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AUNQUE ME PERSIGAN NO ME APARTO DE TU PALABRA

AUNQUE ME PERSIGAN NO ME APARTO DE TU PALABRA

Muchos son mis perseguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. Salmo 119: 157-158.

La verdadera Iglesia de Cristo, está siendo cada vez más perseguida. La Biblia enseña que estos son tiempos peligrosos y los enemigos de Cristo, están persiguiendo a los hijos de Dios. Por todas partes del mundo, se han aumentado el número de los perseguidores y de los enemigos de la Iglesia de Cristo.

La persecución de la Iglesia produce dos efectos diametralmente opuestos: uno que es santificante para los verdaderos creyentes y otro que es ocasión para apostatar de la fe. La persecución es un método de limpieza para la verdadera Iglesia del SEÑOR y permanecerán sólo aquellos que son realmente salvos. Sólo permanecerán aquellos que han determinado obedecer fielmente a La Palabra de Dios. Los poderes mundanos, quieren imponer sus ideologías que atentan contra la Palabra de Dios y los valores absolutos de La Biblia; en algún momento nos veremos enfrentados a tomar una decisión: si nos apartamos de los preceptos divinos o seguimos fielmente arraigados obedeciendo Las Escrituras.

Para el verdadero creyente, la persecución es una prueba de su fe; pues ésta es probada para identificar lo que hay dentro del corazón.
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones (pruebas); sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia” (Santiago 1:2-3). Aunque seamos probados, ya sea por la persecución de los enemigos de Cristo o por las dificultades de la vida, debemos tener la misma convicción que el salmista: “Yo de tus testimonios no me he apartado”. “La presencia de tantos perseguidores y enemigos no desesperaba al salmista ni lo hacía dudar del amor de Dios por él. No tenía la expectativa de que una vida piadosa fuera libre de problemas. En cambio, estaba decidido a mantenerse enfocado en la Palabra de Dios”

“Veía a los prevaricadores, y carcomíame”, para un verdadero hijo de Dios, es un disgusto ver a los que alguna vez participaron en la iglesia a que se vuelvan atrás y apostaten de la fe. No es agradable ver a aquellos que han caído en la apostasía y que no guardan la Palabra de Dios, ellos sólo nos pueden producir disgusto y una santa indignación. Tal como lo comentó Charles Spurgeon: “Lamenté ver a tales pecadores. Estaba harto de ellos, disgustado con ellos, no podía soportarlos. No encontré ningún placer en ellos, eran un espectáculo triste para mí, por muy elegantes que fueran sus ropas o su charla ingeniosa. Incluso, cuando estaban más alegres, verlos me dolía el corazón. No podía tolerarlos ni a ellos ni a sus actos”.

¡A Dios la Gloria!

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LEJOS ESTÁ LA SALVACIÓN PARA LOS IMPÍOS

LEJOS ESTÁ LA SALVACIÓN PARA LOS IMPÍOS

Lejos está de los impíos la salud; porque no buscan tus estatutos. Muchas son tus misericordias, oh Jehová: vivifícame conforme a tus juicios. Salmo 119:155-156

Esta es la más terrible declaración que podemos escuchar: “No hay esperanza para aquél que no quiere recibir la salvación”. Existen personas que no quieren nada con el evangelio, sus vidas son una demostración de rebeldía continua contra Dios. Se burlan de Su Palabra y no buscan a Dios. Viven sus vidas como si Dios no existiera, satisfaciendo sus propios deseos pecaminosos, totalmente alejados de Dios. Producto de su mal camino, “a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia; Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene” (Romanos 1:28). Ellos decidieron no buscar a Dios y alejarse voluntariamente de Él.

