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MUESTRAME OH JEHOVÁ TUS CAMINOS

MUESTRAME OH JEHOVÁ TUS CAMINOS

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas.” Salmo 25:4

Una persona humilde estará constantemente frente a Dios repitiendo esta misma petición. En cambio, los orgullosos y soberbios creen que pueden forjar su propio camino y que no necesitan de la guía del SEÑOR en sus vidas. La Biblia para ellos no tiene sentido y es como cualquier libro. La persona que demuestra autojustificación o que vive su vida dándole más importancia a la vanidad de las cosas y que confía en lo que tiene, puede definirse como una persona orgullosa, todas estas manifestaciones son un obstáculo para buscar a Dios. Los orgullosos están llenos de sí mismos y sus pensamientos están lejos de Dios. “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios: No hay Dios en todos sus pensamientos” (Salmo 10:4).

Un verdadero creyente, estará constantemente examinando su vida, porque el pecado del orgullo puede atraparlo. Cada vez que nos damos crédito a nosotros mismos, por las cosas que Dios ha hecho, estamos pecando. Un verdadero cristiano, jamás querrá gloriarse a sí mismo, porque sabe que toda la gloria es para Dios, porque todo le pertenece al SEÑOR. “Lo que decimos de nosotros mismos, no significa nada en la obra de Dios. Es lo que Dios dice acerca de nosotros, lo que hace la diferencia” (gotquestions.org).

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos” esta es una petición de alguien que conoce y confía en Dios. Quien ore así, jamás será llevado por el camino del pecado, nunca tropezará para caer. El camino del SEÑOR es un camino angosto, pero que lleva a la vida eterna. Quien desea fervorosamente hacer la Voluntad de Dios, estará repitiendo estas palabras y Dios lo guiará por Su camino. Muéstrame, oh Jehová, tus caminos, es una súplica de alguien que quiere que Dios le haga conocer Sus caminos y que Dios lo instruya. Es obvio, que una oración como esta será respondida favorablemente por Dios. Orar así, es orar en la Voluntad del SEÑOR. “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéramos demandado” (1 Juan 5:14-15).

“Enséñame tus sendas” cuando pedimos a Dios que nos enseñe, le estamos reconociendo como Maestro. En la Biblia encontramos todas las enseñanzas del SEÑOR y, sin duda, allí encontraremos cuál es la senda por la que debemos transitar. Nuestro Señor Jesucristo, nos ha trazado la senda con Su propia vida y Él nos invita a seguirle. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame (Mateo 16:24). La vida de Cristo es la mejor forma de aprender acerca de los caminos de Dios y sólo en La Biblia podemos encontrar esta preciosa enseñanza.

¡A Dios la Gloria!

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LOS QUE ESPERAN EN DIOS NO SERÁN AVERGONZADOS

LOS QUE ESPERAN EN DIOS NO SERÁN AVERGONZADOS

“Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido: Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.” Salmo 25:3

Nos encontramos en el tercer verso de este Salmo y como este es un Salmo acróstico, lo cual quiere decir que la primera palabra de este verso comienza con la tercera letra del alfabeto hebreo. Este verso inicia con una afirmación de confianza, “Ciertamente”; sin duda alguna, la certeza de esta afirmación, una vez más, es para que todo hijo de Dios se aferre completamente en el SEÑOR. Todos aquellos que ponen su confianza en Dios, jamás serán decepcionados.

“Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido”, la declaración de confianza de esta frase está dada a todos aquellos que “esperan en Jehová”, para todos aquellos que confían en Él. Es importante notar que el sentido de esta palabra “espera”, no es estar pasivamente sin hacer nada; encierra la idea de un servicio activo. Esperar en Dios, en este caso, no significa estar inactivo en el servicio, siendo un espectador, viendo como otros sirven mientras nosotros sólo observamos sin ayudar. Casi siempre “esperar en el SEÑOR” trae implícito un servicio activo una confianza que no nos deja pasivos, la confianza en Él es activa. El capítulo 11 de Hebreos narra la forma activa de aquellos que pusieron su fe en el SEÑOR. Abel ofreció mejor sacrificio que su hermano Caín; Noé construyó el arca, 120 años de arduo trabajo; Abraham dejó su tierra y parentela; los padres de Moisés colocaron a su bebé en una arquilla y lo dejaron en el río de Egipto; etc, todos ellos dieron testimonio de su confianza en el SEÑOR y ninguno de ellos fue decepcionado. Los que esperan en Él no serán confundidos; “la idea de esta palabra principal de esta palabra “confundido” es la de dejar abajo o decepcionado o de haber confiado en algo que al final no es digno de nuestra confianza” (Boice, citado en es.enduringword.com).

“Serán avergonzados los que se rebelan sin causa” este es el contraste. Aquellos que se rebelan contra Dios, aquellos que sin causa alguna lo niegan, a los apóstatas y falsos profetas, a todo aquellos que son enemigos de Dios, ellos serán avergonzados. Este es un solemne llamado de atención para aquellos que participan de la “religión evangélica”, creyendo que son cristianos, pero que no quieren abandonar su antigua manera de vivir. Para aquellos que se dicen ser creyentes, pero que sus vidas no reflejan fidelidad al SEÑOR, deben llenarse de temor y temblor, porque su rebeldía no pasará inadvertida. Nuestro Justo Dios dará Su justa paga a aquellos que “traicionan” el evangelio de Cristo.

Para los verdaderos creyentes este verso es una afirmación de confianza que nos llena de gozo y paz. Para los rebeldes y falsos creyentes es un solemne llamado de atención para que abandonen su mal camino, se arrepientan de su pecado, pidan perdón al SEÑOR y Él los perdonará. Rogamos a Dios para que te acerques con un corazón contrito y humillado.

¡A Dios la Gloria!

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DIOS MIO, EN TI CONFIO

DIOS MIO, EN TI CONFIO

“Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos.” Salmo 25:2

El salmista continúa declarando su absoluta confianza en Dios. El Historiador anglicano Thomas Fuller dijo de este Salmo “En el Salmo veinticinco (David) está de rodillas y levanta su voz a Dios, y sobre estos dos goznes gira todo el Salmo; por una parte, ruega de todo corazón a Dios suplicando misericordia; por otra, humildemente lamenta su propia miseria”

Aprender a confiar en Dios debe ser uno de nuestros mayores anhelos. Creo que ninguno de nosotros confiaría en alguien a quien no conoce ¿cierto?, bueno, sin lugar a duda ahí está radicado el secreto de aprender a confiar en Dios. Jesús mismo lo dijo “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (Juan 17:3). Cuando conocemos realmente a Dios y a Cristo es cuando disfrutamos del gozo de la vida eterna, un gozo que no se acaba, pues nos lleva a comprender que todo lo que vivimos en este mundo es temporal, porque nuestra morada está segura con Dios en la eternidad.

En la actualidad encontrar alguien en quien depositar nuestra confianza y que no nos decepcione, es similar a “encontrar una aguja en un pajar”. ¿Cuántas veces hemos sido decepcionados por personas que hemos creído confiables?, claramente muchas, de hecho, pareciera que se nos hace más fácil confiar en los hombres (o mujeres) que en el soberano Dios. Pues, depositamos una y otra vez nuestra confianza en personas que nos traicionan y nos descorazonan. Probablemente cuando David realiza esta oración estaba pasando o había pasado por un gran fracaso, pues ruega “no se alegren de mí mis enemigos”. Precisamente, en ocasiones cuando nos sentimos derrotados, frustrados y avergonzados por lo que estamos viviendo, probablemente es cuando más vulnerables somos a volver a confiar en las personas. Cuando nuestra alma está atribulada y no podemos levantar nuestro corazón al Señor para ir en busca de ayuda y lograr calmar nuestra angustia o aflicción, es cuando debemos reflexionar en que el único digno de confianza es nuestro Señor y Dios, Él nunca miente, nunca falla y siempre cumple Sus promesas. “Dios no es hombre, para que mienta; Ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; Habló, ¿y no lo ejecutará?” Números 23:19

