecados y nos dará la salvación eterna y segura para nuestra alma. Quien busca a Dios con un corazón contrito y humillado le encontrará; es Su promesa y Él la cumplirá “Mas si desde allí buscares á Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma. Cuando estuviereis en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres á Jehová tu Dios, y oyeres su voz; Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres que les juró” Deuteronomio 4:29 al 31.

Sabemos que buscar a Dios no siempre es fácil, no porque Dios sea esquivo, sino porque nuestra mente y corazón están desbordados de PECADO, estamos saturados de mentiras y engaños sembrados por Satanás (Jeremías 17:9; Santiago 1:13-15). Por eso nuestra única esperanza es Dios y debemos buscarle mientras pueda ser hallado (Isaías 55:6). La buena noticia es que cuando recibimos a Cristo de todo nuestro corazón, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad (1 Juan 1:9)

¡Porque Él vive!

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EL ALIMENTO PARA EL ALMA

EL ALIMENTO PARA EL ALMA

“Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo pan vivirá el hombre, mas con toda palabra que sale de la boca de Dios” Mateo 4:4

Jesús se identifica con los pecadores, aunque Él era sin pecado. Primero se identifica en su bautismo y luego en la tentación en el desierto. El Espíritu lo condujo al desierto para ponerlo a prueba. “Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:12)

Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches tuvo hambre y Satanás se acercó a tentarle, “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se hagan pan”. El Todopoderoso Cristo tenía muchas opciones para combatir este ataque satánico, Él tenía muchas armas a su disposición para pelear y vencer. Podría haber rogado al Padre y tener a su disposición millares de ángeles. Pudo haberlo vencido descubriendo su propia gloria, esa luz refulgente y cegadora habría puesto a Satanás de rodillas. Sin embargo, Él tomo la espada del Espíritu: “Escrito está”. Podemos estar muy seguros que el uso de Las Escrituras, es un arma infalible para derrotar las tentaciones del enemigo. El valor de Las Escrituras no es visto únicamente en la enseñanza pública o cuando se hace defensa de ella en presentaciones apologéticas en busca de la verdad. También puede ser usada eficazmente cuando el hijo de Dios, está pasando por aflicciones personales; su silbo apacible y delicado es igual de poderoso en el desierto solitario de nuestras vidas.

Normalmente, las luchas del cristiano son libradas en su propia mente, y es allí donde debe aplicar todo el Poder de La Palabra de Dios para vencer las dudas, cuestionamientos y congojas. Las contiendas de un verdadero creyente son usualmente desconocidas para las demás personas. Es por esto que debemos saturar nuestra mente de La Palabra de Dios, para que cuando vengan a nosotros las tentaciones podamos responder como nuestro Señor: “Escrito está”.

Lo segundo que debemos aprender de la tentación de Jesús, es que Él usó Las Escrituras para defenderse de la duda que Satanás quería poner a su calidad de Hijo de Dios: “Si en verdad eres Hijo de Dios”. Jesús no razonó con el tentador, sólo le dijo “Escrito está”; no presentó sus credenciales como Hijo de Dios, no trajo a su memoria evidencias para demostrar su calidad de hijo de Dios. Sólo usó Las Escrituras. Hermano, cuando estés en esta tentación, si el mundo se burla de ti, si tus amigos y familiares quieren hacerte dudar de tu condición de cristiano, nunca salgas del sólido fundamento de La Palabra de Dios. No bases tu seguridad en tus emociones, sino en la poderosa declaración de la Biblia: “Escrito está”: “Mas a todos los que le recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Juan 1:12).

Lo tercero que aprendemos es que Las Escrituras es el mejor alimento para nuestras almas. “No con sólo pan vivirá el hombre”; esto implica que no sólo somos materia. Con esta declaración Jesús está ratificando que el ser humano tiene un alma y que esa alma sólo
puede ser saciada por La Palabra de Dios. Es en La Palabra de Dios que encontramos a Cristo y es Él quien sacia toda hambre del alma. “Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nuca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).

¡A Dios la Gloria!

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TEMOR A TU PALABRA

TEMOR A TU PALABRA

Como escorias hiciste consumir á todos los impíos de la tierra: Por tanto yo he amado tus testimonios. Mi carne se ha extremecido por temor de ti; Y de tus juicios tengo miedo.
Salmo 119: 119, 120.