“Lejos está de los impíos la salud”; “La salvación está lejos de los impíos”, cada vez que alguien rechaza el llamado del evangelio, se está alejando cada vez más de la salvación. La Biblia señala que los impíos son aquellos que están separados de Dios, producto de la contaminación del pecado. La consecuencia natural de la impiedad es actuar de manera contraria a la naturaleza de Dios, oponerse activamente a La Palabra de Dios y despreciar la autoridad divina. Sin embargo, esta era la realidad de cada uno de nosotros, en su tiempo éramos impíos, desobedientes a la voz de Dios, despreciábamos Su Palabra; pero Dios que es rico en misericordia nos salvó por medio de Jesucristo. “Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas muere alguno por un justo: con todo podrá ser que alguno osara morir por el bueno. Más Dios encarece su amor para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

Es cierto que hay una condena para los impíos, hay un castigo para aquellos que no buscan obedecer los estatutos y mandamientos de Dios. A ellos les espera un castigo eterno. Pero pueden escapar de esta sentencia, viniendo a Cristo y pidiendo perdón por sus pecados y Dios les perdona y les da vida eterna. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Porque “muchas son tus misericordias, oh Jehová”, es gracias a la misericordia de Dios que podemos ser salvos. Aunque los impíos se alejan de Dios, sin embargo, Dios no está lejos producto de Sus misericordias. Cuando un impío se acerca a Dios y le busca, de seguro que le hallará y alcanzará los beneficios de la misericordia del SEÑOR: será perdonado y podrá gozar de la vida eterna.

A Dios la Gloria

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SUPERAR LA AFLICCIÓN CON LA PALABRA DE DIOS

SUPERAR LA AFLICCIÓN CON LA PALABRA DE DIOS

Mira mi aflicción, y líbrame; porque de tu ley no me he olvidado. Aboga mi causa, y redímeme: vivifícame con tu dicho. Salmo 119: 153-154

El sueño de todo ser humano es vivir la vida sin preocupaciones ni sobresaltos. Tener suficiente dinero para asegurar su bienestar en este mundo. Llegar a un punto a decir: “Lo tengo todo, tengo resguardo suficiente para vivir toda esta vida”; eso sería ideal. Pero la vida real no es así, aunque algunos tienen suficientes riquezas para vivir tranquilos, en la vida real siempre habrá motivos por estar afligidos. En la vida real interactuamos con personas, las cuales, a veces, nos traicionan, tienen malas intenciones o se vuelven nuestros enemigos; debemos interactuar con las enfermedades, podemos sufrir de alguna enfermedad incurable y con eso se termina todo. Vivir la vida no siempre es placentero: “En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

La súplica del salmista, nos recuerda que para él la vida no era fácil. Tenía aflicción y sus problemas lo agobiaban. Pero él no se sumió en la impaciencia y desesperanza, su mente estaba fija en La Palabra de Dios. Cuando estemos en camino de aflicción, tenemos dos alternativas: aferrarnos más a Dios y saturarnos con Su Palabra; o simplemente abandonar sus caminos porque no estamos dispuestos a sufrir por Cristo. Hemos escuchado a personas que dicen: “Desde que comencé caminar en el evangelio, he tenido puros problemas”, estos problemas los amedrentan, los agobian y ellos se alejan de la verdad.

“Mira mi aflicción y líbrame” aunque pareciera que este es un grito desesperado, más bien, es una súplica que demuestra dependencia del SEÑOR. El verdadero creyente, sabe que Dios es Soberano y que ninguno de nosotros podemos exigirle a Dios alguna cosa; quienes aceptan la realidad de la Soberanía de Dios, sólo esperan en Su misericordia y ruegan humillados, que Él les haga pasar por la aflicción y que cuando Él quiera los libre de ella. Dios no es como un “genio de la lámpara” que está a nuestras órdenes para cumplir lo que le pidamos. Debemos recordar la frase que el SEÑOR le dijo a Pablo cuando éste oraba por el aguijón en su carne: “Bástate mi gracia, porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona” (2 Corintios 12:9). Con la salvación eterna, dada por Su gracia, nos basta, eso es todo.

“Aboga mi causa” ahora el salmista pide a Dios que lo defienda como lo hace un abogado. Que notable súplica que apunta a Cristo, delante de Dios no podemos presentarnos solos. Cristo aboga nuestra causa, es Él quien nos defiende, es Él quien nos representa en el trono de la gracia, es Él que aboga por nosotros basado en el mérito de Su propia sangre. Él es nuestro Abogado, nuestro Sumo Sacerdote, Él es todo para nosotros. Hermano (a), cuando la aflicción llegue a tu vida, acude a la Palabra de Dios y allí encontrarás el ánimo y las fuerzas que requieres para ser vivificado. La Palabra de Dios es una fuente de avivamiento.

¡A Dios la Gloria!

