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HUMILDES Y MANSOS

HUMILDES Y MANSOS

Encaminará á los humildes por el juicio, Y enseñará á los mansos su carrera. Salmo 25:9

El gran predicador Spurgeon dijo “Espíritus mansos tienen un gran favor con el Padre del manso y humilde Jesús, ya que él ve en ellos la imagen de Su Hijo unigénito”. En este verso David hace un llamado a humildad y a la mansedumbre, pues el pecador que se allega a Dios con soberbia y orgullo jamás encontrará buenas dádivas de parte de Dios, el Salmo 51:17 confirma “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.

El mejor ejemplo de humildad y mansedumbre lo encontramos en Jesús, el dijo “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mateo 11:29). El mismo nos reveló Su naturaleza, siendo el creador del cielo y de la tierra tomó forma humana para salvarnos de la cruel condenación. Pablo dice con claridad esto a los Filipenses (2:6 al 8, NVI) “quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”. ¡Que maravilloso ejemplo de humildad y mansedumbre encontramos en Cristo! ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quién eres tú para que el hijo de Dios tuviese que morir en tu lugar? Cristo teniéndolo todo, por el solo afecto de Su amor, no pudo negarse a si mismo, y como cordero fue llevado al matadero y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

¿Puedes comprender ahora lo que significa realmente la humildad y la mansedumbre? Cuando nos allegamos a Cristo en nuestra penosa condición pecaminosa, llenos de problemas y angustias, no tenemos otra alternativa que postrarnos a Sus pies y pedir perdón y misericordia, pues no tenemos nada bueno que ofrecerle, somos como pobres mendigos, que llevamos en nuestras ropas solo trapos llenos de inmundicia y suciedad. Quien crea tener algún mérito para que Dios le otorgue salvación no ha logrado comprender realmente el evangelio.

Dios ha prometido dar gracia a los humildes, mientras que a los soberbios los resiste (Proverbios 3:34; 1 Pedro 5:5). No hay muchas alternativas, si deseamos acercarnos a Dios, debemos confesar y arrepentirnos de toda nuestra maldad, si mantenemos nuestra soberbia y creemos que algo bueno hay en nosotros y nos exaltamos a nosotros mismos, estamos en contra de Dios y tarde o temprano y por nuestro propio bien, nos humillará. Pues solo “Él dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino” Salmo 25:9 NVI.

¡Porque Él Vive!

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BUENO Y RECTO ES JEHOVÁ

BUENO Y RECTO ES JEHOVÁ

Bueno y recto es Jehová: Por tanto él enseñará á los pecadores el camino. Salmo 25:8

El salmista asocia en esta primera frase la bondad de Dios con Su rectitud o Justicia. En este sentido en muchas ocasiones confundimos la bondad con la permisividad; esperamos que una persona que muestra bondad sea mansa, tierna y tolerante a cualquiera de nuestros exabruptos y que ojalá, por sobre todo, se mantenga alejada de posiciones que muestren rigidez.

Cuando decimos que Dios es bueno, nos referimos a que Él siempre actúa de acuerdo a lo que es correcto, verdadero y bueno. Su bondad es parte de Su naturaleza, es Su esencia y Él no puede ir contra ella. El hecho que Dios sea bueno significa que no tiene nada malo en Él, Sus intenciones y motivaciones son siempre buenas, Él siempre hace lo que es correcto y el resultado de Su plan siempre es bueno (Génesis 50:20). No hay nada desagradable, malo u oscuro en Él. El salmo 100:5 dice “Porque Jehová es bueno: para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones”. Por lo anterior, podemos afirmar que Dios no creo el mal, pues el mal, es todo lo contrario a Dios y precisamente por esto aborrece el pecado y Su voluntad es que nos mantengamos puros y alejados de todo pecado para presentarnos ante Su trono de gracia. Santiago 1:13 y 14 dice “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno: Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado”.

Pero Dios no solo es bueno, sino también es RECTO. Su santidad y Justicia son parte de la naturaleza de Dios, Él no puede hacer nada que sea impío o injusto, por tanto, hablar que Dios es recto nos debe llevar a reconocer nuestra completa imposibilidad de agradar a un Dios justo, ningún esfuerzo humano será suficiente, ninguna “buena obra” que ejecutemos podrá calmar la ira de Dios producto de nuestro estado pecaminoso. Nuestra única esperanza es buscar la bondad y la misericordia de Dios para que Él puede transformar nuestra mente y nos conforme a la imagen de Cristo, quien es el único bueno y recto igual que el Padre, capaz de cargar sobre Sus hombros el peso de toda nuestra maldad.