La Palabra de Dios tiene un efecto purificador en la vida de quienes se allegan a Ella con un corazón contrito y humillado. El pecado es la escoria del mundo y quienes NO se someten y obedecen a los mandamientos de Dios son engañados sagazmente, por imitaciones baratas de satisfacción y deleites superficiales. La Sangre de Cristo es LA única manera de limpiar completamente el pecado, la Sangre de Cristo es la única que puede purificar nuestro mundo “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia” Efesios 1:7

Mientras el salmista consideraba los justos juicios de Dios, miraba a su propia vida y comprendía que no era del todo justa. Esta sensación de estremecerse de temor lo haría correr a Dios en busca de Su sacrificio expiatorio. El temor del Señor es el temor puro, no es el miedo que tiene un esclavo a su amo, es el temor reverente que nos libra de peligros, nos guarda del mal y nos limpia, pues nos hace huir del pecado. El temor del Señor nos hace amar Sus reprehensiones cuando Su Palabra nos confronta, nos hace aceptar el castigo y nunca apartarnos de nuestro Señor. Entonces este temor puro, no tiene nada que ver con el temor que nos habla 1 Juan 4:18 que dice “En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor”, este temor se relaciona con el miedo al castigo eterno, del cual los hijos de Dios somos libres por el amor de Cristo, este temor con total certeza podemos decir que es expulsado por el amor perfecto y eterno de nuestro Creador.

Cuando reverenciamos, respetamos y obedecemos La Palabra de Dios somos limpios de todo pecado, pues ella santifica nuestros corazones, Juan. 17:17 dice “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad”. Cuando nos enfrentamos a La Biblia no hay forma de que ella no penetre hasta lo más íntimo de nuestra alma, llegando a cada rincón de nuestra mente y corazón para quitar completamente el pecado de nuestra vida. El autor de la carta a los Hebreos lo aclara de esta forma “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (4:12), el profeta Isaías (55:12) nos dice “Así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá á mí vacía”.

“Solo cuando temblemos ante el Dios santo y exaltado, veremos que el mundo y sus valores distorsionados son las cosas vacías que son. Si no temblamos ante Dios, el sistema del mundo nos parecerá maravilloso y nos consumirá gratamente” (Boice, citado en enduringword)

¡Porque Él vive!

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SOSTENME Y SERÉ SALVO

SOSTENME Y SERÉ SALVO

“Sosténme, y seré salvo; Y deleitaréme siempre en tus estatutos. Hollaste á todos los que se desvían de tus estatutos: Porque mentira es su engaño.”
Salmo 119: 117, 118

La versión Internacional (NVI) de la Biblia traduce el verso 117 “Defiéndeme, y estaré a salvo; siempre optaré por tus decretos”. Esta es la segunda petición pidiendo apoyo de Dios en esta sección, si la anterior petición decía “SUSTENTAME” ahora dice “SOSTENME” y aunque ambas palabras son sinónimos, lo significativo es la constante dependencia de Dios demostrada en las oraciones del Salmista, quien el recibir este apoyo y seguridad afirma que los usaría para una mayor obediencia a Dios.

Depender de Dios es fundamental en la vida cristiana. Dependemos de Dios para nuestra salvación (Efesios 2:8-9). Dependemos de Dios para la sabiduría (Santiago 1:5). De hecho, dependemos de Dios para todo (Salmo 104:27) y en todo (Proverbios 3:5-6). El salmista nos enseña su triple confianza en Dios “El Señor, roca mía y castillo mío, y mi libertador” (Salmo 18:2). “David tenía miedo de tres cosas: Primera, una gran tentación fuera; porque la tentación sopla sobre el creyente de los cuatro vientos. Segunda, una gran corrupción dentro. Tercera, ejemplos de otros hombres dignos que habían caído antes, que han sido escritos para nosotros; no que hayamos de aprender a caer, sino a temer para no caer. Estos tres deben tenernos siempre humildes, conforme a la advertencia: «quien piense estar firme, mire no caiga.»” (Wm. Cowper)

Depender sólo de Dios no significa que actuemos con insensatez. Jesús no necesitó saltar del pináculo del templo para “demostrar” que dependía de Dios (Mateo 4:5-7). Pero debemos tener claridad que, NO hay dependencia de Dios si no hay humildad y obediencia. Quien desee la guía del Espíritu Santo debe someterse a Dios y Su Palabra sin cuestionamiento alguno. Por lo anterior, en muchas ocasiones Dios utiliza la disciplina severa para someter nuestro corazón, pues cuando estamos afligidos es cuando comenzamos a alejarnos de aquellas superficialidades terrenales y nos acercamos con un corazón contrito y humillado a los pies de Cristo, quien nos toma con Su mano para sostenernos y evitar nuestra caída. “Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé” Isaías 41:13

Finalmente, el salmista habla del autoengaño de los impíos, muchos creen en sus propias mentiras, buscando la satisfacción y el deleite de la vida en el pecado, lo cual el pecado les promete engañosamente. Lamentablemente aquellos que NO consideran a Dios y Su Palabra les espera juicio, el que tarde o temprano llegará a ellos y ya será demasiado tarde. “Buscad á Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” Isaías 55:6,7

¡Porque Él vive!