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CERCANO ESTAS TÚ, OH JEHOVÁ

CERCANO ESTAS TÚ, OH JEHOVÁ

Cercano estás tú, oh Jehová; Y todos tus mandamientos son verdad. Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, Que para siempre los fundaste. Salmo 119:151-152

Aunque el salmista en los versos anteriores reconocía que sus enemigos y/o perseguidores estaban acechándole y que esto le preocupaba y le hacía sentir temor (Salmo 119:150), ahora el escritor reflexiona y afirma que Dios está más cerca que ellos. Mientras sus angustiadores se acercaban más a la maldad para amenazarle, Dios estaba más cerca de él, entregándole aliento y fortaleza por medio de Su Palabra.

Jesús reconoce en Mateo 6, que Su Padre está en lo cielos. Quizás cualquier lector podría decir, “bueno entonces ¿Cómo el salmista dice que Dios está cercano?”. Sin duda que Dios está en los cielos, el no mora en templos hecho de manos de hombres (Hechos 17:24). La Biblia nos demuestra que, Dios está en control de toda Su creación, Él es soberano y cada molécula del universo y todo lo que ocurre es causado o permitido por Él para Sus propios propósitos perfectos. Dios no está influenciado por nadie, Él es absolutamente independiente, Dios hace lo que quiere y en los tiempos que a Él le plazca. Dicho esto, podemos concluir que Dios sustenta toda Su Creación, por tanto, a cada uno de nosotros, Él es tan cercano que nuestros nombres están esculpidos en las palmas de Sus manos (Isaías 49:16) y Jesús nos declara que incluso nuestros cabellos están todos contados (Mateo 10:30). Sin duda, esto es incomprensible para nuestra mente tan pequeña, pero es tremendo pensar que EL CREADOR se ocupe particularmente de cada uno de nosotros.

Tal como el salmista descansaba en la cercanía que Dios le demostraba en Su Palabra, nosotros también podemos disfrutar de Su refugio, somos ovejas de Su prado y tal como un padre terrenal, nuestro Dios está ocupado de cada detalle de nuestra vida, no solo de lo que podría parecer importante para nosotros, como la muerte, las enfermedades, sino también de nuestras necesidades, comer, vestir, trabajo, estudios, etc. Quienes hemos creído en Cristo somos llamados hijos de Dios y esto nos debe llenar de gozo y paz “MIRAD cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él. (1 Juan 3:1).

Tal como dice Juan en el versículo anterior el mundo “NO LE CONOCE A ÉL”, por eso no saben que Dios está ocupado de cada uno de nosotros y de toda Su creación. La única manera de confiar en el control soberano de Dios y descansar en Él, es conociendo a Dios. No podemos confiar en alguien que no conocemos, y sólo hay una manera de conocer a Dios, y es a través de Su palabra. No hay una fórmula mágica para hacernos gigantes espirituales de la noche a la mañana, no hay una oración mística que hagamos tres veces al día para madurar, para que nuestra fe crezca en gracia y conocimiento de Cristo. Solo la Biblia es la única fuente de poder que va a cambiar nuestras vidas desde dentro hacia fuera.

¡Porque Él Vive!

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LOS QUE ME PERSIGUEN, SE ALEJAN DE TU PALABRA

LOS QUE ME PERSIGUEN, SE ALEJAN DE TU PALABRA

Acercáronse á la maldad los que me persiguen; Alejáronse de tu ley. Salmo 119:150

El salmista podía sentir que los malvados que se le oponían se acercaban y se volvían más una amenaza para él. “Antes de que estos hombres pudieran convertirse en perseguidores [del salmista], se vieron obligados a alejarse de las restricciones de la ley de Dios. No podían odiar a un santo y, sin embargo, amar la ley”. (Spurgeon). Sin duda una vida llena de maldad no puede ser una vida obediente, es como el agua y el aceite, como la luz y la oscuridad, NO pueden convivir en un mismo lugar.

