Devocional

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¿ME AMAS MÁS QUE A ESTOS?

¿ME AMAS MÁS QUE A ESTOS?

Y cuando hubieron comido, Jesús dijo á Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele; Sí Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Juan 21:15

Aquí tenemos a Pedro, el que más de una vez había declarado su devoción a Cristo hasta con su vida. En Juan 13:36-37: “Dícele Simón Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después. Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi alma pondré por ti”. O como lo dice en Mateo 26:33: “Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado”. Sin embargo, cuando tuvo que enfrentarse al peligro real de ser juzgado con Cristo, negó tres veces a Su Señor. Pedro le niega tres veces y ahora Jesús le pregunta tres veces. Anteriormente, Pedro había dicho: “Aunque todos estos se escandalicen, aunque todos te abandonen, yo nunca lo haré” en ese momento esas palabras no tienen que haber caído muy bien a los demás. Ahora Jesús le pregunta ¿Me amas más que estos? Pero, Pedro no contestó audazmente como lo había hecho anteriormente. Él no se jactó, contestó con temor y en total concordancia con la omnisciencia penetrante que el Señor tenía de su corazón. “Tú sabes que te tengo afecto”. La segunda vez, la pregunta resulta más profunda y dolorosa para Pedro, es como si Jesús le dijera: “Simón, con tu silencio respecto a estos otros has indicado que ya no crees que me amas más que ellos. Pero ahora, dejando de lado cualquier comparación, ¿me amas realmente? (Hendricksen). Pedro vuelve a responder lo mismo. Pareciera que todavía no se atreve a afirmar que tiene ese amor elevado por Cristo. Y la tercera vez Jesús vuelve a preguntar en los mismos términos de Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me tienes afecto? Pedro se entristece, porque el Señor está escudriñando su corazón, y ya no se siente seguro en sí mismo. Él sabía lo que sentía en su corazón, pero frente a la mirada escudriñadora del Señor, Pedro exclama: “Tú sabes todas las cosas; tú sabes que te tengo afecto”.

La pregunta del Señor es personal en todo sentido. La pregunta de Cristo también es para nosotros. Imagina a Cristo frente a ti, con Su mirada omnisciente, haciéndote la pregunta más difícil que nos hayan hecho: ¿me amas? Sólo de pensarlo, me lleno de temor reverente. Jamás podríamos tener nuestro corazón más expuesto que cuando estamos en la presencia del Señor. ¿Me amas? es una pregunta muy específica. ¿Me amas a mí?, para que no divaguemos en la respuesta, Jesús la hace muy personal. Él no está preguntando si amas a la iglesia o todo aquello que tienen que ver con el servicio a Él. Podríamos caer en la tentación de responder: “Hace muchos años que sirvo en la iglesia, amo esta iglesia y todo lo que hago lo hago por amor. Yo amo esta iglesia porque sé que es lo que tú amas”. ¿Me amas a mí?, otro podría responder: “Señor, claro que te amo porque todo lo que hago, lo hago pensando que es para tu gloria, deseo hacer lo mejor. Tengo mucha actividad, harto trabajo en la obra, trabajo tanto para ti, que a veces no me queda tiempo ni para orar ni leer la Biblia” ¿Me amas a mí? ¿me amas más que a tu familia?, ¿más que a tus hijos?, ¿más que a tu trabajo? Nuestro Señor no pide amor a medias. Este es un examen que siempre inquietará al hijo de Dios que desea cumplir con la voluntad de Dios. Roguemos de todo corazón para que sea Cristo el objeto de nuestro amor y que conocerle sea la máxima aspiración de nuestra vida. ¡Dios nos ayude!

¡A Dios la gloria!

