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UN CORAZÓN LIMPIO Y UN ESPIRITU RECTO

UN CORAZÓN LIMPIO Y UN ESPIRITU RECTO

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10

¡Qué petición más noble, sencilla y humilde! En palabras simples David estaba pidiendo un trasplante de corazón. Probablemente él sintió que no era suficiente que Dios limpiara su corazón. Su ruego fue más allá, “CREA en mí un corazón limpio” que indicaba su deseo de tener un nuevo corazón conforme a la imagen y semejanza de Dios, pues el que tenía, solo buscaba continuamente el pecado. Él comprendió que nada bueno tenía dentro de sí mismo.

El teólogo cristiano James Boice dijo de esta primera frase “La palabra con la cual comienza esta sección es la palabra hebrea de “bara”, la cual es utilizada en Génesis 1 para la creación de los cielos y la tierra por Dios. Estrictamente utilizada, esta palabra describe lo que únicamente Dios puede hacer; crear (ex nihilo), de la nada.” Sin duda, con esta petición el salmista anticipaba las palabras del profeta Ezequiel prometidas para aquellos que se acercan en arrepentimiento y humildad a las plantas del Creador “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne” Ezequiel 36:26.

En el Nuevo Testamento encontramos que Jesús habla de un nuevo nacimiento a Nicodemo, quien necesitaba un nuevo corazón, una completa transformación espiritual para ver el reino de Dios (Juan 3:1 al 21). Este nuevo nacimiento, es un acto que solo Dios puede entregarnos, pues Él es el único capaz de darnos nueva vida, luego de estar muertos en nuestros delitos y pecados. Los pecadores están espiritualmente “muertos”; cuando reciben vida espiritual a través de la fe en Cristo, la Biblia lo compara con un nuevo nacimiento. Sólo aquellos que han nacido de nuevo tienen sus pecados perdonados y tienen una relación con Dios.

Mantener una estrecha relación con Dios, nos asegura caminar por la senda de la piedad y poder resistir y estar firmes frente a las asechanzas del maligno. Debemos rogar a Dios que renueve en nosotros un espíritu recto, pues esto nos hará estar firmes, permanecer y mostrar frutos dignos de arrepentimiento (Mateo 3:8). Un espíritu recto es necesario para mantener limpio nuestro corazón, para que seamos liberados de los deseos carnales y rebeldes de nuestro orgullo y soberbia. Para que podamos dejar de lado las influencias del pecado y podamos ser conformados a la imagen de Cristo.

Si te has dado cuenta que, necesitas un nuevo corazón o que necesitas nacer de nuevo para dejar atrás tu antigua manera de vivir, puedes acercarte confiadamente a Dios, el creador de la vida, quien jamás despreciará a aquel que se allega arrepentido, con un corazón contrito y humillado a Sus plantas.

¡Porque Él Vive!

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EL GOZO Y ALEGRÍA DEL PERDÓN

EL GOZO Y ALEGRÍA DEL PERDÓN

Hazme oír gozo y alegría y se recrearán los huesos que has abatido. Salmo 51:8

La Biblia nos manda constantemente a vivir con gozo: “Gozaos en el SEÑOR siempre: otra vez digo: Que os gocéis” (Filipenses 4:4). El gozo es un elemento del fruto del Espíritu y tiene que ver con la bendición especial de la obra del Señor en nuestras vidas. La Biblia nos ordena a tener “gozo”, es decir, el gozo no es alguna acción involuntaria del sentimiento. El gozo es un acto de la voluntad, que no tiene nada que ver con el sentimiento pasajero de la felicidad, la cual está influenciada por las circunstancias de la vida. El gozo es una actitud del corazón que está en Cristo. Si Cristo está en mí y yo en Él, entonces nuestra experiencia debe ser siempre de gozo.

Tener a Cristo en nuestras vidas no es una experiencia de “a veces”; el cristiano está siempre en el Señor y el Señor siempre en el cristiano, y esa es la razón por la que debemos tener el gozo del Señor en nuestras vidas. El pecado en nuestras vidas puede producir una sensación de alejamiento y falta de comunión con el Señor, que nos produce la angustia de una relación rota y sentirnos que nos hemos apartado de Él. El pecado tiende a nublar nuestra visión y tendemos a escondernos del Señor y así perdemos el gozo de estar disfrutando de la comunión con Él.

