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NO QUIERES SACRIFICIO

NO QUIERES SACRIFICIO
“Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.” Salmo 51:16
Hace muchos años atrás, cantábamos con el coro de niños un villancico que tenía por nombre ¿Qué puedo darle?, su letra decía mas o menos así “¿Qué puedo darle? pues pequeño soy, quizás un cordero si fuera yo pastor, si fuese un rey mago oro daría yo, ya sé que daré, le doy mi corazón”. Probablemente esto resonaba en la mente de David al escribir este verso y por tanto, podemos preguntarnos ¿Podremos hacer o entregar algo que pudiera pagar todo lo que nuestro Dios ha hecho por nosotros?
Lamentablemente la respuesta es NO. Muchas veces por ignorancia creemos que realizar algunas actividades religiosas como congregarnos, participar de los estudios bíblicos o ponernos a disposición para el aseo o participar de algún trabajo en el templo o entregar nuestra ofrendas o diezmos podría ser considerarse como una retribución o pago hacia a Dios. De hecho, una vez le preguntaron a Jesús cuál era el mayor mandamiento de la Ley. A lo que Él respondió: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-32; cf. Mateo 22:37-39). Por tanto, lo que Dios quiere es muy sencillo: Nos quiere a nosotros. Todo nuestro servicio a Dios debe fluir de esos dos mandamientos de amor, de lo contrario no es un servicio real, se transforma en un esfuerzo carnal.
Dios quiere que confiemos en Jesús como Salvador y Señor (Filipenses 2:9-11). Llegamos a conocer a Jesús al arrepentirnos de nuestro pecado y aceptarlo como nuestro sacrificio personal (Romanos 10:9; Juan 1:12). Dios quiere que “nos conformemos a la imagen de Su Hijo” (Romanos 8:29). El Padre quiere que todos Sus hijos sean como Jesús. Así como Jesús fue obediente al Padre en todo, la meta de todo hijo de Dios debe ser obedecer a nuestro Padre Celestial (Juan 8:29).
Muchas personas, como los fariseos en tiempos de Jesús, tratan de colocar la acción externa antes que el cambio interior del corazón (Lucas 11:42). Ponen toda la atención en lo que hacen y no en lo que son. Pero, a menos que el amor a Dios sea nuestra motivación, las demostraciones externas de bondad sólo resultan en orgullo y legalismo. Nada de esto agrada a Dios. Cuando nos rendimos totalmente a Él, Su Espíritu Santo nos empodera para amar a Dios plenamente y servirle de forma correcta. El verdadero servicio y la santidad son simplemente la obra del Espíritu, el resultado de una vida dedicada para la gloria de Dios. Cuando nos centramos en amar a Dios en vez de simplemente servirle, acabamos haciendo ambas cosas. Si omitimos la relación, nuestro servicio no sirve de nada y no beneficia a nadie (1 Corintios 13:1-2) (Got Questions)
Resumamos toda la reflexión en un solo versículo Proverbios 23:26 “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos”.
¡Porque Él Vive!

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SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE

SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE

“Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.” Salmo 51:15

Esta es una petición muy sencilla pero muy profunda. Durante el día abrimos nuestra boca recurrentemente para saludar, conversar, comer, discutir, llegar acuerdos, juzgar, chismear, entre otras cosas. Hay un dicho que dice que, “somos presos de nuestras palabras” y probablemente es porque utilizamos nuestra boca, nuestros labios y nuestra lengua con tanta facilidad, que olvidamos que nuestro principal propósito debería ser abrir nuestros labios para alabar y glorificar a Dios por Su infinita misericordia y bondad para con nosotros (Salmo 139:14).