Jesús dijo “El que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8:12) Aquellos que transitan por un camino iluminado podrán caminar con seguridad y confianza. Quien sigue a Cristo, no andará por la vida buscando de algún “iluminado” que le diga qué hacer. Los que aman a Dios, aman Su Palabra y saben que Ella es la única regla de fe y práctica para la vida terrenal y el único camino seguro a la vida eterna. Seguir a Cristo, es seguir la luz, es confiar en Él y obedecerle. Es la Luz que ilumina el camino, por lo tanto, allí NO hay lugar para la oscuridad, NO podemos seguir por donde nosotros decidamos, y sin duda que esto implicará también comprender que aquellos que se alejan y burlan de la Palabra de Dios, son enemigos de la Cruz de Cristo, como dijo Pablo a los corintios “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33 NVI).

Hemos sido separados del mundo para seguir la justicia y la paz, y debemos caminar por este camino. Esta separación natural con el mundo nos hace diferentes a ellos y como no podemos ser amigos del mundo nos constituimos en enemigo de él. Sabemos muy bien que el mundo no practica la justicia, ni nada que tenga que ver con los valores bíblicos. Hoy, vemos con mucha tristeza como avanza la maldad y, cada vez más, estamos siendo oprimidos por practicar los valores bíblicos.

Los hijos de Dios siempre tendremos algún tipo de persecución. Los malvados están al acecho, es probable, que nos toque soportar algún tipo de persecución. El mundo está siendo cada vez más hostil contra los escogidos de Dios. El mundo y todo su sistema pecaminoso, siempre ha apuntado sus saetas contra los hijos de Dios. Persecución tras persecución, muerte tras muerte, han provocado dolor y angustia a los cristianos. Pero, la iglesia de Cristo ha permanecido por dos mil años, porque la promesa del Señor ha sido que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

Nuestro Dios puede derribar y hacer caer a cualquier enemigo que nos enfrente. Él peleará por nosotros y vencerá. Nunca seremos derrotados, porque estamos seguros en las manos de nuestro Poderoso Dios. Todo lo que nos toque vivir en este mundo es temporal y pasajero, y puede suceder que algún enemigo nos cause angustia y dolor, pero mantengamos firme la profesión de nuestra fe, porque la victoria está en perseverar confiados en Cristo.

¡Porque Él Vive!

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OYE MI VOZ Y VIVIFÍCAME

OYE MI VOZ Y VIVIFÍCAME

Oye mi voz conforme á tu misericordia; Oh Jehová, vivifícame conforme á tu juicio. Salmo 119:149

El salmista le pide a Dios que lo oiga conforme a Su bondad y misericordia. Spurgeon dijo sobre la palabra misericordia (hesed): “La misericordia es una de las palabras más dulces de nuestro idioma. La bondad tiene mucho en sí que es muy preciado, pero la misericordia es doblemente estimada; es la nata de la bondad”. Podemos ir confiadamente al trono de gracia de Dios en busca de misericordia, aun cuando no tengamos las palabras de una oración modelo para clamar; aquí no es importante lo turbia o confusas que podamos sentir que han sido nuestras palabras, Dios no juzga nuestros precarios ruegos, Dios considera la disposición de nuestro corazón.

Nuestro Señor Jesucristo se ocupa de corregir y enmendar cada una de nuestras oraciones, Él hace perfecta cada plegaria con Su propia perfección y la hace valedera por Sus propios méritos, por esto podemos ir confiadamente ante Él, pues hasta el más vil pecador, encuentra el perdón y la paz que necesita; “En mi angustia invoqué á Jehová, Y clamé á mi Dios: El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, á sus oídos” Salmo 18:6.

En el Salmo 27:7, David también eleva una plegaría solicitando ser escuchado conforme a la misericordia de Dios “Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; y ten misericordia de mí, respóndeme”. David manifiesta un deseo genuino y sincero por ser escuchado. El deseo de ser escuchado por Dios lo es todo para él. No como los hipócritas fariseos, que no tenían ningún interés en que Dios les escuche, ellos deseaban ser escuchado de los hombres; con sus oraciones adornadas, para satisfacer su propio orgullo y recibir halagos humanos. En cambio, el verdadero hijo de Dios, clama desde lo más profundo de su ser. Su oración está llena de devoción, reconocimiento y dependencia.