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VOLVIERON A SUS REDES

VOLVIERON A SUS REDES

Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. Juan 21:3

Los discípulos se fueron a Galilea tal como le fue dicho por el ángel, cuando Cristo resucitó: “Id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí os lo he dicho” (Mateo 28:7). Entonces, ellos se fueron de Jerusalem a Galilea, obedeciendo la voz del ángel. El versículo 1 de este capítulo se nos dice que Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en la mar de Tiberias, este es el mar de Galilea. Allí estaban juntos Simón Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, y otros dos que no se nombran. Estos 7 discípulos, por alguna razón que la Biblia no declara volvieron a la pesca. Simón les dice: “A pescar voy” y los demás le dijeron: “Nosotros iremos contigo”. No sabemos si es que ellos quisieron volver a su antiguo oficio y olvidarse de la predicación del evangelio o porque necesitaban algo de dinero para sustentarse por algún tiempo, por lo que haya sido: “ellos volvieron a la pesca” lo cual demuestra cierta incertidumbre de ellos, porque pasaron algunos días y Jesús no aparecía, y no estaban seguros qué hacer. La noche era el mejor tiempo para ir a la pesca, pero esa noche no pescaron nada. Volver a su antiguo oficio fue un verdadero fracaso.

Me imagino lo que debía haber pasado por sus mentes, si Jesús estuviera aquí todo sería tan diferente. Quizás Pedro les comentaría: “Una vez nos pasó algo parecido, estuvimos toda la noche y no pescamos nada, pero apareció el SEÑOR y me dijo que volviéramos a echar las redes; yo no le creí mucho, me acuerdo que le dije: “Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; pero en tu palabra echaré la red”; pasó algo milagroso, las redes se llenaron de peces, incluso corrimos el riesgo de que la barca se anegara y nos hundiéramos”. En este relato que está en Lucas 5: 1-10, además, se nos dice que al ver este milagro “Pedro se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él” (Lucas 5:8-9) Se llenaron de temor, ellos tuvieron miedo ¿por qué tuvieron tanto miedo? Pedro dice la respuesta: “Aléjate de mí, no te acerques, porque soy un hombre pecador. Ningún ser humano puede quedar indiferente ante la misma presencia de la Gloria y Santidad de Cristo. Pero Cristo se acercó a ellos y les dice: “No temas: desde ahora pescarás hombres”.

En el capítulo 21 de Juan, la historia es similar. Ellos estaban como a 100 metros de la ribera, a lo lejos ven a un hombre, ellos no saben quién es. Este hombre les pregunta: “Mozos, ¿Tenéis algo de comer?, “Muchachos”, Jesús usa un término común para dirigirse a los hombres en el trabajo. Ellos respondieron decepcionados: NO. Jesús les dice que echen sus redes nuevamente a la mano derecha y pescaron tanto que no podían sacar las redes. Entonces, fue reconocido por Juan quien les dice: “Es el Señor”. ¡Lo reconoce como el Señor! La experiencia de la resurrección les hace comprender que Jesús es Dios, sobre todo el apóstol Juan, quien declara en su evangelio que “Jesús es Dios encarnado”.

¡A Dios la gloria!

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VOLVIERON A SUS REDES

VOLVIERON A SUS REDES

Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. Juan 21:3

Los discípulos se fueron a Galilea tal como le fue dicho por el ángel, cuando Cristo resucitó: “Id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis; he aquí os lo he dicho” (Mateo 28:7). Entonces, ellos se fueron de Jerusalem a Galilea, obedeciendo la voz del ángel. El versículo 1 de este capítulo se nos dice que Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en la mar de Tiberias, este es el mar de Galilea. Allí estaban juntos Simón Pedro, Tomás, Natanael, los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, y otros dos que no se nombran. Estos 7 discípulos, por alguna razón que la Biblia no declara volvieron a la pesca. Simón les dice: “A pescar voy” y los demás le dijeron: “Nosotros iremos contigo”. No sabemos si es que ellos quisieron volver a su antiguo oficio y olvidarse de la predicación del evangelio o porque necesitaban algo de dinero para sustentarse por algún tiempo, por lo que haya sido: “ellos volvieron a la pesca” lo cual demuestra cierta incertidumbre de ellos, porque pasaron algunos días y Jesús no aparecía, y no estaban seguros qué hacer. La noche era el mejor tiempo para ir a la pesca, pero esa noche no pescaron nada. Volver a su antiguo oficio fue un verdadero fracaso.

