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TUS ESTATUTOS GUARDARÉ

TUS ESTATUTOS GUARDARÉ

Tus estatutos guardaré: No me dejes enteramente. Salmo 119:8

Con esta hermosa afirmación y ruego del salmista finaliza la primera sección de ocho versos del salmo 119 denominada con la primera letra del alfabeto hebreo ALEF.

En nuestra vida procuramos y en muchos casos nos esforzamos por guardar muchas cosas: fotografías, joyas, regalos o recuerdos que hemos considerado de tan alto valor que protegemos y conservamos como un valioso tesoro. Sin ir más lejos, hoy por hoy, muchos sufrirían si se les pierde su teléfono celular o su computador personal, no solamente por su valor económico, sino por los recuerdos alojados en cada uno de ellos. Sin duda que la Biblia debe tener un valor superior a todo lo anterior, por esto debemos ocuparnos de atesorar los estatutos de Dios en nuestro corazón y obedecerlos, pues solo ellos nos pueden asegurar vida eterna y llevarnos a la verdadera bienaventuranza y sabiduría.

Jesús nos dice “Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”. Juan 5:39. Escudriñar, es sinónimo de investigar, inquirir, observar y profundizar. Una lectura disciplinada, sistemática de las Escrituras nos permitirá conocer a nuestro Creador, Su personalidad, Su amor y Su plan redentor para la humanidad.

El salmista dice que guardar La Palabra de Dios es una verdadera coraza contra las tentaciones de la vida (Salmo 119:11). Con la Biblia podemos vencer a Satanás como Jesús lo hizo en el desierto, la realidad es que, todos luchamos contra el pecado día a día y nuestra victoria se encuentra en guardar las Escrituras. ¿Cómo se realiza esto?

1. Lee tu Biblia a diario, dedica un tiempo todos los días para un estudio sistemático y ordenado, idealmente un tiempo tranquilo (quizás por la mañana) donde puedas estar a solas con Dios (Salmo 63:1 al 5). No te dejes vencer por el sueño o la pereza, persiste en ello, tal como Pablo aconsejaba al Joven Timoteo (2 Timoteo 3:14)

2. Memoriza las Escrituras, es una práctica muy provechosa guardar en nuestra mente esas promesas y mandamientos. Aprende salmos, proverbios o versículos de misericordia, fortaleza, aliento, advertencia y gozo.

3. Medita en lo que has leído, piensa e investiga respecto de lo que lees, revisa el contexto histórico. ¿Es una promesa? ¿Un mandamiento? ¿un ejemplo a seguir? ¿una advertencia? ¿Cómo podrías aplicarlo a tu vida?

4. Ora pidiendo dirección a Dios, recuerda que el corazón contrito y humillado nunca será despreciado por Dios (Salmo 51:17), pide humildemente sabiduría para comprender las Escrituras.

Recuerda que la Palabra de Dios nunca vuelve vacía (Isaías 55:11).

¡Porque Él vive!

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LOS SACRIFICIOS QUE AGRADAN A DIOS

LOS SACRIFICIOS QUE AGRADAN A DIOS

Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto u ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros. Salmo 51:19

¿Qué es lo que realmente agrada a Dios? Pueden ser variadas las respuestas que se pueden dar a esta pregunta, sin embargo, existe una excelente respuesta dada en 1 Samuel 15:22: “Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros”.

Un corazón obediente y dócil es lo que agrada a Dios. Podemos hacer muchas cosas, podemos hacer grandes sacrificios, podemos ofrecer los mejores cantos de adoración y alabanza; pero si no hay obediencia a La Palabra de Dios, todo eso es vano y desagradable para Dios. Puede ser de agrado para nosotros mismos, pero difícilmente le agradará a Dios.