Los hijos de Dios debemos gozarnos y alegrarnos en nuestro buen Dios y debemos ser seguidores de la justicia, buscando parecernos a Cristo, aborreciendo los deseos carnales que diariamente nos perturban. Debemos ser humildes y reconocer que separados de Cristo nada podemos hacer (Juan 15:4), por eso debemos buscar estar en Su presencia, pues solo así nos haremos mas consientes de nuestra penosa condición producto del pecado. Busquemos la justicia de Dios, la que nunca podrá convivir con nuestro orgullo y soberbia, vamos con un corazón humilde donde nuestro buen Dios y digamos como el Salmista “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí” Salmo 51:10.

¡Porque Él vive!

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JESÚS EL SALVADOR, FRENTE A NUESTRAS AFLICCIONES

JESÚS EL SALVADOR, FRENTE A NUESTRAS AFLICCIONES

” Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” Juan 11:4

En este capítulo nos encontramos con un hermoso milagro que nos lleva a contemplar la Deidad de Cristo. Jesús se encontraba en su año de pasión, estaba muy cerca de enfrentar la cruz, de hecho, faltaban muy pocos días. Recordemos que el último tiempo del Maestro estuvo marcado por el rechazo y aborrecimiento de Su pueblo, sin embargo, nada pudo ocultar la gloria de Cristo al mostrar Su poder sobre la muerte y la aflicción de quienes lloraban la muerte de Lázaro. En su ministerio terrenal, Jesús, demostró que nada ni nadie puede resistirse o ser indiferente ante la orden del Creador del cielo y la tierra. Jesús mostró su poder frente a la naturaleza (Mateo 8:23-27), los demonios (Mateo 8:28-34) y en esta ocasión lo hace sobre la muerte.

Lázaro de Bethania, era hermano de María y Marta, todos ellos amigos y discípulos de Jesús a quienes Él amaba (Juan 11:5), por tanto, cuando llegó el mensaje que Lázaro estaba en la agonía, probablemente todos esperaban que Él se fuera con urgencia a la casa de Sus amigos, pero notemos que Jesús no desesperó, Sus palabras de tranquilidad no fueron bien entendidas, pues se quedó dos días más en el mismo lugar antes de sugerir volver a Judea donde estaba Lázaro y donde antes habían intentado apedrearlo (Juan 11: 5 al 8. Jesús sabía que producto del retraso, su amigo ya había muerto, que la desolación y angustia se habían apoderado del corazón de los cercanos y que quienes le acompañaban probablemente consideraran innecesario volver a Judea a exponerse nuevamente al peligro. De hecho, Tomás expresa perfectamente la frustración y la confusión que les embargaba diciendo “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Juan 11:16). El escenario no era el mejor, Lázaro muerto, el desconsuelo de María y Marta, probablemente el enojo y malestar de quienes esperaban que Jesús actuara con urgencia y los otros discípulos probablemente con miedo a morir apedreados.

Cuando nos enfrentamos a momentos de aflicción por una enfermedad, la falta de trabajo, un accidente o quizás vemos sufrir y padecer angustia a alguno de nuestros familiares, es cuando inmediatamente recurrimos buscando auxilio y socorro para calmar nuestra ansiedad y frustración. Sin duda, rogamos y clamamos a Dios pidiendo urgencia ante nuestra desesperación. Debemos ser francos y reconocer que son esos momentos en los que más nos acordamos de Dios y buscamos corregir aquellas cosas que no han estado bien por años en nuestra vida, pensando que de esta manera moveremos a Dios para que actúe respondiendo con mayor urgencia a nuestra aflicción.

Jesús se compadeció ante la aflicción de sus amigos y discípulos, Lázaro volvió a vivir después de estar cuatro días en el sepulcro y Jesús demostró a los suyos que ni la muerte podrían contra Él. La gloria de Cristo había sido demostrada, muchos creyeron en Jesús en ese momento, en cambio otros conspiraban para matarle. Podemos ver que Jesús no solo es la resurrección y la vida, sino también, Él es Señor tanto en la salud como en la enfermedad y podemos comprender que los sufrimientos no son accidentes en la vida cristiana, sino un medio que el Señor usa regularmente para tratar con nuestra alma, mostrándonos Su gloria en medio del dolor para que seamos conformados a Su imagen.