Cuando quieres hacer un nuevo amigo(a), debes dedicar tiempo para conocerle, de la misma forma, si realmente deseas decir con la misma convicción de David “DIOS MIO, EN TI CONFIO” debes comenzar a conocer a Dios por medio de Su Palabra, hacer tuyas Sus promesas, buscarle en oración, pasar tiempo a solas con Él, pues de esta forma dejará de ser un extraño para ti. Conocer a Dios es confiar en Él.

¡Porque Él Vive!

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LEVANTARÉ MI ALMA

LEVANTARÉ MI ALMA

“A TI, oh Jehová, levantaré mi alma.” Salmo 25:1

Este hermoso salmo es un acróstico escrito por David, que no se conoce con certeza el período de tiempo en el que se compuso. Spurgeon dijo de este Salmo “David es ilustrado en este Salmo como una miniatura fiel. Su confianza santa, son muchos conflictos, su gran transgresión, su amargo arrepentimiento, y su profunda angustia, todos están aquí; así que vemos el mismo corazón del hombre tras el corazón propio de Dios”.

Sin duda, encontramos en este salmo a David implorando dirección, perdón y protección. David confronta las duras pruebas de la vida afirmando su completa dependencia de Dios. MacArthur sugiere la siguiente división para el salmo: versos 1 al 7, Oraciones en tiempo de prueba; versos 8 al 15, alabanza en períodos de confianza y versos 16 al 22 ruego de ayuda en la aflicción.

Cuando el salmista dice en el primer verso “levantaré mi alma” realiza una clara alusión a su total dependencia de Dios, él se rinde completamente ante su creador esperando quietamente que Él controle absolutamente su vida. Entrega toda su alma y su ser para que Dios haga como Él estime conveniente.

Debemos comprender que Dios exige de nuestra parte absoluta exclusividad. Aprender a depender de Dios es fundamental en la vida cristiana. Depender de Dios no significa que seamos imprudentes o insensatos. Recordemos que Jesús NO necesitó saltar de la parte más alta del templo para demostrar que dependía absolutamente de Su Padre (Mateo 4: 5-7). En este sentido, existe una gran diferencia entre confiar en Dios y poner a Dios a prueba. Por ejemplo, una persona que estando enferma se niega a visitar al médico, diciendo “Dios me sanará déjenme en mi casita”, esto es tan absurdo como soltar el manubrio del auto cuando vamos conduciendo “porque Dios guiará nuestro camino”. Sin duda, cuando visitamos al médico o cuando vamos conduciendo debemos depender de Dios, pues no existe nada ni nadie que se escape de Sus cuidados y control.

Levantar nuestra alma al Señor es poner completamente nuestra vida en Sus manos, en este sentido consideremos el ejemplo utilizado por Jesús respondiendo una pregunta de Sus discípulos, leamos Mateo 18:2 al 4. “En aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús á un niño, le puso en medio de ellos, Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos”. Una hermosa cualidad de los niños es que dependen de sus padres para su bienestar y protección, quienes somos hijos de Dios debemos aprender a ser como niños y entregar todo lo que somos y todo lo que deseamos ser al cuidado de nuestro amoroso Padre, pues sin duda Él conoce anticipadamente lo que es mejor para nosotros (1 Pedro 5:7).

¡Porque Él vive!

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¿SOMOS REALMENTE VERACES?

¿SOMOS REALMENTE VERACES?