La Biblia nos exhorta tanto en el antiguo como en el nuevo testamento a que, los dichos de nuestra boca sean agradables y dignos del título que exhibimos “hijos del Rey de reyes y Señor de señores”. David dice “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” Salmo 19:14. También el apóstol Pablo nos dice que, nuestra boca debe hablar con gracia, sin ofender ni dañar a otros como muchas veces nos equivocamos por falta de madurez espiritual. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno” Colosenses 4:6

Los hijos de Dios debemos distinguirnos por utilizar nuestra boca para hablar lo que es espiritual, sano, veraz, apropiado, amable, sensible, con propósito, edificante para nuestros hermanos, es decir, que sea una fuente de bendición para quienes nos escuchan, de tal forma que podamos ser una influencia purificadora dentro de nuestro entorno. “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes” Efesios 4:29. En otras versiones de la Biblia, en vez de utilizar la palabra “torpe” para el versículo anterior, se ocupa la palabra “corrompida” que se refiere a algo que pudre su entorno. Un ejemplo de esto es utilizar un lenguaje sucio, con groserías y doble sentido, el cual nunca debería pasar por los labios de un cristiano, pues es absolutamente incompatible con el carácter de un hijo de Dios.

Amados, que nuestras conversaciones sean como Dios quiere, con gracia, sazonadas con sal, como siempre lo demostró Jesús. Debemos suplicar a Dios que nuestra boca se abra exclusivamente para alabarle y exaltar Su nombre. Procuremos que nuestros labios no se cansen de agradecer por Cristo, pues por Su sangre hemos recibido salvación y que nuestra lengua nunca deje de proclamar las buenas nuevas para que, todos puedan reconocer que Jesucristo es el Señor.

¡Porque Él Vive!

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CANTARÉ DE TU JUSTICIA

CANTARÉ DE TU JUSTICIA

“Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.” Salmo 51:14

Nuestra naturaleza pecaminosa constantemente nos incita a pecar, estamos propensos a caer una y otra vez, incluso, podemos caer en el mismo pecado vez tras vez. Esta es una lucha constante. Nuestros deseos pecaminosos desean controlarnos y debemos luchar contra ellos para someterlos a la voluntad del SEÑOR. Satanás, nuestro enemigo, nos tentará en el punto que somos más débiles y potenciará nuestros propios deseos carnales para hacernos caer. Sea cual fuere nuestra debilidad, seremos atacados por allí y si no estamos alertas seremos vencidos. Todo inicia en nuestra mente, es por esto que la debemos mantener saturada con la Palabra de Dios, estudiando la Biblia, oyendo predicaciones, leyendo literatura cristiana, buscando al SEÑOR en oración.

Tenemos una lucha constante contra Satanás y nuestros propios deseos carnales: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas; destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo” (2 Corintios 10: 3-5). Otra versión dice en el versículo 5: “Destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”. Cuando el Espíritu Santo controla la vida, todo razonamiento y pensamiento pecaminoso es llevado cautivo en obediencia a Cristo. Es por esto, que la Biblia nos ordena que “seamos llenos del Espíritu”, es decir, que nos dejemos controlar por el Espíritu Santo, para vencer y hacernos fuertes espiritualmente, frente nuestra debilidad carnal.

“Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud”, David ruega a Dios que lo libre de cometer delitos de sangre. En su mente estaba aún la muerte de Urías y ruega para no volver a caer en tan grande maldad. El Dios de mi salvación, puede perdonar hasta el más vil asesino. Esto es lo increíble de las misericordias de Dios, no importa la profundidad y vileza de tu pecado, si vienes a Él con verdadero arrepentimiento; ¡Dios te perdona! Es por esto que los creyentes alabamos a Dios con gozo y nuestra boca expresa la magnífica obra de Dios en favor del pecador. ¡Ningún pecador perdonado cerrará su boca para exaltar a Cristo por su obra redentora en la cruz del Calvario!

“Cantará mi lengua tu justicia” mi lengua cantará con gozo tu justicia, la justicia de Dios se revela al condenar el pecado, pero esta misma justicia vence al pecado y a la condenación por medio de la gracia y misericordia de Dios. En Cristo, se nos revela la justicia divina. Es Cristo quien recibe el castigo por nuestros pecados y por medio de Él podemos ser libres de la condenación del pecado. Quienes confían en Cristo como Señor y Salvador, son libres de la condenación y pueden disfrutar de las infinitas misericordias de Dios. Cristo es el motivo de nuestras gozosas alabanzas que magnifican la justicia y la gracia de Dios.