Me imagino lo que debía haber pasado por sus mentes, si Jesús estuviera aquí todo sería tan diferente. Quizás Pedro les comentaría: “Una vez nos pasó algo parecido, estuvimos toda la noche y no pescamos nada, pero apareció el SEÑOR y me dijo que volviéramos a echar las redes; yo no le creí mucho, me acuerdo que le dije: “Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; pero en tu palabra echaré la red”; pasó algo milagroso, las redes se llenaron de peces, incluso corrimos el riesgo de que la barca se anegara y nos hundiéramos”. En este relato que está en Lucas 5: 1-10, además, se nos dice que al ver este milagro “Pedro se derribó de rodillas a Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él” (Lucas 5:8-9) Se llenaron de temor, ellos tuvieron miedo ¿por qué tuvieron tanto miedo? Pedro dice la respuesta: “Aléjate de mí, no te acerques, porque soy un hombre pecador. Ningún ser humano puede quedar indiferente ante la misma presencia de la Gloria y Santidad de Cristo. Pero Cristo se acercó a ellos y les dice: “No temas: desde ahora pescarás hombres”.

En el capítulo 21 de Juan, la historia es similar. Ellos estaban como a 100 metros de la ribera, a lo lejos ven a un hombre, ellos no saben quién es. Este hombre les pregunta: “Mozos, ¿Tenéis algo de comer?, “Muchachos”, Jesús usa un término común para dirigirse a los hombres en el trabajo. Ellos respondieron decepcionados: NO. Jesús les dice que echen sus redes nuevamente a la mano derecha y pescaron tanto que no podían sacar las redes. Entonces, fue reconocido por Juan quien les dice: “Es el Señor”. ¡Lo reconoce como el Señor! La experiencia de la resurrección les hace comprender que Jesús es Dios, sobre todo el apóstol Juan, quien declara en su evangelio que “Jesús es Dios encarnado”.

¡A Dios la gloria!

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INCREDULIDAD POR DESILUCIÓN

INCREDULIDAD POR DESILUCIÓN

Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Juan 20:25

Uno de los discípulos del Señor Jesucristo fue Tomás. Quien tuvo que enfrentarse cara a cara con su maestro quien le enrostra algo en lo cual nosotros también caemos, la incredulidad. El nombre Tomás, que significa ‘gemelo’, es mencionado en los otros evangelios, pero sólo en el evangelio de Juan se registran algunas de sus intervenciones. Es lamentable que este discípulo en general sea conocido sólo por este episodio que vivió frente a frente a Jesús, y de ahí que se le denomina “Tomás el dudoso” o “el incrédulo”, tanto así que de este pasaje surge el refrán usado por muchos: “ver para creer”.

En honor a la verdad, Tomás fue un apóstol bastante fiel al Señor Jesús, aunque algo pesimista. Siempre con miedo a perder a su Maestro y mostrando algún desánimo, aunque siempre expresa su intención de seguirlo. Por ejemplo, ¿Recuerdan cuando las hermanas de Lázaro mandan a avisar a Jesús que su amigo está gravemente enfermo? Esto se relata en Juan Capítulo 11. Allí se nos dice que los discípulos trataron de convencer al Señor para que no vaya a Judea, pues los judíos querían matarlo. Al ver que Jesús estaba decidido a ir, Tomás dice a sus compañeros: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Jn. 11:16). Su pensamiento es que: “Si piensan matar a Jesús, es mejor que no muera solo, todos muramos con Él. Todos vamos a morir”. También allí en Juan capítulo 14, en el relato de la última cena, cuando Jesús anunció a sus discípulos que estaba por ascender de este mundo al Padre, Tomás le pregunta: “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (Juan. 14:5). En otras palabras, le dijo, “Señor, queremos seguirte, pero no sabemos cómo ni adónde”, con un sentido, yo diría, de lamento. Y así es, como Tomás por medio de estos relatos expresaba su fidelidad, pero sin mucha esperanza.