“Hazme oír gozo y alegría”; David pide que el SEÑOR le devuelva el gozo y la alegría, el cual había perdido por su gran pecado. La gran miseria de su pecado sólo le trajo angustia y dolor. Esta consecuencia típica del pecado debe hacernos reflexionar antes de pecar. Dolor, castigo y vergüenza es lo que el pecado traerá. Sufrimos la pérdida de comunión con Nuestro Padre y la culpa ronda en nuestras consciencias a tal punto que se nos va la alegría y el gozo. La terrible consecuencia del pecado nos abate y nos afecta emocionalmente, a tal punto de somatizar, esto es, percibir molestias físicas y diversos achaques corporales, por los efectos negativos del pecado. David lo expresa de esta manera en el Salmo 32:3 “Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día”. Los efectos del pecado no confesado en el creyente, produce abatimiento emocional y físico.

Cuando vemos la negrura de nuestro pecado y rogamos a Dios por perdón, estamos pidiendo que el SEÑOR restaure nuestra relación con Él. Cuando recibimos el perdón de Dios, somos bienaventurados y llenos de gozo, porque nuestras iniquidades son perdonadas. Sin duda, es una gran bendición recibir el perdón del SEÑOR y que nuestros pecados sean borrados. “Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados. Bienaventurado el hombre a quien no imputa Jehová la iniquidad y en cuyo espíritu no hay superchería” (Salmo 32:1-2). Somos benditos de Dios, cuando Él nos perdona y restaura nuestra comunión con Él. Esto es como volver a crear los huesos rotos y quebrados por un grave accidente.

¡A Dios la Gloria!

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SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

“Servid a Jehová con alegría: Venid ante su acatamiento con regocijo.” Salmo 100:2

Para aquellos que somos padres, nos es muy grato y agradable, cuando pedimos algo a nuestros hijos y ellos nos obedecen con alegría. Es realmente, un disfrute verlos obedeciendo con alegría. Pero, también nos ha tocado la ocasión, en que hemos visto que obedecen regañando, hacen lo que uno les pide; pero lo hacen a regañadientes. Este Salmo nos manda a servir al SEÑOR con alegría. En donde Él nos ponga a servir, debemos hacerlo con gozo y alegría.

“Servid a Jehová con alegría”, la Biblia nos enseña en todas partes que somos siervos del SEÑOR, y este servicio se relaciona con la actividad que realizaba un esclavo a su amo. En el Nuevo Testamento, la palabra usada para “siervo” es un esclavo que sirve a Jesucristo, sometiendo su voluntad, sus deseos y todo su ser al Señor, quien es nuestro “Amo”. En Romanos 6:18 se nos declara: “Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia”. Ahora somos “esclavos” de Cristo, para hacer aquello que es justo y correcto; somos “esclavos” del Señor Jesucristo para servirle con gozo. Nuestro amado Cristo, es el ejemplo máximo de servicio. La Biblia nos enseña, cómo fue Su servicio al Padre: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: Sin embargo, se anonadó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a Sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¡Cristo es el mejor ejemplo de un servicio a Dios con alegría!

“Venid ante su acatamiento con regocijo”, además, se nos manda venir ante la presencia del SEÑOR con gozo. Cada vez que nos reunimos para adorar a Dios, lo debemos hacer con gozo. Nuestros cultos de adoración deben ser con regocijo, por las muchas misericordias de Dios derramadas abundantemente en nuestras vidas. Es por esto que cantamos juntos al SEÑOR, es por esto que alabamos Su Nombre en adoración. Cada vez que reunimos a servir y venimos a Su presencia debe estar presente el gozo en nuestros corazones.

Tenemos muchos motivos para adorar a Dios con alegría. Tenemos muchos motivos para servirle con gozo; no importando en qué área nos toque servir, debemos hacerlo con gozo. No sólo predicando ser sirve al SEÑOR, también cuando ayudamos a otros, cuando nos esforzamos en nuestros trabajos seculares, cuando nos esforzamos en nuestros estudios, etc., el mejor testimonio para el evangelio, sin palabras, es mostrar que servimos al SEÑOR con alegría. Cuando el mundo ve que disfrutamos obedeciendo La Biblia con alegría, es un poderoso testimonio que glorifica a Cristo y que nos identifica como verdaderos adoradores y siervos del SEÑOR.