¡A Dios la Gloria!

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ENSEÑAR A LOS TRANSGRESORES

ENSEÑAR A LOS TRANSGRESORES

“Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti.” Salmo 51:13

Aquí tenemos unas de las claves de la predicación del evangelio, la proclamación de la verdad divina está en manos de pecadores. El poder del mensaje radica en la obra de Cristo en la vida del pecador. En las filas del cristianismo tenemos hombres y mujeres que en su vida pasada eran fornicarios, idólatras, adúlteros, sodomitas, pervertidos sexuales, ladrones, avaros, borrachos, calumniadores, estafadores quienes estábamos perdidos, sin embargo, ahora somos lavados, santificados y justificados en el Nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:11). La regeneración, la evidencia que tenemos una vida nueva, radica en el cambio total de nuestra antigua manera de vivir. El Espíritu Santo nos ha dado una nueva vida en Cristo y ahora podemos proclamar que Jesucristo cambia las vidas; nosotros somos una muestra viviente de este gran poder de Dios.

“Enseñaré a los prevaricadores tus caminos”, mientras David estuvo inmerso en su pecado no confesado, no podía enseñar a otros acerca de la realidad del perdón de Dios, él no podía hacer un llamado al pecador a dejar su pecado y arrepentirse, porque él mismo estaba en esa condición. David estaba viviendo en su pecado sin confesarlo a Dios.

David primero, tuvo que arreglar su situación con Dios para enseñar a otros el camino del SEÑOR.
Cuando un verdadero creyente peca, ruega a Dios por perdón y se arrepiente de su maldad, por la Palabra de Dios, sabemos que es perdonado, Dios perdona a quien se acerca a Él con un corazón contrito y humillado. El verdadero creyente, deja su pecado y su vida es restaurada. ¿Puede alguien que ha pecado tan profundamente enseñar a otros transgresores?, claro que puede. Podemos ser de gran ayuda para quienes han caído en pecado, podemos aconsejar con la Palabra de Dios y, además, con la experiencia; para hacer entender a otros la maravillosa obra del SEÑOR y como Él nos ha recibido nuevamente para servir en Su obra. Así como Dios obró en nosotros, puede obrar en la vida de quienes se arrepienten verdaderamente.

“Y los pecadores se convertirán a ti”; en los versos anteriores de este Salmo, podemos notar la aflicción del salmista por su pecado, ruega constantemente a Dios por perdón y restauración, él usa palabras como: purifícame, lávame, hazme oír gozo, crea en mí un corazón limpio, vuélveme el gozo; todas estas expresiones representan el deseo de un corazón que anhela la restauración. Una vez que ha sido perdonado y restaurado, ahora él quiere ser un instrumento para traer a otros al camino del SEÑOR.

Sabemos que no somos nosotros quienes convertimos a los pecadores de su mal camino, pero sí entendemos que tenemos una gran responsabilidad, debemos enseñar y predicar el Evangelio de Cristo, para que los pecadores se conviertan a Él.

¡A Dios la Gloria!

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MUCHAS FORMAS DE RECHAZAR A CRISTO, PERO SOLO UNA DE VENIR A ÉL

MUCHAS FORMAS DE RECHAZAR A CRISTO, PERO SOLO UNA DE VENIR A ÉL

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Juan 6:40

Lo registrado en Juan 6, se realiza en la sinagoga de Capernaum ante una gran multitud, este el primer discurso donde encontramos que Jesús se muestra como el pan de vida y es la primera de las siete declaraciones enfáticas “YO SOY”. Ante tanta gente reunida podemos ver muchas reacciones ante la declaración del Señor. Pero Las reacciones van mucho más allá de simplemente estar de acuerdo o en desacuerdo. Nos muestra que hay varias formas de rechazar al Señor Jesucristo, pero sólo una de venir a Él.