Muchas veces cuando nuestras expectativas acerca de lo que el Señor debe ser o hacer se despedazan, una de las reacciones más comunes es endurecernos en una incredulidad amarga. Y No es que el Señor haya fallado en prometernos algo y no cumplirlo, sino que nosotros fuimos quienes nos forjamos anhelos y deseos sobre el Señor que los más probable son ajenos a lo que Él ha dicho realmente en Su Palabra, por lo tanto, dejamos de apreciar lo que el Señor sí ha cumplido, perdiéndonos así la oportunidad de gozarnos en Él; por aferrarnos a anhelos y expectativas terrenales que nosotros mismos nos levantamos. Debemos tener claro que Dios no es un genio en una botella, que cumple nuestros deseos. Dios es el Señor de todas las cosas, y nosotros simplemente, sus siervos por misericordia. Realmente no se trata de nuestros deseos y expectativas terrenales, sino de Su voluntad, la perfecta voluntad de Dios. Tomás y todas aquellas personas que hoy se encuentran en este estado de “incredulidad por desilusión”, demuestran que simplemente que son sabios en su propia opinión, porque tienen un exceso de confianza en su visión de las cosas y en su criterio. De hecho, aquí vemos a Tomás, quien era un simple discípulo, un vaso de barro, imponiendo condiciones al alfarero para creer en Él. Esto es lo que le ocurre a quienes están de tal forma concentrados en sí mismos, que no dejan lugar a la Palabra de Dios.

¡A Dios la Gloria!

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UNA NUEVA VIDA PARA AQUEL QUE CREE

UNA NUEVA VIDA PARA AQUEL QUE CREE

Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajóse á mirar el sepulcro; Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Juan 20:11, 12.

María Magdalena, ignorando lo que había ocurrido esa gloriosa mañana del primer día de la semana, se encontraba llorando fuera del sepulcro vacío. María no estaba pensando ni soñando en que Jesús estaba vivo. Ella creía que aún estaba muerto, y solo quería saber dónde estaba Él para poder terminar el trabajo de preparar Su cuerpo para el entierro. Esta es una evidencia más de que ella no notó las prendas del entierro debido a los ángeles.

Debemos notar que María Magdalena no conoció a Jesús hasta que Él se manifestó, probablemente ella pensó que hablaba con el jardinero o un trabajador de ese lugar. Ella no reconoció inmediatamente al Señor porque realmente nadie creyó a Sus Palabras “Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día” (Lucas 9:22). Aunque María vio dos ángeles, esto no le llamó la atención de manera particular, incluso ellos mismos le hicieron una pregunta, probablemente para despertar alguna evidencia de su fe, más su mente y corazón estaban nublados por las imágenes del sufrimiento de su maestro en la cruz, más su llanto se convertiría en alegría, y la noticia de la resurrección estaba por transformar su vida por completo. El amanecer del primer día de la semana marca también el amanecer espiritual de los discípulos de Cristo, el principio de la nueva creación y la redención de todas las cosas, el nacimiento de una fe y una esperanza que no se destruye ni perece.

No podemos culpar a Maria por su incredulidad, pues sin duda a nosotros nos hubiese ocurrido lo mismo. Nos cuesta creer y mucho más cuando estamos concentrados en el dolor o la angustia de los problemas de la vida, la vista se nos nubla, las lágrimas empañan nuestra visión para que no contemplemos las promesas que nos han sido reveladas en La Palabra de Dios. Recurrentemente debemos hacer nuestras las Palabras de Job “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” Job 42:5.

“Creer en Dios es la más básica de todas las consideraciones humanas. El reconocimiento que uno tiene del creador es el fundamento para aprender más sobre Él. Sin creer en Dios, es imposible agradarle o incluso acercarse a Él (hebreos 11:6). Las personas están rodeadas con la prueba de la existencia de Dios, y es sólo mediante el endurecimiento del pecado que los hombres rechazan esa prueba (Romanos 1:18-23). Es necedad no creer en Dios (Salmo 14:1)” Gotquestions.org. Cuando creemos en Dios, experimentamos una nueva vida, esa vida abundante que solo Cristo nos puede entregar cuando ponemos toda nuestra fe en Él.