“Verdad digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón” Romanos 9:1-2

Pablo era, realmente, un hombre excepcional. Su amor por Cristo era tan notable que se reflejaba profundamente hacia los pecadores y especialmente hacia sus hermanos, los judíos. Su amor por Cristo le llevó a evangelizar a casi todo un imperio. Si se hubiese sentado a tirar líneas, él podría sacar cuentas alegres. Esta carta la escribió en su estadía en Corinto, en su tercer viaje misionero. Hasta ese momento, era el cristiano que más lugares había recorrido llevando el evangelio y fundando iglesias. Pablo culmina el capítulo 8 con palabras tan sublimes como emocionantes. Con gozo desbordante, nos eleva a la gloria. “Nada ni nadie nos podrá apartar del amor de Cristo”.

Aquél que en otro tiempo fue el perseguidor más fiero de la iglesia de Cristo, ahora puede cantar gozoso, que es parte del cuerpo de Cristo y que absolutamente nada podrá quitarle esa bendición. Sin embargo, había una gran tristeza en su corazón y un continuo dolor. Él comienza diciendo “Verdad digo en Cristo”, Pablo fue acusado por los judíos de traición, fue odiado por sus hermanos por abrazar el cristianismo. El fariseo de fariseos, ahora es odiado y perseguido por aquellos que alguna vez fueron sus compañeros de persecución contra la iglesia. Los judíos hacían todo tipo de acusaciones contra él, pusieron en duda su apostolado, quisieron desacreditar sus enseñanzas, se decían todo tipo de falsedades contra él. Pero aquí está diciendo “Verdad digo en Cristo”. Pablo llama a Cristo por testigo, para aclarar que lo que está diciendo es completamente cierto. Luego llama a su propia conciencia para dar testimonio de la veracidad de sus dichos. Dice, además, que su conciencia está sometida al Espíritu Santo.

Ningún verdadero creyente, diría una mentira poniendo a Cristo y al Espíritu Santo por testigos. He aquí una profunda aplicación para nuestras vidas. El apóstol nos enseña cómo debe proceder un hijo de Dios sincero y totalmente honesto. ¿Podemos traer como testigos a Cristo y al Espíritu Santo, para decir que somos veraces? ¿Tenemos un profundo amor por nuestros hermanos, más que nuestros propios intereses? ¿Somos realmente sinceros, cuando le decimos a nuestros hermanos que les amamos? ¿o sólo son palabras lisonjeras e hipócritas? Queridos hermanos, también aquellos que ejercen liderazgo en la iglesia, incluso los pastores, es necesario aprender del amor de Pablo hacia la iglesia y sus hermanos. Que realmente, andemos en la verdad de Cristo, lejos esté de nosotros buscar nuestros propios intereses, o hacer cosas que me beneficien solo a mí sin interesarme por los demás. ¡Dios nos ayude! Para que, cuando digamos algo, seamos creíbles, porque siempre hemos actuado en la presencia de Cristo, con conciencia limpia, ajustando nuestros actos a La Palabra de Dios y obedeciendo al Espíritu Santo.

¡A Dios la Gloria!

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LA NECESIDAD DE UN SALVADOR

LA NECESIDAD DE UN SALVADOR

Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros Romanos 5:8

En los capítulos 1 al 8, el apóstol demuestra la culpabilidad del hombre ante Dios y de la necesidad de Un Salvador. Nos advierte de la manifiesta ira de Dios sobre el pecador la cual es exhibida en el abandono de Dios.