En nuestra vida debemos tomar muchas decisiones, algunas más importantes que otras. Pero sin duda, y luego de analizar y mirar atrás, podemos concluir que, muchas de ellas han sido acertadas y otras no tanto. Pero entre tantas decisiones, existe una que es la decisión final de la vida y de la cual depende nuestra eternidad, esta es aceptar o rechazar a Jesús.

Muchas personas pueden pensar “yo no necesito un salvador”. Esta es la gente que se considera “buena”. Son aquellos que no se dan cuenta que son pecadores por naturaleza y que no pueden venir a Dios bajo sus propios términos. Quien decida abogar ante Dios poniéndose ellos mismos como ejemplo de bondad y virtud, no hacen nada más que perder su tiempo.

Algunas personas entregarán como excusa para NO decidir por Cristo, el miedo que tienen al rechazo de sus familiares, amigos, compañeros de trabajo o estudio. El miedo al rechazo social o a la persecución desanima y posterga en algunas personas el declarar a Cristo como Señor de sus vidas. Esto lo vemos reflejado en los fariseos, cuyo amor a la posición y a la estima de los hombres les cegaba. “Ellos amaban más la gloria de los hombres que la Gloria de Dios” (Juan 12:42,43)

Para otros, las cosas que les ofrece el mundo son más atractivas e importantes que las cosas eternas.

El hombre rico descrito en Mateo 19: 16 al 23 no estuvo dispuesto a perder sus posesiones terrenales por ganar la vida eterna con Cristo. También existe un grupo de personas que su rechazo es solo orgullo y tozudez, estos son los que menciona Esteban en Hechos 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo…”

¿En qué grupo te ubicas tu? cualesquiera que sean las razones por las que la gente rechace a Jesucristo, su rechazo tiene consecuencias eternas desastrosas.

Cristo puede saciar nuestra hambre y nuestra sed, y sobre todo, salvar nuestra alma. Nadie, entonces, debería quedarse tranquilo si no ha comido este pan, ya que es la única forma de tener vida eterna y verdadera.

¡Porque Él Vive!

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NO ME ALEJES DE TU PRESENCIA

NO ME ALEJES DE TU PRESENCIA

No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu Salmo 51:11

David continúa suplicando, insistiendo en la restauración de su corazón. Probablemente, producto de todo su pecado, él sentía que Dios se había apartado y que no quería tenerlo en frente.

Sentir que Dios lo había abandonado lo hacía experimentar la muerte en vida “Mientras callé, envejeciéronse mis huesos En mi gemir todo el día.

Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.)” Salmo 32:3-4. Pero Dios no se aleja de sus hijos, Sus hijos se alejan de Él producto del orgullo, la soberbia y el deseo tomar decisiones apartadas de Su plan perfecto que diseñó personalmente para cada uno.

Cuando nos apartamos de Dios y Su Palabra, no tenemos un destino diferente a tropezar y caer en la más profunda miseria del dolor y la aflicción. Jesús lo dijo “Sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Un cristiano que se aparta es alguien que retrocede en vez de avanzar, es una persona que, conociendo la verdad, se aleja de ella y vuelve a sus viejas costumbres. Con esto no deseamos poner en duda la salvación, pues una persona salva está segura en Cristo (Juan 10:28, 29). Pero sin duda que, una persona que se aparta y no vuelve arrepentido a los pies de Cristo probablemente nunca fue salvo, pues el verdadero hijo de Dios podrá “enfriarse”, pero su mayor distinción es que permanece. “Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” 1 Juan 2:5 y 6.

El teólogo británico Thomas Horne dijo respecto de la súplica de David “El alma que en verdad es penitente, no teme nada sino el pensamiento de ser rechazado de la ‘presencia,’ y desertado por el ‘Espíritu’ de Dios.

Este es el efecto del pecado más deplorable e irremediable; pero es uno que en general, quizás, es el menos considerado y estimado de los demás.” Para el salmista, todo el punto de purificación y restauración era para renovar su relación con Dios.