¡Porque Él Vive!

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EN SUS MANOS NO TROPEZAMOS

EN SUS MANOS NO TROPEZAMOS

En las manos te llevarán, Porque tu pie no tropiece en piedra. Salmo 91:12

Este verso complementa el anterior respecto del mandato divino que reciben los ángeles para el cuidado del pueblo de Dios. En el original hebreo la palabra ángeles está en singular que significa enviado, por esto, algunos eruditos concluyen que este salmo es mesiánico, ya que el enviado de Dios es Jesús (Salmos 34:7). Jesús nos prometió durante Su ministerio en la tierra que Él estaría con nosotros hasta el fin del mundo (Mateo 28:20) y El Señor nos protege de lo que conocemos y de lo que desconocemos.

Tal como indicamos en el devocional anterior, Satanás utilizó engañosamente estos versos para tentar al Señor, sin embargo, Jesús se somete a la autoridad y la voluntad de Su Padre y trazando de manera fiel y verdadera La Escritura resiste al Diablo, quien huye sin conseguir su objetivo.

La enseñanza que nos entrega Jesús es exhortada por el Apóstol Santiago quien nos dice “Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá” (Santiago 4:7). Satanás se especializa en incitar o invitar al pecado, su promesa implícita es el beneficio y satisfacción por el camino de la desobediencia. La Biblia nos muestra que es llamado el tentador (Mateo 4:3) y que desde la creación ha estado provocando a la humanidad al pecado. Así, la tentación es parte de nuestra vida diaria (1 Pedro 5:8), por esto, Jesús se encargó de enseñarnos desde el principio de Su ministerio la forma correcta de resistir y vencer al tentador, “…para que nuestro pie no tropiece en piedra”.

Cuando tropezamos en nuestro caminar, corremos el riesgo de caer, herirnos o dañar nuestro cuerpo. En este sentido, pareciera que hay cristianos que les gusta estar constantemente en el suelo o tropezando en su vida diaria y debemos reconocer que generalmente somos tentados por nuestra propia culpa. Santiago 1:14 dice “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado”, pues, aunque sabemos que nuestra carne es débil (Mateo 26:41), nos colocamos a nosotros mismos en situaciones que estimulan nuestras debilidades y nos llevan constantemente a una vida pecaminosa. El apóstol Pablo nos aconseja recurrentemente que huyamos de la tentación (1 Corintios 6:18; 1 Timoteo 6:11; 2 Timoteo 2:22), esto es correr, escaparse o escabullirse, ya que el tentador siempre nos ofrecerá muchos argumentos racionales para que auto justifiquemos nuestra penosa conducta de orgullo y soberbia.

Jesús se sometió a la voluntad de Su Padre y trazó adecuadamente Las Escrituras para vencer al tentador. Sin duda que Dios no desea que vayamos de tropiezo en tropiezo, Él desea que vayamos de victoria en victoria, Él nos ha dado vida en abundancia (Juan 10:10) para que vivamos el gozo de la salvación (Salmo 51:12), nos ha entregado Su Palabra para que seamos verdaderamente libres (Juan 8:32) y nos ha dejado el Espíritu Santo que nos ha sellado (Efesios 1:13) y nos guardará hasta Su venida. Estamos muy bien equipados para vencer los ataques del maligno. No importan las pruebas o tentaciones que vengan en nuestro camino, La Palabra de Dios y Su Santo Espíritu son muchísimo más fuertes que las artimañas de Satanás y Su promesa es fiel y verdadera “Pues que á sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Porque tu pie no tropiece en piedra” Salmo 91:11 y 12

¡Porque Él Vive!