Romanos 1 es una descripción vívida de una sociedad sin Cristo, que es exactamente, la descripción de la sociedad en nuestros días. Como dijo alguien: “La Biblia está más actualizada que el diario de mañana”. Luego, Pablo demuestra que tanto Judíos como gentiles son inexcusables ante Dios, “pero Dios muestra Su amor para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Al final del capítulo 5 se introduce el tema de la gracia de Dios, demostrando que la salvación es por gracia y no por obras. Para evitar mal entendidos a esta enseñanza, Pablo inicia el capítulo 6 con una pregunta muy incisiva: “Pues qué diremos, ¿perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? La respuesta es enfática: “En ninguna manera”. Todavía existen algunos que creen, que, por ser el evangelio por gracia, pueden mantenerse pecando. Pablo aclara que desde el momento que creímos en Cristo, somos muertos al pecado, así es que ya no podemos vivir pecando. La evidencia de la salvación, es el cambio de vida. “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna” (Romanos 6:22). El capítulo 7, nos aclara la lucha constante que tenemos. Aunque el verdadero creyente busca la santificación, tiene una lucha interior contra su naturaleza caída. El Espíritu Santo que mora en nosotros, nos hace sensibles a las cosas espirituales, y nos deleitamos en la ley de Dios, pero también somos conscientes que nuestra naturaleza pecaminosa nos induce a pecar. No somos totalmente libres del pecado y en nuestra mente se manifiesta el pecado. Exclamamos con Pablo: ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte? (Romanos 7:24). Cuanto más espiritual es un creyente, tendrá mayor consciencia de su pecaminosidad.

El capítulo 8, el cual es clasificado por muchos eruditos, como el más importante de los capítulos de la Biblia, es una magnifica declaración de Dios que llena de seguridad y confianza a los creyentes. En tiempos de prueba y angustias, quizás sea el texto más leído y amado por los cristianos sufrientes. Tenemos la seguridad inconmovible de la promesa de Dios en este capítulo (Romanos 8:28-29). La salvación es segurísima, porque fuimos predestinados por Dios, para ser conformados a la imagen de Cristo. Tenemos plena certeza, que llegaremos al cielo, porque Dios nos ha predestinados para ser glorificados a la misma semejanza de Cristo y seremos transformados a un cuerpo glorificado, porque es la promesa de Dios. Sin el amor de Cristo no hay salvación, Sin Cristo no hay perdón de pecados y sin Cristo estábamos muertos eternamente (Efesios 2:5).

¡A Dios la Gloria!

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¿ME AMAS MÁS QUE A ESTOS?

¿ME AMAS MÁS QUE A ESTOS?

Y cuando hubieron comido, Jesús dijo á Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele; Sí Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Juan 21:15

Aquí tenemos a Pedro, el que más de una vez había declarado su devoción a Cristo hasta con su vida. En Juan 13:36-37: “Dícele Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después. Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi alma pondré por ti”. O como lo dice en Mateo 26:33: “Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado”. Sin embargo, cuando tuvo que enfrentarse al peligro real de ser juzgado con Cristo, negó tres veces a Su Señor. Pedro le niega tres veces y ahora Jesús le pregunta tres veces. Anteriormente, Pedro había dicho: “Aunque todos estos se escandalicen, aunque todos te abandonen, yo nunca lo haré” en ese momento esas palabras no tienen que haber caído muy bien a los demás. Ahora Jesús le pregunta ¿Me amas más que estos? Pero, Pedro no contestó audazmente como lo había hecho anteriormente. Él no se jactó, contestó con temor y en total concordancia con la omnisciencia penetrante que el Señor tenía de su corazón. “Tú sabes que te tengo afecto”. La segunda vez, la pregunta resulta más profunda y dolorosa para Pedro, es como si Jesús le dijera: “Simón, con tu silencio respecto a estos otros has indicado que ya no crees que me amas más que ellos. Pero ahora, dejando de lado cualquier comparación, ¿me amas realmente? (Hendricksen). Pedro vuelve a responder lo mismo. Pareciera que todavía no se atreve a afirmar que tiene ese amor elevado por Cristo. Y la tercera vez Jesús vuelve a preguntar en los mismos términos de Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me tienes afecto? Pedro se entristece, porque el Señor está escudriñando su corazón, y ya no se siente seguro en sí mismo. Él sabía lo que sentía en su corazón, pero frente a la mirada escudriñadora del Señor, Pedro exclama: “Tú sabes todas las cosas; tú sabes que te tengo afecto”.