David quería volver a tener una comunión estrecha, intima con Dios. Él deseaba volver a sentir la presencia de Dios en su vida, por eso rogaba humildemente “Entonces me invocaréis, é iréis y oraréis á mí, y yo os oiré: Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” Jeremías 29:12 y 13

Estar en la presencia de Dios debe ser nuestro mayor gozo y anhelo. Presentarnos puros y limpios en la mesa de nuestro Padre debe ser nuestra búsqueda permanente y constante. Estar en la presencia de Dios nos asegura un gozo eterno, estar en comunión con el Señor en sometimiento y obediencia a Su Palabra nos asegura un dulce caminar que nos sostendrá en las pruebas y aflicciones de la vida.

Solo quienes permanecen en Cristo disfrutarán de sus deleites para siempre. “Me mostrarás la senda de la vida: Hartura de alegrías hay con tu rostro; Deleites en tu diestra para siempre. Salmo 16:11

¡Porque Él vive!

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UN CORAZÓN LIMPIO Y UN ESPIRITU RECTO

UN CORAZÓN LIMPIO Y UN ESPIRITU RECTO

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10

¡Qué petición más noble, sencilla y humilde! En palabras simples David estaba pidiendo un trasplante de corazón. Probablemente él sintió que no era suficiente que Dios limpiara su corazón. Su ruego fue más allá, “CREA en mí un corazón limpio” que indicaba su deseo de tener un nuevo corazón conforme a la imagen y semejanza de Dios, pues el que tenía, solo buscaba continuamente el pecado. Él comprendió que nada bueno tenía dentro de sí mismo.

El teólogo cristiano James Boice dijo de esta primera frase “La palabra con la cual comienza esta sección es la palabra hebrea de “bara”, la cual es utilizada en Génesis 1 para la creación de los cielos y la tierra por Dios. Estrictamente utilizada, esta palabra describe lo que únicamente Dios puede hacer; crear (ex nihilo), de la nada.” Sin duda, con esta petición el salmista anticipaba las palabras del profeta Ezequiel prometidas para aquellos que se acercan en arrepentimiento y humildad a las plantas del Creador “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne” Ezequiel 36:26.

En el Nuevo Testamento encontramos que Jesús habla de un nuevo nacimiento a Nicodemo, quien necesitaba un nuevo corazón, una completa transformación espiritual para ver el reino de Dios (Juan 3:1 al 21). Este nuevo nacimiento, es un acto que solo Dios puede entregarnos, pues Él es el único capaz de darnos nueva vida, luego de estar muertos en nuestros delitos y pecados. Los pecadores están espiritualmente “muertos”; cuando reciben vida espiritual a través de la fe en Cristo, la Biblia lo compara con un nuevo nacimiento. Sólo aquellos que han nacido de nuevo tienen sus pecados perdonados y tienen una relación con Dios.

Mantener una estrecha relación con Dios, nos asegura caminar por la senda de la piedad y poder resistir y estar firmes frente a las asechanzas del maligno. Debemos rogar a Dios que renueve en nosotros un espíritu recto, pues esto nos hará estar firmes, permanecer y mostrar frutos dignos de arrepentimiento (Mateo 3:8). Un espíritu recto es necesario para mantener limpio nuestro corazón, para que seamos liberados de los deseos carnales y rebeldes de nuestro orgullo y soberbia. Para que podamos dejar de lado las influencias del pecado y podamos ser conformados a la imagen de Cristo.

Si te has dado cuenta que, necesitas un nuevo corazón o que necesitas nacer de nuevo para dejar atrás tu antigua manera de vivir, puedes acercarte confiadamente a Dios, el creador de la vida, quien jamás despreciará a aquel que se allega arrepentido, con un corazón contrito y humillado a Sus plantas.

¡Porque Él Vive!

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EL GOZO Y ALEGRÍA DEL PERDÓN

EL GOZO Y ALEGRÍA DEL PERDÓN

Hazme oír gozo y alegría y se recrearán los huesos que has abatido. Salmo 51:8

La Biblia nos manda constantemente a vivir con gozo: “Gozaos en el SEÑOR siempre: otra vez digo: Que os gocéis” (Filipenses 4:4). El gozo es un elemento del fruto del Espíritu y tiene que ver con la bendición especial de la obra del Señor en nuestras vidas. La Biblia nos ordena a tener “gozo”, es decir, el gozo no es alguna acción involuntaria del sentimiento. El gozo es un acto de la voluntad, que no tiene nada que ver con el sentimiento pasajero de la felicidad, la cual está influenciada por las circunstancias de la vida. El gozo es una actitud del corazón que está en Cristo. Si Cristo está en mí y yo en Él, entonces nuestra experiencia debe ser siempre de gozo.