Cuando participamos de un culto de adoración no es para agradarnos a nosotros, es para agradar a Dios y honrar a Su Nombre. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

“Entonces te agradarán los sacrificios de justicia”, ¿Cuándo Le agradarán esos sacrificios de justicia? Cuando el pecador se allega a Dios con un corazón contrito y humillado, cuando entiende su verdadera condición delante de Dios, cuando se arrepiente de su pecado y cuando es restaurado por La Palabra de Dios; entonces presentará sacrificios de justicia que agraden a Dios. Al instituir los sacrificios y holocaustos, el israelita piadoso, entendía perfectamente que el animal que se sacrificaba era un sustituto, él entendía que la muerte del cordero era su propia muerte, él comprendía que era su pecado lo que producía la muerte de ese inocente cordero.

Eran pocos los israelitas que ofrecían sacrificios, conscientes de su verdadera situación, muy pocos ofrecían sacrificios con un corazón sincero y valorando el verdadero significado y beneficio de estos sacrificios. Se volvieron ritualistas vacíos, indolentes e hipócritas. Dios no recibirá un sacrificio de personas así.

En la Palabra de Dios encontramos todo lo que Dios pide de nosotros, de modo que podamos ofrecer lo que a Él le agrada. Si quieres agradar realmente a Dios esto es lo que Él pide de cada uno de nosotros: “Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien? (Deuteronomio 10:12-13). “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo: aprended a hacer bien: buscad juicio, restituid al agraviado, oíd en derecho al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1:16-17). Estas son las exigencias del Dios Soberano y Eterno, toda criatura debe responder en obediencia y sus hijos con mayor razón, de modo de ofrecer una adoración que sea agradable a Él.

¡A Dios la Gloria!

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HAZ BIEN CON TU BENEVOLENCIA A TU PUEBLO
Haz bien con tu benevolencia a Sión: Edifica los muros de Jerusalem. Salmo 51:18
Todo creyente, siempre tendrá un área de influencia, ya sea en su familia, con sus amigos, con algún hermano menor, etc., nuestra vida, en algún momento, se relacionará con otros y, por ende, habrá algún tipo de comunicación que nos identifique como cristianos. Nuestra identificación con Cristo, nos debe mover a actuar como Él y a obedecer Su Voluntad; esta forma de conducirnos nos hace ser “sal de la tierra y luz del mundo”. En el antiguo oriente, eran bien conocidos los efectos de la sal, un preservante natural. También era bien conocido la importancia de la luz en las oscuras noches orientales. La luz era valiosa para una cultura donde la oscuridad tenía un significado amedrentador. Entonces, la vida de un verdadero creyente, siempre tendrá un área de influencia.
Este Salmo es la oración de un hombre arrepentido, que ha pecado contra Dios. Como lo expresa en el verso 4: “A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”. David está consciente que su pecado es personal contra Dios, pero también lo afecta como esposo, padre y rey de Israel. Esto es un poderoso llamado de atención para quienes ejercen algún tipo de liderazgo en su familia, iglesia o amigos. Nos debe llenar de temor y temblor, pensar que no sólo seremos afectados nosotros por el pecado de adulterio u otro de connotación social; también afectaremos a nuestro entorno. La iglesia será afectada, la familia será tocada, nuestras relaciones se verán dañadas, etc. Debemos estar muy conscientes de la consecuencia natural del pecado, siempre afectaremos a otros; sobre todo si somos miembros de una iglesia local.
“Haz bien con tu benevolencia a Sión” esta es la frase de un hombre que ha sido restaurado por Dios y que refleja el cambio en su corazón. Él pecó siendo rey de Israel y ahora está pidiendo humildemente que Dios muestre su bondad y compasión por su reino. “No sabemos si hubo una obvia demostración del desagrado de Dios en contra del Reino de Israel en el período del pecado sin confesar de David. Si así fuera o no, David entendió que había un aspecto de restauración en términos de que el reino necesitaba ser tratado” (es.endurignword.com).
“Edifica los muros de Jerusalem”, el pecado siempre daña algo, rompe algo o destruye algo. Esta es la petición a Dios que restaure aquello que el pecado dañó. Un corazón arrepentido sinceramente, rogará para que Dios reconstruya lo dañado y él se pondrá en las Manos del SEÑOR, para que sea usado como instrumento de edificación. Un corazón contrito y humillado, al cual Dios perdona y restaura, puede ser usado para enseñar a otros. Aún aquello que es abominable, como el pecado, Dios lo usa para beneficio de Su pueblo. Es absolutamente admirable la maravillosa obra del SEÑOR, para aquellos que le aman. “Y sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, es a saber, a los que conforme al propósito son llamados” (Romanos 8:28).
¡A Dios la Gloria!