La pregunta del Señor es personal en todo sentido. La pregunta de Cristo también es para nosotros. Imagina a Cristo frente a ti, con Su mirada omnisciente, haciéndote la pregunta más difícil que nos hayan hecho: ¿me amas? Sólo de pensarlo, me lleno de temor reverente. Jamás podríamos tener nuestro corazón más expuesto que cuando estamos en la presencia del Señor. ¿Me amas? es una pregunta muy específica. ¿Me amas a mí?, para que no divaguemos en la respuesta, Jesús la hace muy personal. Él no está preguntando si amas a la iglesia o todo aquello que tienen que ver con el servicio a Él. Podríamos caer en la tentación de responder: “Hace muchos años que sirvo en la iglesia, amo esta iglesia y todo lo que hago lo hago por amor. Yo amo esta iglesia porque sé que es lo que tú amas”. ¿Me amas a mí?, otro podría responder: “Señor, claro que te amo porque todo lo que hago, lo hago pensando que es para tu gloria, deseo hacer lo mejor. Tengo mucha actividad, harto trabajo en la obra, trabajo tanto para ti, que a veces no me queda tiempo ni para orar ni leer la Biblia” ¿Me amas a mí? ¿me amas más que a tu familia?, ¿más que a tus hijos?, ¿más que a tu trabajo? Nuestro Señor no pide amor a medias. Este es un examen que siempre inquietará al hijo de Dios que desea cumplir con la voluntad de Dios. Roguemos de todo corazón para que sea Cristo el objeto de nuestro amor y que conocerle sea la máxima aspiración de nuestra vida. ¡Dios nos ayude!

¡A Dios la gloria!

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VOLVIERON A SUS REDES

VOLVIERON A SUS REDES

Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. Juan 21:3

Los discípulos se fueron a Galilea tal como le fue dicho por el ángel, cuando Cristo resucitó: “Id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí os lo he dicho” (Mateo 28:7). Entonces, ellos se fueron de Jerusalem a Galilea, obedeciendo la voz del ángel. El versículo 1 de este capítulo se nos dice que Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en la mar de Tiberias, este es el mar de Galilea. Allí estaban juntos Simón Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, y otros dos que no se nombran. Estos 7 discípulos, por alguna razón que la Biblia no declara volvieron a la pesca. Simón les dice: “A pescar voy” y los demás le dijeron: “Nosotros iremos contigo”. No sabemos si es que ellos quisieron volver a su antiguo oficio y olvidarse de la predicación del evangelio o porque necesitaban algo de dinero para sustentarse por algún tiempo, por lo que haya sido: “ellos volvieron a la pesca” lo cual demuestra cierta incertidumbre de ellos, porque pasaron algunos días y Jesús no aparecía, y no estaban seguros qué hacer. La noche era el mejor tiempo para ir a la pesca, pero esa noche no pescaron nada. Volver a su antiguo oficio fue un verdadero fracaso.

Me imagino lo que debía haber pasado por sus mentes, si Jesús estuviera aquí todo sería tan diferente. Quizás Pedro les comentaría: “Una vez nos pasó algo parecido, estuvimos toda la noche y no pescamos nada, pero apareció el SEÑOR y me dijo que volviéramos a echar las redes; yo no le creí mucho, me acuerdo que le dije: “Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; pero en tu palabra echaré la red”; pasó algo milagroso, las redes se llenaron de peces, incluso corrimos el riesgo de que la barca se anegara y nos hundiéramos”. En este relato que está en Lucas 5: 1-10, además, se nos dice que al ver este milagro “Pedro se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él” (Lucas 5:8-9) Se llenaron de temor, ellos tuvieron miedo ¿por qué tuvieron tanto miedo? Pedro dice la respuesta: “Aléjate de mí, no te acerques, porque soy un hombre pecador. Ningún ser humano puede quedar indiferente ante la misma presencia de la Gloria y Santidad de Cristo. Pero Cristo se acercó a ellos y les dice: “No temas: desde ahora pescarás hombres”.