Tener a Cristo en nuestras vidas no es una experiencia de “a veces”; el cristiano está siempre en el Señor y el Señor siempre en el cristiano, y esa es la razón por la que debemos tener el gozo del Señor en nuestras vidas. El pecado en nuestras vidas puede producir una sensación de alejamiento y falta de comunión con el Señor, que nos produce la angustia de una relación rota y sentirnos que nos hemos apartado de Él. El pecado tiende a nublar nuestra visión y tendemos a escondernos del Señor y así perdemos el gozo de estar disfrutando de la comunión con Él.

“Hazme oír gozo y alegría”; David pide que el SEÑOR le devuelva el gozo y la alegría, el cual había perdido por su gran pecado. La gran miseria de su pecado sólo le trajo angustia y dolor. Esta consecuencia típica del pecado debe hacernos reflexionar antes de pecar. Dolor, castigo y vergüenza es lo que el pecado traerá. Sufrimos la pérdida de comunión con Nuestro Padre y la culpa ronda en nuestras consciencias a tal punto que se nos va la alegría y el gozo. La terrible consecuencia del pecado nos abate y nos afecta emocionalmente, a tal punto de somatizar, esto es, percibir molestias físicas y diversos achaques corporales, por los efectos negativos del pecado. David lo expresa de esta manera en el Salmo 32:3 “Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día”. Los efectos del pecado no confesado en el creyente, produce abatimiento emocional y físico.

Cuando vemos la negrura de nuestro pecado y rogamos a Dios por perdón, estamos pidiendo que el SEÑOR restaure nuestra relación con Él. Cuando recibimos el perdón de Dios, somos bienaventurados y llenos de gozo, porque nuestras iniquidades son perdonadas. Sin duda, es una gran bendición recibir el perdón del SEÑOR y que nuestros pecados sean borrados. “Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados. Bienaventurado el hombre a quien no imputa Jehová la iniquidad y en cuyo espíritu no hay superchería” (Salmo 32:1-2). Somos benditos de Dios, cuando Él nos perdona y restaura nuestra comunión con Él. Esto es como volver a crear los huesos rotos y quebrados por un grave accidente.

¡A Dios la Gloria!

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SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

“Servid a Jehová con alegría: Venid ante su acatamiento con regocijo.” Salmo 100:2

Para aquellos que somos padres, nos es muy grato y agradable, cuando pedimos algo a nuestros hijos y ellos nos obedecen con alegría. Es realmente, un disfrute verlos obedeciendo con alegría. Pero, también nos ha tocado la ocasión, en que hemos visto que obedecen regañando, hacen lo que uno les pide; pero lo hacen a regañadientes. Este Salmo nos manda a servir al SEÑOR con alegría. En donde Él nos ponga a servir, debemos hacerlo con gozo y alegría.

“Servid a Jehová con alegría”, la Biblia nos enseña en todas partes que somos siervos del SEÑOR, y este servicio se relaciona con la actividad que realizaba un esclavo a su amo. En el Nuevo Testamento, la palabra usada para “siervo” es un esclavo que sirve a Jesucristo, sometiendo su voluntad, sus deseos y todo su ser al Señor, quien es nuestro “Amo”. En Romanos 6:18 se nos declara: “Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia”. Ahora somos “esclavos” de Cristo, para hacer aquello que es justo y correcto; somos “esclavos” del Señor Jesucristo para servirle con gozo. Nuestro amado Cristo, es el ejemplo máximo de servicio. La Biblia nos enseña, cómo fue Su servicio al Padre: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: Sin embargo, se anonadó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a Sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¡Cristo es el mejor ejemplo de un servicio a Dios con alegría!