¡Porque Él vive!

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ENSÉÑAME EL CAMINO DE TU VERDAD

ENSÉÑAME EL CAMINO DE TU VERDAD

“Encamíname en tu verdad, y enséñame; porque tú eres el Dios de mi salud: En ti he esperado todo el día.” Salmo 25:5

Un verdadero cristiano, siempre rogará a Dios por aquellas cosas que agradan a Dios y, sabemos por las Palabras de Cristo, que todo aquello que pidiéramos en Su Nombre Él lo dará. Quien pide a Dios que lo lleve por el camino de Su verdad es seguro que Dios lo hará. Este es el ruego de alguien que está dispuesto a dejar su propio camino, para ahora caminar por el camino de la verdad de Dios, quien ora así, está rogando por caminar por el camino de la santificación.

“Encamíname en tu verdad, y enséñame”, esta petición de un corazón dispuesto es muy similar a la oración sacerdotal expresada por Cristo en Juan 17:17 “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad”; aquí tenemos la respuesta a este ruego. ¿Cómo puedes ser encaminado y enseñado en la verdad? Por medio de La Palabra de Dios. La aplicación más importante que encontramos en esto, es que también Cristo nos dice en Juan 14:6 “Yo soy en camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí”. Entonces, podemos decir que ser encaminado y enseñado en la verdad, es profundizar en el conocimiento de Cristo. Con toda seguridad, quien ruega a Dios por esto, está rogando por mayor comunión con Cristo, está rogando por caminar tras las pisadas de Cristo, está rogando por ser un fiel siervo del SEÑOR. Profundizar en el conocimiento del SEÑOR es una tarea de toda la vida, Cristo es una fuente inagotable, mientras vivamos aquí, nunca llegaremos a decir: “he completado mi tarea de conocer a Cristo, por fin lo conozco completamente”; la infinitud de la Gloria del SEÑOR será nuestro mayor deleite aquí y en la eternidad. Mientras vivamos sigamos rogando: “encamíname en tu verdad, y enséñame”. Sólo un corazón tierno, dócil y humilde pedirá a Dios que le enseñe. El responde ampliamente esta oración: con Su Palabra, con los predicadores, con aquellos que nos aconsejan de acuerdo a La Biblia, de tantas formas, que sólo un corazón humilde puede percibir cuando Dios le enseña. Ruego a Dios para que tengamos un corazón sensible a la voz del SEÑOR, cada vez que Él nos habla por estos distintos medios, especialmente cuando leemos Su Palabra.

“Porque Tú eres el Dios de mi salud: En Ti he esperado todo el día”, Dios es mi Salvador, esta maravillosa declaración es una convicción arraigada en el corazón del salmista y también debe ser una convicción en nuestras vidas. “Porque Tú eres el Dios de mi salvación, tendré mi esperanza en Ti todo el tiempo”. Esta es una declaración que nos identifica plenamente, hemos sido rescatados del pecado, Dios nos ha salvado de la muerte eterna; pero también nos ha librado de varias circunstancias peligrosas en esta vida. La salvación del SEÑOR es tan amplia que Su cuidado es en todas las áreas de nuestra vida. Nuestra esperanza en Él está fundada en Roca firme, porque nunca seremos confundidos mientras esperemos en Él.

¡A Dios la Gloria!

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MUESTRAME OH JEHOVÁ TUS CAMINOS

MUESTRAME OH JEHOVÁ TUS CAMINOS

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas.” Salmo 25:4

Una persona humilde estará constantemente frente a Dios repitiendo esta misma petición. En cambio, los orgullosos y soberbios creen que pueden forjar su propio camino y que no necesitan de la guía del SEÑOR en sus vidas. La Biblia para ellos no tiene sentido y es como cualquier libro. La persona que demuestra autojustificación o que vive su vida dándole más importancia a la vanidad de las cosas y que confía en lo que tiene, puede definirse como una persona orgullosa, todas estas manifestaciones son un obstáculo para buscar a Dios. Los orgullosos están llenos de sí mismos y sus pensamientos están lejos de Dios. “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios: No hay Dios en todos sus pensamientos” (Salmo 10:4).