Del mismo modo, en tiempos de aflicción y angustia podemos derramar nuestra alma y corazón delante de Dios, rogando que nos escuche. Cuando estés pasando por tiempo de angustia y dolor, no dudes en acercarte al Señor, derramar tu alma y clamar que Él oiga tu voz. Anna, la madre de Samuel, “oró con amargura de alma a Jehová y lloró abundantemente” (1 Samuel 1:10), Dios escucha su oración y responde a sus gemidos. Lejos esté de nosotros acercarnos a Dios, con oraciones elaboradas y poco sinceras. Con oraciones aprendidas que salen de nuestra boca hacia afuera. Es importante recordar, que cuando estamos a solas con Dios, estamos frente a nuestro Creador, quien nos conoce perfectamente y NO podemos acercarnos a Él, pensando neciamente que podemos ocultarle algo.

Finalmente, recordemos que, solo por la Palabra de Dios podemos ser vivificados. Es ella la que nos imparte vida; porque “…es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Son incalculables los beneficios que la Palabra de Dios puede dar al alma afligida, abatida y que se sienta morir. Así como por la Palabra de Dios, todas las formas de vida que conocemos llegaron a existir, del mismo modo, Él puede impartir vida a todos aquellos que están muertos en sus delitos y pecados: “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos” (Efesios 2:5).

¡Porque Él Vive!

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TODA LA NOCHE MEDITO EN TU PALABRA

TODA LA NOCHE MEDITO EN TU PALABRA

Previnieron mis ojos las vigilias de la noche, Para meditar en tus dichos. Salmo 119:148

El salmista no solo se despertaba temprano para buscar a Dios (como en el versículo anterior), sino que también permanecía en vigilia durante la noche para pensar en Dios y Sus mandatos. Jesús nos entrega varios ejemplos de devoción a Su Padre, pues a veces oraba temprano en la mañana “Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35) y en otras ocasiones, Jesús oraba toda la noche “Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios” (Lucas 6:12).

Boice define meditar como: “Internalizar la enseñanza de la Biblia hasta tal punto que las verdades descubiertas en la biblia se vuelvan parte de cómo pensamos, de modo que pensemos de manera diferente y, como resultado, también funcionemos de manera diferente. (Enduringword). La meditación requiere tiempo y esfuerzo. No se puede apresurar. Implica retirarse de las distracciones de esta vida para que podamos fijar nuestros pensamientos en Dios y en Su Palabra. Al dejar de lado el ruido de este mundo, podremos centrar nuestra atención en Dios y entender Sus caminos: “Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación” (Salmo 119:99).

La meditación es una forma de interiorizar la Palabra de Dios, llevándola a lo profundo de nuestros corazones, para que el Espíritu Santo pueda obrar a través de ella para guiarnos, enseñarnos, purificarnos y transformarnos desde dentro. Podemos escuchar la Biblia, leerla y memorizar las Escrituras para llevarla a nuestras mentes, pero también debemos meditarla continuamente en nuestros corazones para que obtengamos una comprensión más profunda de ella y de cómo se aplica a nuestras vidas.

Meditar en la Palabra de Dios se convierte en algo agradable a los ojos de Dios porque resulta en la transformación de nuestras vidas. A medida que leemos y hablamos la verdad de Dios y la meditamos activamente, el Espíritu Santo nos permite poner esa verdad en práctica.

Spurgeon dijo “Si no tenemos memoria por el nombre de Jehová, es más común que no recordemos sus mandamientos: si no pensamos en él en lo secreto, no le obedeceremos en lo público” Si nuestro deleite es La Palabra de Dios, nuestro mayor gozo será obedecer Sus mandamientos. El salmista se había entregado intensamente a La Palabra de Dios, a tal punto que mientras el mundo dedica la noche para sus “deleites”, él se ocupaba de recordar a Su Señor y descansar en Sus promesas. Sin duda que esta es una clara demostración de amor a Dios, pues Él renunciaba a su descanso nocturno para meditar en la gracia y misericordia de Su Señor.

¡Porque Él vive!

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MUY DE MAÑANA CLAMÉ

MUY DE MAÑANA CLAMÉ

Anticipéme al alba, y clamé: Esperé en tu palabra. Salmo 119:147

¡Oh que hermoso consejo nos entrega el salmista! Lo que primero se apodera del corazón por la mañana es probable que ocupe el lugar durante todo el día. El salmista dependía apasionadamente de Dios y de Su palabra, él afirma que se despertaba temprano para buscar a Dios, en oración.