En el capítulo 21 de Juan, la historia es similar. Ellos estaban como a 100 metros de la ribera, a lo lejos ven a un hombre, ellos no saben quién es. Este hombre les pregunta: “Mozos, ¿Tenéis algo de comer?, “Muchachos”, Jesús usa un término común para dirigirse a los hombres en el trabajo. Ellos respondieron decepcionados: NO. Jesús les dice que echen sus redes nuevamente a la mano derecha y pescaron tanto que no podían sacar las redes. Entonces, fue reconocido por Juan quien les dice: “Es el Señor”. ¡Lo reconoce como el Señor! La experiencia de la resurrección les hace comprender que Jesús es Dios, sobre todo el apóstol Juan, quien declara en su evangelio que “Jesús es Dios encarnado”.

¡A Dios la gloria!

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VOLVIERON A SUS REDES

VOLVIERON A SUS REDES

Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. Juan 21:3

Los discípulos se fueron a Galilea tal como le fue dicho por el ángel, cuando Cristo resucitó: “Id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí os lo he dicho” (Mateo 28:7). Entonces, ellos se fueron de Jerusalem a Galilea, obedeciendo la voz del ángel. El versículo 1 de este capítulo se nos dice que Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en la mar de Tiberias, este es el mar de Galilea. Allí estaban juntos Simón Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, y otros dos que no se nombran. Estos 7 discípulos, por alguna razón que la Biblia no declara volvieron a la pesca. Simón les dice: “A pescar voy” y los demás le dijeron: “Nosotros iremos contigo”. No sabemos si es que ellos quisieron volver a su antiguo oficio y olvidarse de la predicación del evangelio o porque necesitaban algo de dinero para sustentarse por algún tiempo, por lo que haya sido: “ellos volvieron a la pesca” lo cual demuestra cierta incertidumbre de ellos, porque pasaron algunos días y Jesús no aparecía, y no estaban seguros qué hacer. La noche era el mejor tiempo para ir a la pesca, pero esa noche no pescaron nada. Volver a su antiguo oficio fue un verdadero fracaso.

Me imagino lo que debía haber pasado por sus mentes, si Jesús estuviera aquí todo sería tan diferente. Quizás Pedro les comentaría: “Una vez nos pasó algo parecido, estuvimos toda la noche y no pescamos nada, pero apareció el SEÑOR y me dijo que volviéramos a echar las redes; yo no le creí mucho, me acuerdo que le dije: “Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; pero en tu palabra echaré la red”; pasó algo milagroso, las redes se llenaron de peces, incluso corrimos el riesgo de que la barca se anegara y nos hundiéramos”. En este relato que está en Lucas 5: 1-10, además, se nos dice que al ver este milagro “Pedro se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él” (Lucas 5:8-9) Se llenaron de temor, ellos tuvieron miedo ¿por qué tuvieron tanto miedo? Pedro dice la respuesta: “Aléjate de mí, no te acerques, porque soy un hombre pecador. Ningún ser humano puede quedar indiferente ante la misma presencia de la Gloria y Santidad de Cristo. Pero Cristo se acercó a ellos y les dice: “No temas: desde ahora pescarás hombres”.

En el capítulo 21 de Juan, la historia es similar. Ellos estaban como a 100 metros de la ribera, a lo lejos ven a un hombre, ellos no saben quién es. Este hombre les pregunta: “Mozos, ¿Tenéis algo de comer?, “Muchachos”, Jesús usa un término común para dirigirse a los hombres en el trabajo. Ellos respondieron decepcionados: NO. Jesús les dice que echen sus redes nuevamente a la mano derecha y pescaron tanto que no podían sacar las redes. Entonces, fue reconocido por Juan quien les dice: “Es el Señor”. ¡Lo reconoce como el Señor! La experiencia de la resurrección les hace comprender que Jesús es Dios, sobre todo el apóstol Juan, quien declara en su evangelio que “Jesús es Dios encarnado”.