Un verdadero creyente, estará constantemente examinando su vida, porque el pecado del orgullo puede atraparlo. Cada vez que nos damos crédito a nosotros mismos, por las cosas que Dios ha hecho, estamos pecando. Un verdadero cristiano, jamás querrá gloriarse a sí mismo, porque sabe que toda la gloria es para Dios, porque todo le pertenece al SEÑOR. “Lo que decimos de nosotros mismos, no significa nada en la obra de Dios. Es lo que Dios dice acerca de nosotros, lo que hace la diferencia” (gotquestions.org).

“Muéstrame, oh Jehová, tus caminos” esta es una petición de alguien que conoce y confía en Dios. Quien ore así, jamás será llevado por el camino del pecado, nunca tropezará para caer. El camino del SEÑOR es un camino angosto, pero que lleva a la vida eterna. Quien desea fervorosamente hacer la Voluntad de Dios, estará repitiendo estas palabras y Dios lo guiará por Su camino. Muéstrame, oh Jehová, tus caminos, es una súplica de alguien que quiere que Dios le haga conocer Sus caminos y que Dios lo instruya. Es obvio, que una oración como esta será respondida favorablemente por Dios. Orar así, es orar en la Voluntad del SEÑOR. “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéramos demandado” (1 Juan 5:14-15).

“Enséñame tus sendas” cuando pedimos a Dios que nos enseñe, le estamos reconociendo como Maestro. En la Biblia encontramos todas las enseñanzas del SEÑOR y, sin duda, allí encontraremos cuál es la senda por la que debemos transitar. Nuestro Señor Jesucristo, nos ha trazado la senda con Su propia vida y Él nos invita a seguirle. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame (Mateo 16:24). La vida de Cristo es la mejor forma de aprender acerca de los caminos de Dios y sólo en La Biblia podemos encontrar esta preciosa enseñanza.

¡A Dios la Gloria!

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LOS QUE ESPERAN EN DIOS NO SERÁN AVERGONZADOS

LOS QUE ESPERAN EN DIOS NO SERÁN AVERGONZADOS

“Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido: Serán avergonzados los que se rebelan sin causa.” Salmo 25:3

Nos encontramos en el tercer verso de este Salmo y como este es un Salmo acróstico, lo cual quiere decir que la primera palabra de este verso comienza con la tercera letra del alfabeto hebreo. Este verso inicia con una afirmación de confianza, “Ciertamente”; sin duda alguna, la certeza de esta afirmación, una vez más, es para que todo hijo de Dios se aferre completamente en el SEÑOR. Todos aquellos que ponen su confianza en Dios, jamás serán decepcionados.

“Ciertamente ninguno de cuantos en ti esperan será confundido”, la declaración de confianza de esta frase está dada a todos aquellos que “esperan en Jehová”, para todos aquellos que confían en Él. Es importante notar que el sentido de esta palabra “espera”, no es estar pasivamente sin hacer nada; encierra la idea de un servicio activo. Esperar en Dios, en este caso, no significa estar inactivo en el servicio, siendo un espectador, viendo como otros sirven mientras nosotros sólo observamos sin ayudar. Casi siempre “esperar en el SEÑOR” trae implícito un servicio activo una confianza que no nos deja pasivos, la confianza en Él es activa. El capítulo 11 de Hebreos narra la forma activa de aquellos que pusieron su fe en el SEÑOR. Abel ofreció mejor sacrificio que su hermano Caín; Noé construyó el arca, 120 años de arduo trabajo; Abraham dejó su tierra y parentela; los padres de Moisés colocaron a su bebé en una arquilla y lo dejaron en el río de Egipto; etc, todos ellos dieron testimonio de su confianza en el SEÑOR y ninguno de ellos fue decepcionado. Los que esperan en Él no serán confundidos; “la idea de esta palabra principal de esta palabra “confundido” es la de dejar abajo o decepcionado o de haber confiado en algo que al final no es digno de nuestra confianza” (Boice, citado en es.enduringword.com).