¡A Dios la Gloria!

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SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

SERVID A JEHOVÁ CON ALEGRÍA

“Servid a Jehová con alegría: Venid ante su acatamiento con regocijo.” Salmo 100:2

Para aquellos que somos padres, nos es muy grato y agradable, cuando pedimos algo a nuestros hijos y ellos nos obedecen con alegría. Es realmente, un disfrute verlos obedeciendo con alegría. Pero, también nos ha tocado la ocasión, en que hemos visto que obedecen regañando, hacen lo que uno les pide; pero lo hacen a regañadientes. Este Salmo nos manda a servir al SEÑOR con alegría. En donde Él nos ponga a servir, debemos hacerlo con gozo y alegría.

“Servid a Jehová con alegría”, la Biblia nos enseña en todas partes que somos siervos del SEÑOR, y este servicio se relaciona con la actividad que realizaba un esclavo a su amo. En el Nuevo Testamento, la palabra usada para “siervo” es un esclavo que sirve a Jesucristo, sometiendo su voluntad, sus deseos y todo su ser al Señor, quien es nuestro “Amo”. En Romanos 6:18 se nos declara: “Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia”. Ahora somos “esclavos” de Cristo, para hacer aquello que es justo y correcto; somos “esclavos” del Señor Jesucristo para servirle con gozo. Nuestro amado Cristo, es el ejemplo máximo de servicio. La Biblia nos enseña, cómo fue Su servicio al Padre: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios: Sin embargo, se anonadó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y hallado en la condición como hombre, se humilló a Sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¡Cristo es el mejor ejemplo de un servicio a Dios con alegría!

“Venid ante su acatamiento con regocijo”, además, se nos manda venir ante la presencia del SEÑOR con gozo. Cada vez que nos reunimos para adorar a Dios, lo debemos hacer con gozo. Nuestros cultos de adoración deben ser con regocijo, por las muchas misericordias de Dios derramadas abundantemente en nuestras vidas. Es por esto que cantamos juntos al SEÑOR, es por esto que alabamos Su Nombre en adoración. Cada vez que reunimos a servir y venimos a Su presencia debe estar presente el gozo en nuestros corazones.

Tenemos muchos motivos para adorar a Dios con alegría. Tenemos muchos motivos para servirle con gozo; no importando en qué área nos toque servir, debemos hacerlo con gozo. No sólo predicando ser sirve al SEÑOR, también cuando ayudamos a otros, cuando nos esforzamos en nuestros trabajos seculares, cuando nos esforzamos en nuestros estudios, etc., el mejor testimonio para el evangelio, sin palabras, es mostrar que servimos al SEÑOR con alegría. Cuando el mundo ve que disfrutamos obedeciendo La Biblia con alegría, es un poderoso testimonio que glorifica a Cristo y que nos identifica como verdaderos adoradores y siervos del SEÑOR.

¡A Dios la Gloria!

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SEREMOS ABORRECIDOS POR LA CAUSA DE CRISTO

SEREMOS ABORRECIDOS POR LA CAUSA DE CRISTO

Mira mis enemigos, que se han multiplicado, Y con odio violento me aborrecen. Salmo 25:19

No es casualidad que David experimente el aumento de sus enemigos y la violencia contra él, cuando se allega a Dios humildemente, arrepentido pidiendo perdón de sus pecados. De hecho, al leer este verso, se vienen inmediatamente a mi mente las palabras que dijo Jesús a Sus discípulos “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” Lucas 21:17. Es muy contradictorio pensar que hombres y mujeres que predicamos a Cristo, que es todo amor y bondad podamos ser aborrecidos por esta sociedad, pero es una realidad ineludible y nos fue dicha directamente por Jesús. Quizás para algunos de nosotros, el peor padecimiento es una burla o discriminación, sin embargo, para otros hermanos, se cumple con precisión el odio violento y aborrecimiento descrito por David, pues sus vidas y las de sus familias están constantemente en riesgo por predicar el evangelio.