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EL PUEBLO DE DIOS ADORA EN SUS HOGARES

EL PUEBLO DE DIOS ADORA EN SUS HOGARES

“Y todo el pueblo se fue cada uno a su casa; y David se volvió para bendecir su casa”1 Crónicas 16:43

La adoración a Dios debiera ser la obra de cada día. No sólo, en el culto congregacional, sino también en el culto familiar. Dios debe ser adorado en tiempos de paz y en tiempo de pruebas. En las pruebas, Él realiza la obra más maravillosa en Sus hijos: Dios en su soberanía, nos moldea a la imagen de Cristo, Él tiene derechos sobre nosotros, así como el alfarero sobre el barro. No encuentro algo superior a esto: que Dios nos esté conformando a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:28-29). Es una bendición saber que estamos siendo moldeados a la imagen de Cristo y a veces, sino la mayoría de las veces, Dios usa la prueba y el sufrimiento para este sublime propósito. Cada creyente debiera adorar a Dios en familia porque Dios nos tiene en paz o porque Él nos está haciendo pasar por alguna prueba.

El rey David trajo el arca del pacto a una tienda especial que él había preparado, este fue un día glorioso, fue un día solemne, de gozo y alegría, donde todo el pueblo alabó a Dios (1Crónicas 16:36). David, por inspiración del Espíritu Santo, compuso un hermoso salmo de acción de gracias y lo entregó a los jefes de los cantores, para que fuese cantado en esta ocasión. En este salmo de alabanza y adoración encontramos muchos motivos por qué adorar a Dios y nos insta a reconocer Sus bondades y misericordias. Después que todo el pueblo adoró a Dios, cada uno se fue satisfecho a su casa. Sin duda, el culto congregacional produce gozo, alegría, somos edificados por La Palabra de Dios, compartimos en comunión, podemos orar unos a otros, etc., ¡tiene tantos beneficios el culto congregacional! En cuanto podamos retomar el culto congregacional, que sea como este hermoso tiempo de gozo narrado en este capítulo. “No dejando nuestra congregación, como alguno tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).

“David se volvió para bendecir su casa” No hay motivo alguno para pensar que el culto congregacional, reemplace el culto familiar. Todos los padres creyentes, debemos tomar este ejemplo de David. Es una gran bendición familiar, reunirnos para alabar a Dios en casa. Es una práctica que trae bendición familiar. El arca del pacto, la cual es un símbolo de Cristo, estuvo por tres meses en casa de Obed-edom y le trajo bendición. Así como el arca bendijo la casa de Obed-edom (1Crónicas 13:14), Cristo bendecirá nuestro hogar. Todo padre cristiano debiera bendecir su casa, haciendo de Cristo el centro de adoración en el hogar. Tengamos la misma determinación de Josué, “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

¡A Dios la Gloria!