“Venid ante su acatamiento con regocijo”, además, se nos manda venir ante la presencia del SEÑOR con gozo. Cada vez que nos reunimos para adorar a Dios, lo debemos hacer con gozo. Nuestros cultos de adoración deben ser con regocijo, por las muchas misericordias de Dios derramadas abundantemente en nuestras vidas. Es por esto que cantamos juntos al SEÑOR, es por esto que alabamos Su Nombre en adoración. Cada vez que reunimos a servir y venimos a Su presencia debe estar presente el gozo en nuestros corazones.

Tenemos muchos motivos para adorar a Dios con alegría. Tenemos muchos motivos para servirle con gozo; no importando en qué área nos toque servir, debemos hacerlo con gozo. No sólo predicando ser sirve al SEÑOR, también cuando ayudamos a otros, cuando nos esforzamos en nuestros trabajos seculares, cuando nos esforzamos en nuestros estudios, etc., el mejor testimonio para el evangelio, sin palabras, es mostrar que servimos al SEÑOR con alegría. Cuando el mundo ve que disfrutamos obedeciendo La Biblia con alegría, es un poderoso testimonio que glorifica a Cristo y que nos identifica como verdaderos adoradores y siervos del SEÑOR.

¡A Dios la Gloria!

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SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

“Servid a Jehová con alegría: Venid ante su acatamiento con regocijo.” Salmo 100:2

Para aquellos que somos padres, nos es muy grato y agradable, cuando pedimos algo a nuestros hijos y ellos nos obedecen con alegría. Es realmente, un disfrute verlos obedeciendo con alegría. Pero, también nos ha tocado la ocasión, en que hemos visto que obedecen regañando, hacen lo que uno les pide; pero lo hacen a regañadientes. Este Salmo nos manda a servir al SEÑOR con alegría. En donde Él nos ponga a servir, debemos hacerlo con gozo y alegría.

“Servid a Jehová con alegría”, la Biblia nos enseña en todas partes que somos siervos del SEÑOR, y este servicio se relaciona con la actividad que realizaba un esclavo a su amo. En el Nuevo Testamento, la palabra usada para “siervo” es un esclavo que sirve a Jesucristo, sometiendo su voluntad, sus deseos y todo su ser al Señor, quien es nuestro “Amo”. En Romanos 6:18 se nos declara: “Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia”. Ahora somos “esclavos” de Cristo, para hacer aquello que es justo y correcto; somos “esclavos” del Señor Jesucristo para servirle con gozo. Nuestro amado Cristo, es el ejemplo máximo de servicio. La Biblia nos enseña, cómo fue Su servicio al Padre: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: Sin embargo, se anonadó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a Sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¡Cristo es el mejor ejemplo de un servicio a Dios con alegría!

“Venid ante su acatamiento con regocijo”, además, se nos manda venir ante la presencia del SEÑOR con gozo. Cada vez que nos reunimos para adorar a Dios, lo debemos hacer con gozo. Nuestros cultos de adoración deben ser con regocijo, por las muchas misericordias de Dios derramadas abundantemente en nuestras vidas. Es por esto que cantamos juntos al SEÑOR, es por esto que alabamos Su Nombre en adoración. Cada vez que reunimos a servir y venimos a Su presencia debe estar presente el gozo en nuestros corazones.

Tenemos muchos motivos para adorar a Dios con alegría. Tenemos muchos motivos para servirle con gozo; no importando en qué área nos toque servir, debemos hacerlo con gozo. No sólo predicando ser sirve al SEÑOR, también cuando ayudamos a otros, cuando nos esforzamos en nuestros trabajos seculares, cuando nos esforzamos en nuestros estudios, etc., el mejor testimonio para el evangelio, sin palabras, es mostrar que servimos al SEÑOR con alegría. Cuando el mundo ve que disfrutamos obedeciendo La Biblia con alegría, es un poderoso testimonio que glorifica a Cristo y que nos identifica como verdaderos adoradores y siervos del SEÑOR.

¡A Dios la Gloria!

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