“Serán avergonzados los que se rebelan sin causa” este es el contraste. Aquellos que se rebelan contra Dios, aquellos que sin causa alguna lo niegan, a los apóstatas y falsos profetas, a todo aquellos que son enemigos de Dios, ellos serán avergonzados. Este es un solemne llamado de atención para aquellos que participan de la “religión evangélica”, creyendo que son cristianos, pero que no quieren abandonar su antigua manera de vivir. Para aquellos que se dicen ser creyentes, pero que sus vidas no reflejan fidelidad al SEÑOR, deben llenarse de temor y temblor, porque su rebeldía no pasará inadvertida. Nuestro Justo Dios dará Su justa paga a aquellos que “traicionan” el evangelio de Cristo.

Para los verdaderos creyentes este verso es una afirmación de confianza que nos llena de gozo y paz. Para los rebeldes y falsos creyentes es un solemne llamado de atención para que abandonen su mal camino, se arrepientan de su pecado, pidan perdón al SEÑOR y Él los perdonará. Rogamos a Dios para que te acerques con un corazón contrito y humillado.

¡A Dios la Gloria!

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DIOS MIO, EN TI CONFIO

DIOS MIO, EN TI CONFIO

“Dios mío, en ti confío; No sea yo avergonzado, No se alegren de mí mis enemigos.” Salmo 25:2

El salmista continúa declarando su absoluta confianza en Dios. El Historiador anglicano Thomas Fuller dijo de este Salmo “En el Salmo veinticinco (David) está de rodillas y levanta su voz a Dios, y sobre estos dos goznes gira todo el Salmo; por una parte, ruega de todo corazón a Dios suplicando misericordia; por otra, humildemente lamenta su propia miseria”

Aprender a confiar en Dios debe ser uno de nuestros mayores anhelos. Creo que ninguno de nosotros confiaría en alguien a quien no conoce ¿cierto?, bueno, sin lugar a duda ahí está radicado el secreto de aprender a confiar en Dios. Jesús mismo lo dijo “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (Juan 17:3). Cuando conocemos realmente a Dios y a Cristo es cuando disfrutamos del gozo de la vida eterna, un gozo que no se acaba, pues nos lleva a comprender que todo lo que vivimos en este mundo es temporal, porque nuestra morada está segura con Dios en la eternidad.

En la actualidad encontrar alguien en quien depositar nuestra confianza y que no nos decepcione, es similar a “encontrar una aguja en un pajar”. ¿Cuántas veces hemos sido decepcionados por personas que hemos creído confiables?, claramente muchas, de hecho, pareciera que se nos hace más fácil confiar en los hombres (o mujeres) que en el soberano Dios. Pues, depositamos una y otra vez nuestra confianza en personas que nos traicionan y nos descorazonan. Probablemente cuando David realiza esta oración estaba pasando o había pasado por un gran fracaso, pues ruega “no se alegren de mí mis enemigos”. Precisamente, en ocasiones cuando nos sentimos derrotados, frustrados y avergonzados por lo que estamos viviendo, probablemente es cuando más vulnerables somos a volver a confiar en las personas. Cuando nuestra alma está atribulada y no podemos levantar nuestro corazón al Señor para ir en busca de ayuda y lograr calmar nuestra angustia o aflicción, es cuando debemos reflexionar en que el único digno de confianza es nuestro Señor y Dios, Él nunca miente, nunca falla y siempre cumple Sus promesas. “Dios no es hombre, para que mienta; Ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; Habló, ¿y no lo ejecutará?” Números 23:19

Cuando quieres hacer un nuevo amigo(a), debes dedicar tiempo para conocerle, de la misma forma, si realmente deseas decir con la misma convicción de David “DIOS MIO, EN TI CONFIO” debes comenzar a conocer a Dios por medio de Su Palabra, hacer tuyas Sus promesas, buscarle en oración, pasar tiempo a solas con Él, pues de esta forma dejará de ser un extraño para ti. Conocer a Dios es confiar en Él.

¡Porque Él Vive!

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LEVANTARÉ MI ALMA

LEVANTARÉ MI ALMA

“A TI, oh Jehová, levantaré mi alma.” Salmo 25:1

Este hermoso salmo es un acróstico escrito por David, que no se conoce con certeza el período de tiempo en el que se compuso. Spurgeon dijo de este Salmo “David es ilustrado en este Salmo como una miniatura fiel. Su confianza santa, son muchos conflictos, su gran transgresión, su amargo arrepentimiento, y su profunda angustia, todos están aquí; así que vemos el mismo corazón del hombre tras el corazón propio de Dios”.