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YO GUARDARÉ LOS MANDAMIENTOS DE MI DIOS

YO GUARDARÉ LOS MANDAMIENTOS DE MI DIOS

“Apartaos de mí, malignos; Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme á tu palabra, y viviré: Y no me avergüences de mi esperanza.”Salmo 119:115, 116

Con gran fuerza y valentía leemos que el Salmista da un giro en su poesía para dirigirse a los malignos, es decir a aquellos que le habían amedrentado, perseguido o mal influenciado. En este sentido es importante que comprendamos que en muchas ocasiones por amor a Dios y Su Palabra tendremos que alejarnos de personas que podrían ser de tropiezo para nuestro crecimiento espiritual. Debemos ser muy sabios en la elección de nuestros amigos, pues Satanás utiliza a aquellas personas para atacar soslayadamente a los escogidos que NO caminan apercibidos. “Todo hombre contraerá insensiblemente las buenas o malas cualidades de la compañía que mantiene; y debe, por tanto, tener cuidado de conservar a aquellos que lo hagan más sabio y mejor, y que lo capaciten para la buena comunión con santos y ángeles” (Horne).

La segunda frase de este verso “Pues yo guardaré los mandamientos de Dios” me hace recordar las palabras de Josué cuando el pueblo de Israel se trasladaba a la Tierra Prometida, ellos se estaban preparando para establecer sus hogares, cuando Josué lanzó un reto fuerte y con convicción para todas las familias. ¿Que Dios o dioses van a servir? ¿Servirán a los dioses de Egipto, donde fueron esclavizados? ¿Servirán a los dioses adorados por los diversos pueblos que han encontrado en la Tierra Prometida? ¿O servirán al Dios que los sacó de la esclavitud en Egipto, los guió a través de los años de vagar en el desierto y los trajo a la Tierra Prometida? Ellos tenían que decidir, y su decisión haría toda la diferencia en el mundo, no sólo para sus vidas sino a toda su historia.

El salmista tenía claro que escoger, el decide guardar los mandamientos de Dios, pues era el lugar mas seguro y confortable para disfrutar de gozo eternal. El salmista sabía que no podía estar delante de sus enemigos sin que Dios lo sostuviera. Sin este apoyo continuo de Dios, no podría vivir ni física ni espiritualmente. Sin Dios NADA podemos hacer y Jesús lo dijo con claridad a Sus discípulos (Juan 15:5). Sin la dirección y guía de la Palabra de Dios somos como ovejas sin pastor y tenemos asegurada la caída al mas profundo abismo del mal. El profeta Oseas (4:6) escribe “Mi pueblo fue talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”. Cuando escogemos guiar nuestra vida por el orgullo, la soberbia, dejando de lado el consejo de Palabra de Dios es cuando somos mas vulnerables a ser TALADOS, engañados por cualquier doctrina falsa que sea agradable a nuestros ojos o a nuestros sentimientos.

Finalmente, la esperanza del Salmista estaba bien cimentada, su confianza, fortaleza y escudo era Dios y Su Palabra y no se cansa de repetirlo en este salmo (Versos 43, 49, 74, 81, 114). Cuando toda nuestra esperanza está puesta en las Manos de Dios podemos disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento, pues el Creador y Sustentador de todas las cosas está de nuestro lado.

¡Porque Él Vive!

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MI ESCONDEDERO Y MI ESCUDO

MI ESCONDEDERO Y MI ESCUDO

Mi escondedero y mi escudo eres tú: En tu palabra he esperado. Salmo 119:114

Cuando el salmista cita la palabra “escondedero” se refiere a un lugar o sitio apropiado para esconder o guarda algo de manera segura. Por su parte, un escudo es un arma defensiva que se llevaba en el brazo para cubrirse y resguardarse de las agresiones y ataques del enemigo. En la Biblia encontramos diferentes menciones para la palabra escudo, Ezequiel 23:24; 1 Crónicas 5:18; Nehemías 4:16, Salmo 35:2, etc. más entre todas ellas, las más significativas son aquellas donde Dios dice de Si mismo que es el único escondite confiable y seguro para darnos tranquilidad y resguardo. “Dios, perfecto su camino: La palabra de Jehová purificada, Escudo es de todos los que en él esperan” 2 Samuel 22:31.

Spurgeon dice de este verso “Este es un versículo de experiencia, y testifica de lo que el escritor sabía de su propio conocimiento personal: no podía luchar con sus propios pensamientos, o escapar de ellos, hasta que volara hacia su Dios, y entonces encontraría liberación. Observen que él no habla de la palabra de Dios como su doble defensa, sino que lo atribuye a Dios mismo”.