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SUS ÁNGELES MANDARÁ

SUS ÁNGELES MANDARÁ

Pues que á sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. Salmo 91:11

Aquí nos encontramos con otra forma en la que Dios guarda a Su pueblo. Los ángeles fueron creados por Dios y son subordinados a Él. Son seres personales que adoran y obedecen a Dios. Sería irresponsable indicar que cada uno de nosotros tiene un “ángel de la guarda” como algunos lo dicen, pero si podemos afirmar que “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, Y los defiende” (Salmo 34:7).

Realmente no sabemos de cuantas cosas nos libra el Señor diariamente. Pero por Su Palabra comprendemos que promete un cuidado especial y personal sobre cada uno de nosotros en todos nuestros caminos, incluso cuando erramos y caemos Dios promete levantarnos y restaurarnos mostrando Su gran misericordia y fidelidad. Job 23:10 dice “Mas él conoció mi camino: Probaráme, y saldré como oro”.

Debemos recordar que parte de este verso utilizó Satanás para tentar a Jesús cuando le llevó sobre el templo “Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por ti, Y te alzarán en las manos, Para que nunca tropieces con tu pie en piedra” (Mateo 4:6). Notemos que Satanás dejó fuera la última frase “que te guarden en todos tus caminos” sin duda él trató de utilizar la escritura de manera engañosa y falsa, llevando a Jesús por un camino por el cual accedería de manera rápida al prestigio y la fama, pero sin cumplir el mandato de Su Padre. Los ángeles estaban ahí junto a Jesús, pero no necesariamente para lo que el diablo quería, ellos estaban ahí adorando y alabando al hijo de Dios.

Es contradictorio, pero sin duda que el intento de Satanás nos ayuda a comprender de mejor manera el verso en el que estamos meditando, ya que podemos entender que estas hermosas promesas de protección, consuelo y cuidado son específicamente recibidas y aplicadas a los creyentes que buscan en obediencia seguir y mantenerse en los caminos de Dios. Hay una máxima que debemos comprender. Dios jamás ha prometido, ni ha dado protección de ángeles para los caminos pecaminosos o prohibidos del hombre. Los caminos que voluntaria y soberbiamente escogemos para nuestra propia satisfacción y que sabemos que nos llevan directamente a la perdición, debemos asumirlos sin culpar a Dios “Hay camino que al hombre parece derecho; Empero su fin son caminos de muerte” Proverbios 14:12.

Podemos gozarnos y alegrarnos porque Dios siempre utilizará todo Su poder y todo Su ejército de ángeles para nuestro cuidado y protección.

¡Porque Él vive!

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NO SEAS INCRÉDULO, CREE SOLAMENTE

NO SEAS INCRÉDULO, CREE SOLAMENTE

Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel. Juan 20:27

En los versículos anteriores vemos que Jesús aparece nuevamente a Sus discípulos el domingo siguiente al de Su resurrección, esta vez comparte con ellos y les muestra las marcas de la crucifixión. Por los versículos siguientes, entendemos que Tomás no estaba con ellos cuando Jesús vino y la Biblia no nos indica la razón por la cual Él no estaba ahí. Maclaren, famoso teólogo británico comenta lo siguiente de este episodio “Tomás hizo la peor cosa que un hombre melancólico puede hacer, irse a un rincón solo a meditar melancólicamente, y así exagerar todas sus idiosincrasias, distorsionar la proporción de la verdad, y abrazar su desesperanza, separándose de sus compañeros. Por lo tanto, se perdió lo que ellos obtuvieron, ver al Señor.” Los discípulos recibieron la paz y la bendición de parte del Señor antes que Tomás, ellos experimentaron la tranquilidad y la verdadera paz ante el shock de ver morir a su maestro. Cristo estaba con ellos, Él venció la muerte, realmente era el Mesías prometido.