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NO QUIERES SACRIFICIO

NO QUIERES SACRIFICIO
“Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.” Salmo 51:16
Hace muchos años atrás, cantábamos con el coro de niños un villancico que tenía por nombre ¿Qué puedo darle?, su letra decía mas o menos así “¿Qué puedo darle? pues pequeño soy, quizás un cordero si fuera yo pastor, si fuese un rey mago oro daría yo, ya sé que daré, le doy mi corazón”. Probablemente esto resonaba en la mente de David al escribir este verso y por tanto, podemos preguntarnos ¿Podremos hacer o entregar algo que pudiera pagar todo lo que nuestro Dios ha hecho por nosotros?
Lamentablemente la respuesta es NO. Muchas veces por ignorancia creemos que realizar algunas actividades religiosas como congregarnos, participar de los estudios bíblicos o ponernos a disposición para el aseo o participar de algún trabajo en el templo o entregar nuestra ofrendas o diezmos podría ser considerarse como una retribución o pago hacia a Dios. De hecho, una vez le preguntaron a Jesús cuál era el mayor mandamiento de la Ley. A lo que Él respondió: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:30-32; cf. Mateo 22:37-39). Por tanto, lo que Dios quiere es muy sencillo: Nos quiere a nosotros. Todo nuestro servicio a Dios debe fluir de esos dos mandamientos de amor, de lo contrario no es un servicio real, se transforma en un esfuerzo carnal.
Dios quiere que confiemos en Jesús como Salvador y Señor (Filipenses 2:9-11). Llegamos a conocer a Jesús al arrepentirnos de nuestro pecado y aceptarlo como nuestro sacrificio personal (Romanos 10:9; Juan 1:12). Dios quiere que “nos conformemos a la imagen de Su Hijo” (Romanos 8:29). El Padre quiere que todos Sus hijos sean como Jesús. Así como Jesús fue obediente al Padre en todo, la meta de todo hijo de Dios debe ser obedecer a nuestro Padre Celestial (Juan 8:29).
Muchas personas, como los fariseos en tiempos de Jesús, tratan de colocar la acción externa antes que el cambio interior del corazón (Lucas 11:42). Ponen toda la atención en lo que hacen y no en lo que son. Pero, a menos que el amor a Dios sea nuestra motivación, las demostraciones externas de bondad sólo resultan en orgullo y legalismo. Nada de esto agrada a Dios. Cuando nos rendimos totalmente a Él, Su Espíritu Santo nos empodera para amar a Dios plenamente y servirle de forma correcta. El verdadero servicio y la santidad son simplemente la obra del Espíritu, el resultado de una vida dedicada para la gloria de Dios. Cuando nos centramos en amar a Dios en vez de simplemente servirle, acabamos haciendo ambas cosas. Si omitimos la relación, nuestro servicio no sirve de nada y no beneficia a nadie (1 Corintios 13:1-2) (Got Questions)
Resumamos toda la reflexión en un solo versículo Proverbios 23:26 “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos”.
¡Porque Él Vive!

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SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE

SEÑOR, ABRE MIS LABIOS PARA ALABARTE

“Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.” Salmo 51:15

Esta es una petición muy sencilla pero muy profunda. Durante el día abrimos nuestra boca recurrentemente para saludar, conversar, comer, discutir, llegar acuerdos, juzgar, chismear, entre otras cosas. Hay un dicho que dice que, “somos presos de nuestras palabras” y probablemente es porque utilizamos nuestra boca, nuestros labios y nuestra lengua con tanta facilidad, que olvidamos que nuestro principal propósito debería ser abrir nuestros labios para alabar y glorificar a Dios por Su infinita misericordia y bondad para con nosotros (Salmo 139:14).

La Biblia nos exhorta tanto en el antiguo como en el nuevo testamento a que, los dichos de nuestra boca sean agradables y dignos del título que exhibimos “hijos del Rey de reyes y Señor de señores”. David dice “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” Salmo 19:14. También el apóstol Pablo nos dice que, nuestra boca debe hablar con gracia, sin ofender ni dañar a otros como muchas veces nos equivocamos por falta de madurez espiritual. “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno” Colosenses 4:6

Los hijos de Dios debemos distinguirnos por utilizar nuestra boca para hablar lo que es espiritual, sano, veraz, apropiado, amable, sensible, con propósito, edificante para nuestros hermanos, es decir, que sea una fuente de bendición para quienes nos escuchan, de tal forma que podamos ser una influencia purificadora dentro de nuestro entorno. “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes” Efesios 4:29. En otras versiones de la Biblia, en vez de utilizar la palabra “torpe” para el versículo anterior, se ocupa la palabra “corrompida” que se refiere a algo que pudre su entorno. Un ejemplo de esto es utilizar un lenguaje sucio, con groserías y doble sentido, el cual nunca debería pasar por los labios de un cristiano, pues es absolutamente incompatible con el carácter de un hijo de Dios.