¡A Dios la gloria!

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INCREDULIDAD POR DESILUCIÓN

INCREDULIDAD POR DESILUCIÓN

Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Juan 20:25

Uno de los discípulos del Señor Jesucristo fue Tomás. Quien tuvo que enfrentarse cara a cara con su maestro quien le enrostra algo en lo cual nosotros también caemos, la incredulidad. El nombre Tomás, que significa ‘gemelo’, es mencionado en los otros evangelios, pero sólo en el evangelio de Juan se registran algunas de sus intervenciones. Es lamentable que este discípulo en general sea conocido sólo por este episodio que vivió frente a frente a Jesús, y de ahí que se le denomina “Tomás el dudoso” o “el incrédulo”, tanto así que de este pasaje surge el refrán usado por muchos: “ver para creer”.

En honor a la verdad, Tomás fue un apóstol bastante fiel al Señor Jesús, aunque algo pesimista. Siempre con miedo a perder a su Maestro y mostrando algún desánimo, aunque siempre expresa su intención de seguirlo. Por ejemplo, ¿Recuerdan cuando las hermanas de Lázaro mandan a avisar a Jesús que su amigo está gravemente enfermo? Esto se relata en Juan Capítulo 11. Allí se nos dice que los discípulos trataron de convencer al Señor para que no vaya a Judea, pues los judíos querían matarlo. Al ver que Jesús estaba decidido a ir, Tomás dice a sus compañeros: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Jn. 11:16). Su pensamiento es que: “Si piensan matar a Jesús, es mejor que no muera solo, todos muramos con Él. Todos vamos a morir”. También allí en Juan capítulo 14, en el relato de la última cena, cuando Jesús anunció a sus discípulos que estaba por ascender de este mundo al Padre, Tomás le pregunta: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (Juan. 14:5). En otras palabras, le dijo, “Señor, queremos seguirte, pero no sabemos cómo ni adónde”, con un sentido, yo diría, de lamento. Y así es, como Tomás por medio de estos relatos expresaba su fidelidad, pero sin mucha esperanza.

Muchas veces cuando nuestras expectativas acerca de lo que el Señor debe ser o hacer se despedazan, una de las reacciones más comunes es endurecernos en una incredulidad amarga. Y No es que el Señor haya fallado en prometernos algo y no cumplirlo, sino que nosotros fuimos quienes nos forjamos anhelos y deseos sobre el Señor que los más probable son ajenos a lo que Él ha dicho realmente en Su Palabra, por lo tanto, dejamos de apreciar lo que el Señor sí ha cumplido, perdiéndonos así la oportunidad de gozarnos en Él; por aferrarnos a anhelos y expectativas terrenales que nosotros mismos nos levantamos. Debemos tener claro que Dios no es un genio en una botella, que cumple nuestros deseos. Dios es el Señor de todas las cosas, y nosotros simplemente, sus siervos por misericordia. Realmente no se trata de nuestros deseos y expectativas terrenales, sino de Su voluntad, la perfecta voluntad de Dios. Tomás y todas aquellas personas que hoy se encuentran en este estado de “incredulidad por desilusión”, demuestran que simplemente que son sabios en su propia opinión, porque tienen un exceso de confianza en su visión de las cosas y en su criterio. De hecho, aquí vemos a Tomás, quien era un simple discípulo, un vaso de barro, imponiendo condiciones al alfarero para creer en Él. Esto es lo que le ocurre a quienes están de tal forma concentrados en sí mismos, que no dejan lugar a la Palabra de Dios.

¡A Dios la Gloria!

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