Algunos piensan que cuando se acerquen a Cristo los problemas desaparecerán o como algunos ministerios ofrecen se acabarán los sufrimientos. Lamentablemente tenemos una mala noticia, la biblia nos enseña precisamente lo contrario y David lo indica en el salmo 34 “Muchos son los males del justo…”, por tanto, si usted espera allegarse a Cristo pensando que acabarán muchas de sus enfermedades, problemas familiares, laborales o económicos, lamentablemente no podemos garantizarle esto y Jesús se ocupó de dejar muy claro esto a Sus discípulos, Él quería dejarlos preparados para esos momentos duros que vendrían, por eso en Juan 15:18, 19 dice “Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo”. En estos versículos cuando se utiliza la palabra MUNDO, se refiere al griego Kosmos, que tiene su origen en un sistema mundial maligno y caído, compuesto de gente inmoral con mentes corrompidas gobernadas por Satanás, quien odia a Dios, por tanto, odia a los que siguen a Cristo.

Amados, no debemos extrañarnos que todos los presidentes, gobernantes y quienes están encargados de hacer las leyes de nuestros países, nos odien por defender nuestra fe, el objetivo de Satanás es devorarnos, y él gobierna este mundo cauterizando las mentes de todos aquellos que no se han entregado a Cristo, por eso seremos perseguidos, odiados y aborrecidos poco a poco, unos antes y otros después. Los que buscamos vivir de manera piadosa, seremos condenados por querer vivir rectamente y aquellos que practiquen la maldad serán aceptados y exitosos. “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20.

Nosotros NO somos ciudadanos de este mundo y vivir para Cristo tiene su costo, y sin duda puede ser difícil, por eso este mensaje debemos pasarlo a nuestras familias. El mundo es un campo de batallas y mientras mas cerca está la venida de nuestro Señor, se acrecentarán más las pruebas para los escogidos, pero, aunque seamos aborrecidos o aun con riesgo de perder la vida Su promesa final es esta “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28: 20). Y eso es lo único que importa”

¡Porque Él vive!

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PERDONA MIS PECADOS

PERDONA MIS PECADOS

Mira mi aflicción y mi trabajo: Y perdona todos mis pecados. Salmo 25:18

Nos encontramos con un David humillado y afligido. Su ruego y petición es que Dios pueda mirar sus padecimientos, pero consideremos que el salmista en ningún momento se queja o reclama contra Dios por sus angustias o congojas o por el exceso de trabajo que tenía. Solo una mirada de Dios le dejaría contento.

David tenía un “corazón conforme al corazón de Dios”, por tanto, él comprendía que la verdadera causa de sus sufrimientos y aflicciones eran sus pecados, por eso su petición se extiende al perdón de ellos. Él logra comprender que la raíz de sus penas y tribulaciones comienzan cuando él se aleja del consejo de Dios y Su palabra. Es notable que su alma esté mas acongojada por el peso de su pecado que por el dolor o el sufrimiento que padece, él prefiere el perdón de sus pecados que ser curado de sus enfermedades. Spurgeon dijo “Bienaventurado el hombre para quien el pecado es más insoportable que la enfermedad; no tardará mucho antes que el Señor le haya perdonado la iniquidad y curado la enfermedad. Los hombres son lentos en darse cuenta de la íntima conexión entre el pecado y la aflicción; solamente un corazón enseñado por la gracia se da cuenta de ello”.

Sin duda que es muy difícil, cuando estamos padeciendo una enfermedad o dolencia, no centrarnos en nuestro propio sufrimiento. En medio de una enfermedad, es difícil centrarse en lo que Dios está haciendo en nosotros y lo que nos tiene preparado para luego de la prueba que estamos experimentando. Es más, hemos leído tantas veces Romanos 8:28 “que a los que Dios aman todas las cosas les ayudan a bien” pero nuestra falta de fe y confianza nos hace dudar y caer en la queja y el desánimo. Es importante precisar que esto no significa que la enfermedad o la aflicción sea siempre de Dios o que Dios siempre nos ocasione enfermedades o problemas para enseñarnos lecciones espirituales. En un mundo manchado por el pecado, la enfermedad, las aflicciones y los problemas siempre estarán con nosotros. Somos seres caídos, con cuerpos físicos propensos a la enfermedad y a las dolencias (gotquestion.org).