Amados, que nuestras conversaciones sean como Dios quiere, con gracia, sazonadas con sal, como siempre lo demostró Jesús. Debemos suplicar a Dios que nuestra boca se abra exclusivamente para alabarle y exaltar Su nombre. Procuremos que nuestros labios no se cansen de agradecer por Cristo, pues por Su sangre hemos recibido salvación y que nuestra lengua nunca deje de proclamar las buenas nuevas para que, todos puedan reconocer que Jesucristo es el Señor.

¡Porque Él Vive!

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CANTARÉ DE TU JUSTICIA

CANTARÉ DE TU JUSTICIA

“Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.” Salmo 51:14

Nuestra naturaleza pecaminosa constantemente nos incita a pecar, estamos propensos a caer una y otra vez, incluso, podemos caer en el mismo pecado vez tras vez. Esta es una lucha constante. Nuestros deseos pecaminosos desean controlarnos y debemos luchar contra ellos para someterlos a la voluntad del SEÑOR. Satanás, nuestro enemigo, nos tentará en el punto que somos más débiles y potenciará nuestros propios deseos carnales para hacernos caer. Sea cual fuere nuestra debilidad, seremos atacados por allí y si no estamos alertas seremos vencidos. Todo inicia en nuestra mente, es por esto que la debemos mantener saturada con la Palabra de Dios, estudiando la Biblia, oyendo predicaciones, leyendo literatura cristiana, buscando al SEÑOR en oración.

Tenemos una lucha constante contra Satanás y nuestros propios deseos carnales: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas; destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento a la obediencia de Cristo” (2 Corintios 10: 3-5). Otra versión dice en el versículo 5: “Destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”. Cuando el Espíritu Santo controla la vida, todo razonamiento y pensamiento pecaminoso es llevado cautivo en obediencia a Cristo. Es por esto, que la Biblia nos ordena que “seamos llenos del Espíritu”, es decir, que nos dejemos controlar por el Espíritu Santo, para vencer y hacernos fuertes espiritualmente, frente nuestra debilidad carnal.

“Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud”, David ruega a Dios que lo libre de cometer delitos de sangre. En su mente estaba aún la muerte de Urías y ruega para no volver a caer en tan grande maldad. El Dios de mi salvación, puede perdonar hasta el más vil asesino. Esto es lo increíble de las misericordias de Dios, no importa la profundidad y vileza de tu pecado, si vienes a Él con verdadero arrepentimiento; ¡Dios te perdona! Es por esto que los creyentes alabamos a Dios con gozo y nuestra boca expresa la magnífica obra de Dios en favor del pecador. ¡Ningún pecador perdonado cerrará su boca para exaltar a Cristo por su obra redentora en la cruz del Calvario!

“Cantará mi lengua tu justicia” mi lengua cantará con gozo tu justicia, la justicia de Dios se revela al condenar el pecado, pero esta misma justicia vence al pecado y a la condenación por medio de la gracia y misericordia de Dios. En Cristo, se nos revela la justicia divina. Es Cristo quien recibe el castigo por nuestros pecados y por medio de Él podemos ser libres de la condenación del pecado. Quienes confían en Cristo como Señor y Salvador, son libres de la condenación y pueden disfrutar de las infinitas misericordias de Dios. Cristo es el motivo de nuestras gozosas alabanzas que magnifican la justicia y la gracia de Dios.

¡A Dios la Gloria!

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ENSEÑAR A LOS TRANSGRESORES

ENSEÑAR A LOS TRANSGRESORES

“Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; y los pecadores se convertirán a ti.” Salmo 51:13

Aquí tenemos unas de las claves de la predicación del evangelio, la proclamación de la verdad divina está en manos de pecadores. El poder del mensaje radica en la obra de Cristo en la vida del pecador. En las filas del cristianismo tenemos hombres y mujeres que en su vida pasada eran fornicarios, idólatras, adúlteros, sodomitas, pervertidos sexuales, ladrones, avaros, borrachos, calumniadores, estafadores quienes estábamos perdidos, sin embargo, ahora somos lavados, santificados y justificados en el Nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:11). La regeneración, la evidencia que tenemos una vida nueva, radica en el cambio total de nuestra antigua manera de vivir. El Espíritu Santo nos ha dado una nueva vida en Cristo y ahora podemos proclamar que Jesucristo cambia las vidas; nosotros somos una muestra viviente de este gran poder de Dios.