Sin duda, encontramos en este salmo a David implorando dirección, perdón y protección. David confronta las duras pruebas de la vida afirmando su completa dependencia de Dios. MacArthur sugiere la siguiente división para el salmo: versos 1 al 7, Oraciones en tiempo de prueba; versos 8 al 15, alabanza en períodos de confianza y versos 16 al 22 ruego de ayuda en la aflicción.

Cuando el salmista dice en el primer verso “levantaré mi alma” realiza una clara alusión a su total dependencia de Dios, él se rinde completamente ante su creador esperando quietamente que Él controle absolutamente su vida. Entrega toda su alma y su ser para que Dios haga como Él estime conveniente.

Debemos comprender que Dios exige de nuestra parte absoluta exclusividad. Aprender a depender de Dios es fundamental en la vida cristiana. Depender de Dios no significa que seamos imprudentes o insensatos. Recordemos que Jesús NO necesitó saltar de la parte más alta del templo para demostrar que dependía absolutamente de Su Padre (Mateo 4: 5-7). En este sentido, existe una gran diferencia entre confiar en Dios y poner a Dios a prueba. Por ejemplo, una persona que estando enferma se niega a visitar al médico, diciendo “Dios me sanará déjenme en mi casita”, esto es tan absurdo como soltar el manubrio del auto cuando vamos conduciendo “porque Dios guiará nuestro camino”. Sin duda, cuando visitamos al médico o cuando vamos conduciendo debemos depender de Dios, pues no existe nada ni nadie que se escape de Sus cuidados y control.

Levantar nuestra alma al Señor es poner completamente nuestra vida en Sus manos, en este sentido consideremos el ejemplo utilizado por Jesús respondiendo una pregunta de Sus discípulos, leamos Mateo 18:2 al 4. “En aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús á un niño, le puso en medio de ellos, Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos”. Una hermosa cualidad de los niños es que dependen de sus padres para su bienestar y protección, quienes somos hijos de Dios debemos aprender a ser como niños y entregar todo lo que somos y todo lo que deseamos ser al cuidado de nuestro amoroso Padre, pues sin duda Él conoce anticipadamente lo que es mejor para nosotros (1 Pedro 5:7).

¡Porque Él vive!

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¿SOMOS REALMENTE VERACES?

¿SOMOS REALMENTE VERACES?

“Verdad digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón” Romanos 9:1-2

Pablo era, realmente, un hombre excepcional. Su amor por Cristo era tan notable que se reflejaba profundamente hacia los pecadores y especialmente hacia sus hermanos, los judíos. Su amor por Cristo le llevó a evangelizar a casi todo un imperio. Si se hubiese sentado a tirar líneas, él podría sacar cuentas alegres. Esta carta la escribió en su estadía en Corinto, en su tercer viaje misionero. Hasta ese momento, era el cristiano que más lugares había recorrido llevando el evangelio y fundando iglesias. Pablo culmina el capítulo 8 con palabras tan sublimes como emocionantes. Con gozo desbordante, nos eleva a la gloria. “Nada ni nadie nos podrá apartar del amor de Cristo”.

Aquél que en otro tiempo fue el perseguidor más fiero de la iglesia de Cristo, ahora puede cantar gozoso, que es parte del cuerpo de Cristo y que absolutamente nada podrá quitarle esa bendición. Sin embargo, había una gran tristeza en su corazón y un continuo dolor. Él comienza diciendo “Verdad digo en Cristo”, Pablo fue acusado por los judíos de traición, fue odiado por sus hermanos por abrazar el cristianismo. El fariseo de fariseos, ahora es odiado y perseguido por aquellos que alguna vez fueron sus compañeros de persecución contra la iglesia. Los judíos hacían todo tipo de acusaciones contra él, pusieron en duda su apostolado, quisieron desacreditar sus enseñanzas, se decían todo tipo de falsedades contra él. Pero aquí está diciendo “Verdad digo en Cristo”. Pablo llama a Cristo por testigo, para aclarar que lo que está diciendo es completamente cierto. Luego llama a su propia conciencia para dar testimonio de la veracidad de sus dichos. Dice, además, que su conciencia está sometida al Espíritu Santo.