El Dios que el salmista conocía tan bien a través de Su palabra se convertía en un refugio en tiempos difíciles. La esperanza que tenía en La Palabra de Dios no fue iniciada por un mero conocimiento académico o intelectual; se basaba en una relación y seguridad en Dios mismo, fruto de una intensa intimidad con su Creador. El salmista sabía de sufrimientos y angustias en lo secreto, por esto le llama MI ESCONDEDERO, porque cuando estamos tristes y sin esperanza, angustiados y sin saber dónde ir, entonces el Señor nos esconde. Por otro lado, cuando vienen momentos en que somos atacados sagazmente por el enemigo, entonces el Señor es nuestro ESCUDO Y PROTECCION. ¿Podrá existir algo más tranquilizador que tener eternamente y en cada momento de nuestra vida un seguro lugar de resguardo y un escudo que nos defiende de las brutales agresiones malignas?

En el salmo 91:4 encontramos una mención similar de protección y resguardo cuando Salmista dice “Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro: Escudo y adarga es su verdad” Debemos notar que, si deseamos estar seguros, cubiertos por Sus plumas, resguardados bajos Sus alas y protegidos de los ataques del cazador, nuestra única esperanza es apropiarnos de “LA VERDAD”. La verdad nos protege, nos hace libres (Juan 8:32), es decir elimina el temor y la vergüenza; La verdad nos santifica (Juan 17:17), es decir nos libra del pecado; La verdad nos libra del engaño y de la mentira (Efesios 6:14). Por esto Jesús nos dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), la única fuente confiable de seguridad y protección es Cristo, quien se ha revelado a nosotros por Su Palabra, Él es el único camino a la verdadera seguridad y protección.

¡Porque Él vive!

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LOS PENSAMIENTOS VANOS ABORREZCO

LOS PENSAMIENTOS VANOS ABORREZCO

Los pensamientos vanos aborrezco; Mas amo tu ley. Salmo 119:113

Comenzamos esta nueva sección identificada con la decimoquinta letra del alfabeto hebreo, Samek. En varias versiones este verso se traduce como “Aborrezco a los hombres hipócritas; Mas amo tu ley” (RVA 1960; NVI). Al respecto el teólogo James Boice escribe “Las personas hipócritas son personas que conocen a Dios, pero no están completamente decididas a adorarlo y servirle solo a él. Son las que quieren tanto a Dios como al mundo. Quieren los beneficios de la religión verdadera, pero también quieren su propio pecado… El salmista odia esta doble mentalidad; también la odia en sí mismo”. Por tanto, En cualquiera de sus traducciones comprendemos que el salmista aborrecía el doble estándar, despreciaba sus propios pensamientos que le hacían pecar contra Dios.

Muchos cristianos luchamos con pensamientos vanos, superficiales, inútiles e impuros, sobre todo en este mundo tan tecnologizado que nos atrapa con imágenes provocativas por todos lados; sin embargo, es esencial tomar el control de nuestros pensamientos. Proverbios 4:23 dice, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”. El “corazón” incluye la mente y todo lo que procede de ella. Alguien dijo que cada pecado que cometemos, lo cometemos dos veces, una vez en nuestros pensamientos y otra vez cuando actuamos sobre esos pensamientos. Es más fácil librar nuestras vidas de pecado si lo atacamos en este nivel fundamental de pensamiento en vez de esperar que sea arraigado en nuestras vidas por nuestras acciones, y luego intentar sacarlo. También hay una diferencia entre ser tentado (un pensamiento que entra en la mente) y pecar (meditar sobre un mal pensamiento y revolcarse en ello). Es importante entender que cuando un pensamiento entra en nuestra mente, debemos examinarlo basado en La Palabra de Dios y determinar si debemos continuar por ese camino, o rechazar el pensamiento y enmendar el rumbo.

El salmista buscaba su delicia en La Palabra de Dios, ESTA ES LA CLAVE para limpiar nuestra mente. Debemos Estar en la Palabra de Dios para que cuando un pensamiento pecaminoso entre en nuestra mente (la tentación), podamos reconocerlo por lo que es y saber qué rumbo tomar. Jesús en el desierto (Mateo 4) respondió a cada una de las tentaciones de Satanás con una Escritura que tuvo aplicación a la dirección que Él supo que Su mente debería tomar en vez de empezar por el camino del pensamiento pecaminoso; también debemos vivir en dependencia absoluta del Espíritu Santo rogando día a día su ayuda y fortaleza, pues solo así NO fracasaremos (Proverbios 28:26; Mateo 26:33). Finalmente debemos ser sabios para alimentar nuestra mente con aquello que realmente es de edificación espiritual para nuestra vida. Romanos 13:14 dice, “…vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Por lo tanto, debemos evitar diarios, videos, páginas web, conversaciones y situaciones que nos llevarán a una caída. Dios bendecirá a aquellos que se esfuerzan y buscan honrarlo con lo que más le importa, es decir con lo que somos por dentro y NO solo con lo que aparentamos ser.

¡Porque Él Vive!

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