En muchos de los salmos podemos comprender las profundas experiencias que tuvo David con las enfermedades, el sufrimiento y el pecado (Salmo 32, 43, 53, 88, 54, 142, etc.) más en cada uno de esos momentos él aprendió a postrarse y humillarse a Dios, aceptar Su voluntad y confiar en Él, pues Él es Dios soberano y tiene el control del resultado final de cada una de las cosas que le ocurren a Sus hijos. Por tanto, tal cual como hizo David, más que reclamar sanidad física o que nuestras aflicciones se acaben, procuremos presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo y santo, agradable a Dios… (Romanos 12:1), todo lo demás depositémoslo humildemente en manos del Soberano Dios, que sin duda conoce lo que es mejor para nosotros. Jeremías 29:11 dice “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

¡Porque Él vive!

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HUMILDES Y MANSOS

HUMILDES Y MANSOS

Encaminará á los humildes por el juicio, Y enseñará á los mansos su carrera. Salmo 25:9

El gran predicador Spurgeon dijo “Espíritus mansos tienen un gran favor con el Padre del manso y humilde Jesús, ya que él ve en ellos la imagen de Su Hijo unigénito”. En este verso David hace un llamado a humildad y a la mansedumbre, pues el pecador que se allega a Dios con soberbia y orgullo jamás encontrará buenas dádivas de parte de Dios, el Salmo 51:17 confirma “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”.

El mejor ejemplo de humildad y mansedumbre lo encontramos en Jesús, el dijo “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón (Mateo 11:29). El mismo nos reveló Su naturaleza, siendo el creador del cielo y de la tierra tomó forma humana para salvarnos de la cruel condenación. Pablo dice con claridad esto a los Filipenses (2:6 al 8, NVI) “quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!”. ¡Que maravilloso ejemplo de humildad y mansedumbre encontramos en Cristo! ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quién eres tú para que el hijo de Dios tuviese que morir en tu lugar? Cristo teniéndolo todo, por el solo afecto de Su amor, no pudo negarse a si mismo, y como cordero fue llevado al matadero y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

¿Puedes comprender ahora lo que significa realmente la humildad y la mansedumbre? Cuando nos allegamos a Cristo en nuestra penosa condición pecaminosa, llenos de problemas y angustias, no tenemos otra alternativa que postrarnos a Sus pies y pedir perdón y misericordia, pues no tenemos nada bueno que ofrecerle, somos como pobres mendigos, que llevamos en nuestras ropas solo trapos llenos de inmundicia y suciedad. Quien crea tener algún mérito para que Dios le otorgue salvación no ha logrado comprender realmente el evangelio.

Dios ha prometido dar gracia a los humildes, mientras que a los soberbios los resiste (Proverbios 3:34; 1 Pedro 5:5). No hay muchas alternativas, si deseamos acercarnos a Dios, debemos confesar y arrepentirnos de toda nuestra maldad, si mantenemos nuestra soberbia y creemos que algo bueno hay en nosotros y nos exaltamos a nosotros mismos, estamos en contra de Dios y tarde o temprano y por nuestro propio bien, nos humillará. Pues solo “Él dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino” Salmo 25:9 NVI.

¡Porque Él Vive!

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BUENO Y RECTO ES JEHOVÁ

BUENO Y RECTO ES JEHOVÁ

Bueno y recto es Jehová: Por tanto él enseñará á los pecadores el camino. Salmo 25:8

El salmista asocia en esta primera frase la bondad de Dios con Su rectitud o Justicia. En este sentido en muchas ocasiones confundimos la bondad con la permisividad; esperamos que una persona que muestra bondad sea mansa, tierna y tolerante a cualquiera de nuestros exabruptos y que ojalá, por sobre todo, se mantenga alejada de posiciones que muestren rigidez.

Cuando decimos que Dios es bueno, nos referimos a que Él siempre actúa de acuerdo a lo que es correcto, verdadero y bueno. Su bondad es parte de Su naturaleza, es Su esencia y Él no puede ir contra ella. El hecho que Dios sea bueno significa que no tiene nada malo en Él, Sus intenciones y motivaciones son siempre buenas, Él siempre hace lo que es correcto y el resultado de Su plan siempre es bueno (Génesis 50:20). No hay nada desagradable, malo u oscuro en Él. El salmo 100:5 dice “Porque Jehová es bueno: para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones”. Por lo anterior, podemos afirmar que Dios no creo el mal, pues el mal, es todo lo contrario a Dios y precisamente por esto aborrece el pecado y Su voluntad es que nos mantengamos puros y alejados de todo pecado para presentarnos ante Su trono de gracia. Santiago 1:13 y 14 dice “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno: Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado”.