“Enseñaré a los prevaricadores tus caminos”, mientras David estuvo inmerso en su pecado no confesado, no podía enseñar a otros acerca de la realidad del perdón de Dios, él no podía hacer un llamado al pecador a dejar su pecado y arrepentirse, porque él mismo estaba en esa condición. David estaba viviendo en su pecado sin confesarlo a Dios.

David primero, tuvo que arreglar su situación con Dios para enseñar a otros el camino del SEÑOR.
Cuando un verdadero creyente peca, ruega a Dios por perdón y se arrepiente de su maldad, por la Palabra de Dios, sabemos que es perdonado, Dios perdona a quien se acerca a Él con un corazón contrito y humillado. El verdadero creyente, deja su pecado y su vida es restaurada. ¿Puede alguien que ha pecado tan profundamente enseñar a otros transgresores?, claro que puede. Podemos ser de gran ayuda para quienes han caído en pecado, podemos aconsejar con la Palabra de Dios y, además, con la experiencia; para hacer entender a otros la maravillosa obra del SEÑOR y como Él nos ha recibido nuevamente para servir en Su obra. Así como Dios obró en nosotros, puede obrar en la vida de quienes se arrepienten verdaderamente.

“Y los pecadores se convertirán a ti”; en los versos anteriores de este Salmo, podemos notar la aflicción del salmista por su pecado, ruega constantemente a Dios por perdón y restauración, él usa palabras como: purifícame, lávame, hazme oír gozo, crea en mí un corazón limpio, vuélveme el gozo; todas estas expresiones representan el deseo de un corazón que anhela la restauración. Una vez que ha sido perdonado y restaurado, ahora él quiere ser un instrumento para traer a otros al camino del SEÑOR.

Sabemos que no somos nosotros quienes convertimos a los pecadores de su mal camino, pero sí entendemos que tenemos una gran responsabilidad, debemos enseñar y predicar el Evangelio de Cristo, para que los pecadores se conviertan a Él.

¡A Dios la Gloria!

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MUCHAS FORMAS DE RECHAZAR A CRISTO, PERO SOLO UNA DE VENIR A ÉL

MUCHAS FORMAS DE RECHAZAR A CRISTO, PERO SOLO UNA DE VENIR A ÉL

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Juan 6:40

Lo registrado en Juan 6, se realiza en la sinagoga de Capernaum ante una gran multitud, este el primer discurso donde encontramos que Jesús se muestra como el pan de vida y es la primera de las siete declaraciones enfáticas “YO SOY”. Ante tanta gente reunida podemos ver muchas reacciones ante la declaración del Señor. Pero Las reacciones van mucho más allá de simplemente estar de acuerdo o en desacuerdo. Nos muestra que hay varias formas de rechazar al Señor Jesucristo, pero sólo una de venir a Él.

En nuestra vida debemos tomar muchas decisiones, algunas más importantes que otras. Pero sin duda, y luego de analizar y mirar atrás, podemos concluir que, muchas de ellas han sido acertadas y otras no tanto. Pero entre tantas decisiones, existe una que es la decisión final de la vida y de la cual depende nuestra eternidad, esta es aceptar o rechazar a Jesús.

Muchas personas pueden pensar “yo no necesito un salvador”. Esta es la gente que se considera “buena”. Son aquellos que no se dan cuenta que son pecadores por naturaleza y que no pueden venir a Dios bajo sus propios términos. Quien decida abogar ante Dios poniéndose ellos mismos como ejemplo de bondad y virtud, no hacen nada más que perder su tiempo.