Tomás es conocido como “el incrédulo”, a razón de lo que nos declara La Escritura, Tomás no dudó, en realidad se negó a creer. Sus compañeros y conocidos ya se lo habían confirmado, pero Él obstinado y soberbio había puesto sus condiciones, no solo quería ver sino también tocar y no estaba dispuesto a creer si no se cumplían sus requisitos. Nuestro Señor demuestra gran misericordia y enfrenta a Tomás para que terminara con su incredulidad y volviera con los discípulos a cumplir la misión que Él les había dejado. A cambio, este discípulo nos deja una declaración más de la deidad de Jesucristo al decirle “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28).

Hay muchas personas dispuestas a creer en Dios si les entregamos todas las evidencias que ellos piden. Pablo hablando a los Romanos (1:18 al25) se refiere a este tipo de personas que exigen pruebas y que se dicen ser sabios, pero a la verdad son necios, fatuos e ignorantes. Jesús en cambio nos dice “bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:29) y el autor del libro de hebreos nos dice que “…sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester(necesario) que el que á Dios se allega, crea que le hay…” (11:6). Dios en Su infinito amor y misericordia nos ha dejado Su Palabra que podamos conocerle y dejar de lado nuestra ignorancia y soberbia buscando respuestas racionales para todo lo divino. Debemos comprender que nuestro deber es obedecer y recibir con gozo y agradecimiento lo que Dios ha decidido revelarnos en la Biblia, lo demás solo le pertenece a Él (Deuteronomio 29:29).

Estimado lector, tienes dos alternativas, creer en Cristo y recibir Su regalo que por gracia nos entrega vida eterna o definitivamente no creer y esperar las consecuencias nefastas de tu incredulidad. ¿Cuál es tu decisión?

¡Porque Él vive!

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NO TE SOBREVENDRÁ MAL

NO TE SOBREVENDRÁ MAL

No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Salmo 91:10

En los versos 9 al 13 el salmista se encarga de repetir nuevamente la promesa de cuidado y resguardo para los hijos de Dios. Quizás a una primera lectura cuesta entender la frase “no te sobrevendrá mal”, pues parece contradictorio que en el salmo 34 :19 se nos diga “muchos son los males del justo”. Para el hijo de Dios las pruebas son una real bendición, pues, aunque no nos gusta pasar por esos momentos difíciles, angustiantes e incluso de incertidumbres, todas esas pruebas nos ayudarán a que nuestro carácter sea conformado a la imagen de Cristo. El apóstol Santiago lo dijo con claridad (1:2 al 5) “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones; Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia. Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada”. Si el Apóstol nos exhorta a recibir las pruebas con gozo, es porque realmente nada de lo que nos ocurre está fuera del control de Dios y todo lo que Él hace para los suyos es bueno en gran manera. De igual forma, debemos reconocer que a la vista de los hombres, muchas veces pareciera que estamos siendo bombardeados por muchos males, de hechos probablemente nos vemos cansados y atrofiados por las pruebas, pero precisamente por esto Santiago nos dice que, si no logramos comprender el propósito divino de lo que nos ocurre, solo basta con demandarlo a Dios, quien se encargará de entregarnos abundante sabiduría por medio de Su Palabra para que podamos disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento.

Ni plaga tocará tu morada. Deseo compartir con ustedes un hermoso testimonio de Spurgeon a razón de esta última frase “En el año de 1854, cuando apenas estuve en Londres doce meses, el vecindario en el cual laboraba fue visitado por el cólera asiático, y mi congregación sufrió en sus incursiones. Familia tras familia me invocaron a estar al lado del herido, y casi cada día era llamado para visitar la tumba. Me entregué hacia la ferviente joven labor de las visitas a los enfermos, y fui enviado a todas las esquinas del distrito por personas de todos los rangos y religiones. Me cansé en mi cuerpo y enfermé en el corazón. Mis amigos parecían caer uno a uno, y me sentí o creí que estaba enfermando como aquellos alrededor de mí. Un poco más de trabajo y llanto me hubiera llevado al desánimo, así como los demás; sentía que mi carga era más pesada de lo que podía soportar, y estaba a punto de hundirme debajo de ella. De la manera como Dios dispuso, estaba regresando de una casa en luto del funeral, cuando mi curiosidad me condujo a leer un papel el cual estaba sobre la ventana de un zapatero en la Calle Dover. No parecía como un anuncio del comercio, ni tampoco lo era, pues llevaba en una buena letra de molde estas palabras: –‘Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.’ El efecto sobre mi corazón fue inmediato. La fe se apropió de este pasaje como propio. Me sentí seguro, refrescado, lleno con inmortalidad. Fue hacia la visita del moribundo con calma y con un espíritu en paz; no sentí temor ni mal, y no sufrí ningún daño. La providencia la cual movió al comerciante a colocar esos versículos en su ventana los cuales agradecidamente reconocí, y en la memoria de su maravilloso poder, yo adoré al Señor mi Dios.”