Si bien es un muy buen hábito tener nuestro tiempo a solas con Dios por la mañana, lo que trata de decir el escritor es que, si apreciamos a Dios como Dios, es completamente razonable buscarlo, y buscarlo como una prioridad del día. Por ejemplo, David reafirma este consejo en el salmo 63:1 “DIOS, Dios mío eres tú: levantaréme á ti de mañana: Mi alma tiene sed de ti, mi carne te desea, En tierra de sequedad y transida sin aguas;”. La sed del alma de David exigía ser satisfecha en la madrugada del día. “La palabra “madrugada” no solo tiene el sentido de temprano en la mañana, sino también de impaciencia, inmediatez. El que verdaderamente anhela a Dios, lo anhela ahora”. (Spurgeon).

El Señor Jesús permaneció toda la noche en oración, mostrando con esto no que necesitara Su propia ayuda, sino para darnos un ejemplo que debemos imitar. Jesús siendo Dios mismo, demostró que era una prioridad depender de Su Padre en todos los aspectos de la Vida. Aun en su período de mayor popularidad, Él se apartaba para estar a solas con Su Padre (Lucas 5:16). ¡Que insensatos y necios somos si nos apresuramos o priorizamos nuestros propios negocios y no dedicamos un tiempo para adorar y agradecer a nuestro Padre!

En segundo lugar, es muy importante, aprender a ESPERAR confiando en La Palabra de Dios. La Biblia está llena de promesas para quienes amamos a Dios y ahí debe estar toda nuestra confianza. David dijo “ESPERA EN JEHOVÁ” (Salmo 37:4). Probablemente para Él esperar en Dios fue un gran desafío dentro de su vida, y por esto, no se cansa de repetirlo. Probablemente, su objetivo no es darnos un consejo, él lo hace como un precepto, un mandato. Pues él era un rey con todos los privilegios y responsabilidades que esto conlleva. Él tenía claridad que si daba una orden esta se cumpliría o que, si pedía cualquier cosa a algunos de sus sirvientes, ellos trabajarían para concederle su deseo. No hay nada más difícil que aprender a esperar en Dios cuando sientes que tienes la “autoridad” o “el poder” para lograr cualquier objetivo. Satanás es astuto y trabaja muy bien con los soberbios y orgullosos, por eso Salomón hijo de David nos dice “Antes del quebrantamiento es la soberbia; Y antes de la caída es la altivez de espíritu” Prov. 16:18. La verdad es que mientras más fuertes e importantes nos sentimos o más sabios y letrados nos creemos, es cuando más débiles somos. Esperar en Dios y guardar Su camino, debe ser el deseo de nuestro corazón, debe ser nuestra búsqueda permanente y constante todos los días.

¡Porque Él vive!

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ABORREZCO EL CAMINO DE MENTIRA

ABORREZCO EL CAMINO DE MENTIRA

“Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: Aborrecí todo camino de mentira.”
Salmo 119:127-128

Aunque otros puedan decir que La Palabra de Dios es anticuada, o que ya no sirve para estos nuevos tiempos, o que simplemente no podemos aplicar su mensaje a nuestra cultura; nos unimos a la declaración del salmista: “por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas”. Pueden cambiar las opiniones de los hombres, pueden cambiar las culturas, pueden cambiar las costumbres, pueden cambiar las ideas, pero La Palabra de Dios es inmutable y Ella está siempre vigente. Por eso creemos que los mandamientos de Dios son rectos, buenos y valiosos; más que oro muy puro.

Abandonar Las Escrituras, es abandonar la rectitud, la justicia, la paz, la misericordia, la cordura, etc., todas aquellas virtudes que fomentan una sociedad más justa, equitativa y solidaria. El corazón humano, sin Cristo, es pecaminoso, egoísta y corrupto y promoverá todo aquello que va contra Dios y Su Palabra. Estamos siendo testigos como hombres corruptos mudan la verdad de Dios en mentira, “y como a ellos no les pareció tener a Dios en su noticia, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer lo que no conviene” (Romanos 1:28). Este último tiempo, vemos el cumplimiento de esta Escritura, nuestra sociedad está haciendo lo que no conviene. Nuestros gobiernos están haciendo lo que no conviene, nuestros legisladores están haciendo lo que no conviene. Se aprueban leyes contra la vida, la ideología de género está imponiendo su agenda que atentan contra las verdades bíblicas. Los que quieren vivir sus vidas conforme a La Biblia, serán perseguidos; porque a lo bueno están llamando malo y a lo malo bueno (Isaías 5:20).