Pero Dios no solo es bueno, sino también es RECTO. Su santidad y Justicia son parte de la naturaleza de Dios, Él no puede hacer nada que sea impío o injusto, por tanto, hablar que Dios es recto nos debe llevar a reconocer nuestra completa imposibilidad de agradar a un Dios justo, ningún esfuerzo humano será suficiente, ninguna “buena obra” que ejecutemos podrá calmar la ira de Dios producto de nuestro estado pecaminoso. Nuestra única esperanza es buscar la bondad y la misericordia de Dios para que Él puede transformar nuestra mente y nos conforme a la imagen de Cristo, quien es el único bueno y recto igual que el Padre, capaz de cargar sobre Sus hombros el peso de toda nuestra maldad.

Los hijos de Dios debemos gozarnos y alegrarnos en nuestro buen Dios y debemos ser seguidores de la justicia, buscando parecernos a Cristo, aborreciendo los deseos carnales que diariamente nos perturban. Debemos ser humildes y reconocer que separados de Cristo nada podemos hacer (Juan 15:4), por eso debemos buscar estar en Su presencia, pues solo así nos haremos mas consientes de nuestra penosa condición producto del pecado. Busquemos la justicia de Dios, la que nunca podrá convivir con nuestro orgullo y soberbia, vamos con un corazón humilde donde nuestro buen Dios y digamos como el Salmista “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí” Salmo 51:10.

¡Porque Él vive!

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JESÚS EL SALVADOR, FRENTE A NUESTRAS AFLICCIONES

JESÚS EL SALVADOR, FRENTE A NUESTRAS AFLICCIONES

” Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” Juan 11:4

En este capítulo nos encontramos con un hermoso milagro que nos lleva a contemplar la Deidad de Cristo. Jesús se encontraba en su año de pasión, estaba muy cerca de enfrentar la cruz, de hecho, faltaban muy pocos días. Recordemos que el último tiempo del Maestro estuvo marcado por el rechazo y aborrecimiento de Su pueblo, sin embargo, nada pudo ocultar la gloria de Cristo al mostrar Su poder sobre la muerte y la aflicción de quienes lloraban la muerte de Lázaro. En su ministerio terrenal, Jesús, demostró que nada ni nadie puede resistirse o ser indiferente ante la orden del Creador del cielo y la tierra. Jesús mostró su poder frente a la naturaleza (Mateo 8:23-27), los demonios (Mateo 8:28-34) y en esta ocasión lo hace sobre la muerte.

Lázaro de Bethania, era hermano de María y Marta, todos ellos amigos y discípulos de Jesús a quienes Él amaba (Juan 11:5), por tanto, cuando llegó el mensaje que Lázaro estaba en la agonía, probablemente todos esperaban que Él se fuera con urgencia a la casa de Sus amigos, pero notemos que Jesús no desesperó, Sus palabras de tranquilidad no fueron bien entendidas, pues se quedó dos días más en el mismo lugar antes de sugerir volver a Judea donde estaba Lázaro y donde antes habían intentado apedrearlo (Juan 11: 5 al 8. Jesús sabía que producto del retraso, su amigo ya había muerto, que la desolación y angustia se habían apoderado del corazón de los cercanos y que quienes le acompañaban probablemente consideraran innecesario volver a Judea a exponerse nuevamente al peligro. De hecho, Tomás expresa perfectamente la frustración y la confusión que les embargaba diciendo “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Juan 11:16). El escenario no era el mejor, Lázaro muerto, el desconsuelo de María y Marta, probablemente el enojo y malestar de quienes esperaban que Jesús actuara con urgencia y los otros discípulos probablemente con miedo a morir apedreados.

Cuando nos enfrentamos a momentos de aflicción por una enfermedad, la falta de trabajo, un accidente o quizás vemos sufrir y padecer angustia a alguno de nuestros familiares, es cuando inmediatamente recurrimos buscando auxilio y socorro para calmar nuestra ansiedad y frustración. Sin duda, rogamos y clamamos a Dios pidiendo urgencia ante nuestra desesperación. Debemos ser francos y reconocer que son esos momentos en los que más nos acordamos de Dios y buscamos corregir aquellas cosas que no han estado bien por años en nuestra vida, pensando que de esta manera moveremos a Dios para que actúe respondiendo con mayor urgencia a nuestra aflicción.