Alabemos al Señor por Su eterno cuidado por cada uno de nosotros.

¡Porque Él Vive!

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LA PROTECCIÓN DEL ALTÍSIMO

LA PROTECCIÓN DEL ALTÍSIMO

Porque tú has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación. Salmo 91:9

El verso anterior nos advertía que veríamos la recompensa del impío, pero ahora hace un contraste. La recompensa de los impíos es una maldición, pero para aquellos que han puesto su confianza en el Señor, tendrán bendición. Las bendiciones están bien especificadas desde el verso 10 en adelante, pero estas bendiciones no son para todos, son para aquellos que han puesto al SEÑOR como su refugio.

Las aflicciones de este mundo, en muchas ocasiones nublan nuestra vista y enturbia nuestros pensamientos. Nuestra mente es atrapada por la preocupación y no vemos a Dios actuando en nuestro favor. Se cuenta que Frederick Douglas, el gran orador abolicionista, en cierta ocasión, pronunció un discurso bastante pesimista y lúgubre: “Tenemos todo en nuestra contra. Tenemos en contra al hombre blanco; tenemos en contra los gobiernos; tenemos en contra al espíritu de nuestra época. No veo esperanza alguna para la raza negra. Estoy agobiado por la tristeza”. Justo había terminado de hablar, cuando se levanta una anciana en medio del auditorio y le pregunta: “Frederick, ¿ha muerto Dios? (Diccionario de anécdotas e ilustraciones, Samuel Vila). En ocasiones, los creyentes se sienten totalmente vencidos cuando tienen que enfrentar distintas dificultades en sus vidas. Comienzan a pensar que Dios los ha abandonado y que el cristianismo no es todo lo que dice ser. Sin embargo, todas estas cosas no son más que un recordatorio de que Dios está en control y que Él nos puede hacer vencedores: “Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). La tranquilidad de aquellos que han puesto su confianza en el Señor es notoria en cualquier situación.

Todo creyente que ha puesto al SEÑOR por su esperanza, al Dios Altísimo por su habitación, se gozará en la paz que recibe al confiar en Dios como su refugio y protección. Quien confía de esta forma en Dios, se abandonará en Sus brazos y esperará siempre en la Voluntad de Él. Quien confía en Dios esperará resignadamente en Él. Se narra la historia de una mujer cristiana que estaba muy enferma. La visitó una amiga y le dijo: “¿Te gustaría sanarte? A lo que la enferma responde: “Me gustaría la Voluntad del Señor”. Pero la amiga le vuelve a preguntar: “Si Dios te preguntara cuál es tu deseo, ¿qué le dirías? Le diría que “haga Su Voluntad” (Diccionario de anécdotas e ilustraciones, Samuel Vila).

Cuando decimos que es el SEÑOR nuestra esperanza, entonces, estamos declarando que confiamos en Él y si confiamos en Él, esperaremos siempre en Su Soberana Voluntad. Nuestro Dios, a través de toda la Biblia nos está repitiendo constantemente “No temas”, de este modo nos está haciendo un llamado a esperar en Él, a no temer en las circunstancias de la vida. Dios es infinitamente superior y tenemos Sus fieles promesas disponibles a nuestro favor. ¡Qué tu esperanza, refugio, habitación y protección sea el Dios Altísimo!

¡A Dios la Gloria!

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