Ningún verdadero creyente, diría una mentira poniendo a Cristo y al Espíritu Santo por testigos. He aquí una profunda aplicación para nuestras vidas. El apóstol nos enseña cómo debe proceder un hijo de Dios sincero y totalmente honesto. ¿Podemos traer como testigos a Cristo y al Espíritu Santo, para decir que somos veraces? ¿Tenemos un profundo amor por nuestros hermanos, más que nuestros propios intereses? ¿Somos realmente sinceros, cuando le decimos a nuestros hermanos que les amamos? ¿o sólo son palabras lisonjeras e hipócritas? Queridos hermanos, también aquellos que ejercen liderazgo en la iglesia, incluso los pastores, es necesario aprender del amor de Pablo hacia la iglesia y sus hermanos. Que realmente, andemos en la verdad de Cristo, lejos esté de nosotros buscar nuestros propios intereses, o hacer cosas que me beneficien solo a mí sin interesarme por los demás. ¡Dios nos ayude! Para que, cuando digamos algo, seamos creíbles, porque siempre hemos actuado en la presencia de Cristo, con conciencia limpia, ajustando nuestros actos a La Palabra de Dios y obedeciendo al Espíritu Santo.

¡A Dios la Gloria!

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LA NECESIDAD DE UN SALVADOR

LA NECESIDAD DE UN SALVADOR

Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros Romanos 5:8

En los capítulos 1 al 8, el apóstol demuestra la culpabilidad del hombre ante Dios y de la necesidad de Un Salvador. Nos advierte de la manifiesta ira de Dios sobre el pecador la cual es exhibida en el abandono de Dios.

Romanos 1 es una descripción vívida de una sociedad sin Cristo, que es exactamente, la descripción de la sociedad en nuestros días. Como dijo alguien: “La Biblia está más actualizada que el diario de mañana”. Luego, Pablo demuestra que tanto Judíos como gentiles son inexcusables ante Dios, “pero Dios muestra Su amor para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Al final del capítulo 5 se introduce el tema de la gracia de Dios, demostrando que la salvación es por gracia y no por obras. Para evitar mal entendidos a esta enseñanza, Pablo inicia el capítulo 6 con una pregunta muy incisiva: “Pues qué diremos, ¿perseveraremos en pecado para que la gracia crezca? La respuesta es enfática: “En ninguna manera”. Todavía existen algunos que creen, que, por ser el evangelio por gracia, pueden mantenerse pecando. Pablo aclara que desde el momento que creímos en Cristo, somos muertos al pecado, así es que ya no podemos vivir pecando. La evidencia de la salvación, es el cambio de vida. “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna” (Romanos 6:22). El capítulo 7, nos aclara la lucha constante que tenemos. Aunque el verdadero creyente busca la santificación, tiene una lucha interior contra su naturaleza caída. El Espíritu Santo que mora en nosotros, nos hace sensibles a las cosas espirituales, y nos deleitamos en la ley de Dios, pero también somos conscientes que nuestra naturaleza pecaminosa nos induce a pecar. No somos totalmente libres del pecado y en nuestra mente se manifiesta el pecado. Exclamamos con Pablo: ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte? (Romanos 7:24). Cuanto más espiritual es un creyente, tendrá mayor consciencia de su pecaminosidad.

El capítulo 8, el cual es clasificado por muchos eruditos, como el más importante de los capítulos de la Biblia, es una magnifica declaración de Dios que llena de seguridad y confianza a los creyentes. En tiempos de prueba y angustias, quizás sea el texto más leído y amado por los cristianos sufrientes. Tenemos la seguridad inconmovible de la promesa de Dios en este capítulo (Romanos 8:28-29). La salvación es segurísima, porque fuimos predestinados por Dios, para ser conformados a la imagen de Cristo. Tenemos plena certeza, que llegaremos al cielo, porque Dios nos ha predestinados para ser glorificados a la misma semejanza de Cristo y seremos transformados a un cuerpo glorificado, porque es la promesa de Dios. Sin el amor de Cristo no hay salvación, Sin Cristo no hay perdón de pecados y sin Cristo estábamos muertos eternamente (Efesios 2:5).

¡A Dios la Gloria!

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