Los caminos rectos del SEÑOR, están siendo despreciados, pisoteados y desobedecidos. Incluso, algunos creyentes sostienen que Las Escrituras ya no son aplicables a esta cultura. Otros están abogando por una teología más liberal y no tan conservadora. El salmista dice: “Aborrecí todo camino de mentira”, no podemos estar de acuerdo con la mentira y el engaño. La palabra “aborrecer” en este verso, encierra la idea de aversión, ser contrario, odiar, aquello que es mentira. Desde este punto de vista, no podemos estar de acuerdo con ideologías antibíblica pues procede del engaño y la mentira.

Hermano (a), ¿amamos La Palabra de Dios más que el oro?, si realmente la amamos obedeceremos lo que La Biblia dice y acataremos Su mensaje. El corazón que ama a Dios se apartará del mal y caminará por los caminos rectos del SEÑOR.

¡A Dios la Gloria!

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UNA PETICIÓN PARA QUE DIOS ACTÚE

UNA PETICIÓN PARA QUE DIOS ACTÚE

“Tiempo es de hacer, oh Jehová; disipado han tu ley.”
Salmo 119:126

Existen muchos cristianos verdaderos, que aman el Nombre del Señor, los cuales sufren cuando ven que otros blasfeman contra Dios. Sufren cuando ven que hombres impíos, ignorantes y necios, se burlan de la Santidad del Señor; se llenan de “ira santa” cuando observan los niveles de apostasía en que ha caído la iglesia, o cuando ven a algunos que se dicen creyentes y viven su vida sin temor de Dios. Los que aman a Dios, no son indiferentes a los niveles de pecaminosidad en que ha caído la iglesia; se sienten traicionados por aquellos que, se dicen cristianos y que tranzan los valores bíblicos por conveniencia personal o por algún interés ideológico contrario a La Biblia. Un verdadero hijo de Dios, siempre alzará la voz frente a tales situaciones y las denunciará para llamar al arrepentimiento y para que se vuelvan de su mal camino.

“Tiempo es de hacer, oh Jehová”, la súplica del salmista es temeraria, le está pidiendo a Dios que actúe. Alguien podría pensar “¡cómo se le ocurre darle una orden al Dios Soberano del Universo!” Sin embargo, aquellos que dependen totalmente del Señor, podrán entender una súplica en este tono. “Tiempo es de actuar, oh Jehová”, cuando vemos el avance de la maldad y la apostasía oramos para que Dios actúe. Sabemos perfectamente, que Su Voluntad prevalecerá y que Él actuará en el tiempo que estime conveniente, pero eso no es impedimento para rogar para que Él manifieste Su misericordia para con los suyos.

Este mundo, con todo su sistema pecaminoso, está llegando a los niveles de pecaminosidad que nos hace prever que Dios comenzará actuar en breve de acuerdo a Su Palabra. Entendemos, por La Palabra de Dios, que el SEÑOR actúa en juicio de muchas formas. Los embates de la naturaleza tales como huracanes, terremotos, erupciones volcánicas, entre otras, son una demostración de la forma en que Dios actúa. “Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aun no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. Y todas estas cosas, principios de dolores” (Mateo 24:6-8). Estamos a las puertas para que Dios comience a actuar en juicio contra el mundo. La Biblia enseña, que este tiempo se llama “el período de la gran tribulación”.

Hermano (a) nuestra petición a Dios, es rogar por Su misericordia, para que Él agregue a la iglesia a los que han de ser salvos, y para que venga pronto por Su Iglesia. No tengamos por tardanza la venida del SEÑOR, ¡Cristo viene muy pronto! Y nuestro Dios comenzará actuar en justicia con este mundo. Les rogamos a todos aquellos que no han creído en Cristo, que se arrepientan de sus pecados, pidan perdón a Dios y confíen en Cristo como Señor y Salvador de sus vidas; porque el mundo ha quebrantado la Ley de Dios y Él pronto manifestará Su ira como demostración de Su Santa Justicia.

¡A Dios la Gloria!

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