Jesús se compadeció ante la aflicción de sus amigos y discípulos, Lázaro volvió a vivir después de estar cuatro días en el sepulcro y Jesús demostró a los suyos que ni la muerte podrían contra Él. La gloria de Cristo había sido demostrada, muchos creyeron en Jesús en ese momento, en cambio otros conspiraban para matarle. Podemos ver que Jesús no solo es la resurrección y la vida, sino también, Él es Señor tanto en la salud como en la enfermedad y podemos comprender que los sufrimientos no son accidentes en la vida cristiana, sino un medio que el Señor usa regularmente para tratar con nuestra alma, mostrándonos Su gloria en medio del dolor para que seamos conformados a Su imagen.

¡Porque Él vive!

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ENSÉÑAME EL CAMINO DE TU VERDAD

ENSÉÑAME EL CAMINO DE TU VERDAD

“Encamíname en tu verdad, y enséñame; porque tú eres el Dios de mi salud: En ti he esperado todo el día.” Salmo 25:5

Un verdadero cristiano, siempre rogará a Dios por aquellas cosas que agradan a Dios y, sabemos por las Palabras de Cristo, que todo aquello que pidiéramos en Su Nombre Él lo dará. Quien pide a Dios que lo lleve por el camino de Su verdad es seguro que Dios lo hará. Este es el ruego de alguien que está dispuesto a dejar su propio camino, para ahora caminar por el camino de la verdad de Dios, quien ora así, está rogando por caminar por el camino de la santificación.

“Encamíname en tu verdad, y enséñame”, esta petición de un corazón dispuesto es muy similar a la oración sacerdotal expresada por Cristo en Juan 17:17 “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad”; aquí tenemos la respuesta a este ruego. ¿Cómo puedes ser encaminado y enseñado en la verdad? Por medio de La Palabra de Dios. La aplicación más importante que encontramos en esto, es que también Cristo nos dice en Juan 14:6 “Yo soy en camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí”. Entonces, podemos decir que ser encaminado y enseñado en la verdad, es profundizar en el conocimiento de Cristo. Con toda seguridad, quien ruega a Dios por esto, está rogando por mayor comunión con Cristo, está rogando por caminar tras las pisadas de Cristo, está rogando por ser un fiel siervo del SEÑOR. Profundizar en el conocimiento del SEÑOR es una tarea de toda la vida, Cristo es una fuente inagotable, mientras vivamos aquí, nunca llegaremos a decir: “he completado mi tarea de conocer a Cristo, por fin lo conozco completamente”; la infinitud de la Gloria del SEÑOR será nuestro mayor deleite aquí y en la eternidad. Mientras vivamos sigamos rogando: “encamíname en tu verdad, y enséñame”. Sólo un corazón tierno, dócil y humilde pedirá a Dios que le enseñe. El responde ampliamente esta oración: con Su Palabra, con los predicadores, con aquellos que nos aconsejan de acuerdo a La Biblia, de tantas formas, que sólo un corazón humilde puede percibir cuando Dios le enseña. Ruego a Dios para que tengamos un corazón sensible a la voz del SEÑOR, cada vez que Él nos habla por estos distintos medios, especialmente cuando leemos Su Palabra.

“Porque Tú eres el Dios de mi salud: En Ti he esperado todo el día”, Dios es mi Salvador, esta maravillosa declaración es una convicción arraigada en el corazón del salmista y también debe ser una convicción en nuestras vidas. “Porque Tú eres el Dios de mi salvación, tendré mi esperanza en Ti todo el tiempo”. Esta es una declaración que nos identifica plenamente, hemos sido rescatados del pecado, Dios nos ha salvado de la muerte eterna; pero también nos ha librado de varias circunstancias peligrosas en esta vida. La salvación del SEÑOR es tan amplia que Su cuidado es en todas las áreas de nuestra vida. Nuestra esperanza en Él está fundada en Roca firme, porque nunca seremos confundidos mientras esperemos en Él.

¡A Dios la Gloria!

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