Algunas personas entregarán como excusa para NO decidir por Cristo, el miedo que tienen al rechazo de sus familiares, amigos, compañeros de trabajo o estudio. El miedo al rechazo social o a la persecución desanima y posterga en algunas personas el declarar a Cristo como Señor de sus vidas. Esto lo vemos reflejado en los fariseos, cuyo amor a la posición y a la estima de los hombres les cegaba. “Ellos amaban más la gloria de los hombres que la Gloria de Dios” (Juan 12:42,43)

Para otros, las cosas que les ofrece el mundo son más atractivas e importantes que las cosas eternas.

El hombre rico descrito en Mateo 19: 16 al 23 no estuvo dispuesto a perder sus posesiones terrenales por ganar la vida eterna con Cristo. También existe un grupo de personas que su rechazo es solo orgullo y tozudez, estos son los que menciona Esteban en Hechos 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo…”

¿En qué grupo te ubicas tu? cualesquiera que sean las razones por las que la gente rechace a Jesucristo, su rechazo tiene consecuencias eternas desastrosas.

Cristo puede saciar nuestra hambre y nuestra sed, y sobre todo, salvar nuestra alma. Nadie, entonces, debería quedarse tranquilo si no ha comido este pan, ya que es la única forma de tener vida eterna y verdadera.

¡Porque Él Vive!

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NO ME ALEJES DE TU PRESENCIA

NO ME ALEJES DE TU PRESENCIA

No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu Salmo 51:11

David continúa suplicando, insistiendo en la restauración de su corazón. Probablemente, producto de todo su pecado, él sentía que Dios se había apartado y que no quería tenerlo en frente.

Sentir que Dios lo había abandonado lo hacía experimentar la muerte en vida “Mientras callé, envejeciéronse mis huesos En mi gemir todo el día.

Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.)” Salmo 32:3-4. Pero Dios no se aleja de sus hijos, Sus hijos se alejan de Él producto del orgullo, la soberbia y el deseo tomar decisiones apartadas de Su plan perfecto que diseñó personalmente para cada uno.

Cuando nos apartamos de Dios y Su Palabra, no tenemos un destino diferente a tropezar y caer en la más profunda miseria del dolor y la aflicción. Jesús lo dijo “Sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Un cristiano que se aparta es alguien que retrocede en vez de avanzar, es una persona que, conociendo la verdad, se aleja de ella y vuelve a sus viejas costumbres. Con esto no deseamos poner en duda la salvación, pues una persona salva está segura en Cristo (Juan 10:28, 29). Pero sin duda que, una persona que se aparta y no vuelve arrepentido a los pies de Cristo probablemente nunca fue salvo, pues el verdadero hijo de Dios podrá “enfriarse”, pero su mayor distinción es que permanece. “Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” 1 Juan 2:5 y 6.

El teólogo británico Thomas Horne dijo respecto de la súplica de David “El alma que en verdad es penitente, no teme nada sino el pensamiento de ser rechazado de la ‘presencia,’ y desertado por el ‘Espíritu’ de Dios.

Este es el efecto del pecado más deplorable e irremediable; pero es uno que en general, quizás, es el menos considerado y estimado de los demás.” Para el salmista, todo el punto de purificación y restauración era para renovar su relación con Dios.

David quería volver a tener una comunión estrecha, intima con Dios. Él deseaba volver a sentir la presencia de Dios en su vida, por eso rogaba humildemente “Entonces me invocaréis, é iréis y oraréis á mí, y yo os oiré: Y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” Jeremías 29:12 y 13

Estar en la presencia de Dios debe ser nuestro mayor gozo y anhelo. Presentarnos puros y limpios en la mesa de nuestro Padre debe ser nuestra búsqueda permanente y constante. Estar en la presencia de Dios nos asegura un gozo eterno, estar en comunión con el Señor en sometimiento y obediencia a Su Palabra nos asegura un dulce caminar que nos sostendrá en las pruebas y aflicciones de la vida.

Solo quienes permanecen en Cristo disfrutarán de sus deleites para siempre. “Me mostrarás la senda de la vida: Hartura de alegrías hay con tu rostro; Deleites en tu diestra para siempre. Salmo 16:11

¡Porque Él vive!

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